La ciudad italiana de Matera es desde hace una semana la Capital Europea de la Cultura, una ocasión con la que pretende olvidar su pasado de miseria y hablar de futuro a Europa desde su extremo sur.

La urbe, en la región de Basilicata y con 60.000 habitantes, además comparte la capitalidad con la búlgara Plovdiv.

La ciudad, es testigo de excepción del paso del tiempo, pues su territorio ha sido habitado ininterrumpidamente durante ocho milenios y así lo demuestran sus extraordinarias grutas del Paleolítico, sus iglesias rupestres o sus edificaciones y campanarios del Alto Medievo.

Su sugestivo panorama evoca inevitablemente a las más antiguas urbes del Mediterráneo, como Jerusalén, tanto que sirvió de escenario para afamadas películas como Il Vangelo secondo Matteo (1964), de Pier Paolo Pasolini, o The Passion of the Christ (2004), de Mel Gibson.

Pero Matera no siempre gozó del prestigio con el que cuenta ahora, ya que hasta hace poco era conocida por la vida paupérrima de sus moradores, labriegos analfabetos que ocupaban los recovecos de los Sassi, sucumbiendo muchos a la enfermedad y a una alta mortandad.

Así lo cuenta en Dio si è fermato a Ebolii (1945) el escritor Carlo Levi, desterrado a esta comarca por el fascismo, y el histórico comunista Palmiro Tigliatti lo tachó de “vergüenza nacional” en 1948, poniendo sobre la mesa el eterno problema de la Italia meridional.

Desde entonces, la situación empezó a cambiar con la construcción de nuevos barrios donde reubicar a esas personas, y el punto álgido se dio en 1993, cuando la Unesco incluyó en su lista del Patrimonio de la Humanidad a los Sassi y sus iglesias rupestres.

“Sabíamos que éramos hijos de la historia y no de la vergüenza y de esta convicción surgió el renacimiento. Entonces la ciudad era pobre pero no siempre lo fue. La miseria hizo olvidar el valor de la historia”, dice el alcalde, Raffaello De Ruggieri, de 83 años.

Ahora Matera vive un momento de esplendor. Basta mirar los datos de su turismo: en 2010 la visitaron 200.000 personas, en 2017, 450.000; en 2018, 515.000 y en 2019 se esperan 700.000 turistas.

Y con este ímpetu quiere hablar a Europa desde el remoto sur sobre el valor de la acogida: “Matera puede representar el alma de la Europa meridional, un lugar donde las culturas mediterráneas hallaron un alto punto de síntesis”, apunta el regidor.

Actividades. Durante su capitalidad, Matera ofrecerá un amplio programa de actividades y muestras financiado con 48 millones de euros dirigido a analizar el pasado, presente y futuro de la ciudad y Europa, explica el director del evento Paolo Verri.

Se articulará en cuatro grandes exposiciones sobre temas como la arqueología rupestre, las matemáticas de Pitágoras, el fenómeno de la inmigración en el Mediterráneo o una visión meridional de la Unión Europea.

Precisamente, como no podría ser de otra manera, Matera respirará europeísmo y pondrá el acento en el valor de la acogida y en la apertura de confines y de mente: “La fuerza de Europa reside en el intercambio continuo de ideas”, opina Verri.

Pero, sobre todo, paseando por sus calles y admirando su gran acerbo cultural, el visitante podrá imbuirse en una reflexión sobre el tiempo y la existencia, al percatarse de que pisa un territorio habitado desde los mismos albores de la civilización europea.