Trudy Spira

Trudy Spira es una de las víctimas del Holocausto. Estuvo en el campo de Auschwitz, de dónde fue liberada el 27 de enero de 1945, hace ya 76 años.

Auschwitz fue el mayor campo de exterminio del nazismo. Allí fueron asesinados más de un millón de judíos. También polacos, gitanos y soviéticos prisioneros de guerra.

“Los sobrevivientes, la gran mayoría, no contaban lo sucedido. Los que empezaron a hablar tampoco lo hicieron de inmediato. Si uno escucha lo que pasó es difícil creerlo todo. Se bloquearon, no hablaban”, indicó Raquel Margulis Spira, su hija.

“No recuerdo exactamente cuándo empezó mamá a hablar, lo que sí recuerdo es que fue una entrevista con Napoleón Bravo”, detalló.

“Su mensaje era de no fomentar el odio, aceptar las diferencias de las personas, hablaba mucho de esperanza y de su amor a su querida Venezuela. Aclaraba que contaba hechos, pero que no podía transmitir los sentimientos que tenía”, agregó.

Una vez que falleció su madre, el 27 de enero de 2014, Raquel decidió, junto a su hermano, continuar divulgando su testimonio y su forma de mirar la vida.

Trudy tuvo dos hijos: Raquel Spira de Margulis y Ernesto Spira; y cinco nietos: Eduardo, Bernardo y Orly Margulis; y Stephanie y Bryan Spira.

Trudy Spira
“No recuerdo exactamente cuándo empezó mamá a hablar, lo que sí recuerdo es que fue una entrevista con Napoleón Bravo”, detalló Raquel Margulis Spira. Foto: Archivo de Raquel Margulis Spira

La historia de Trudy

“Mi mamá nació el 14 de agosto de 1932. Era una niña común, con una familia como todos nosotros. Su papá tenía un negocio de telas. Su familia era judía ortodoxa, pero moderna. Tenía un hermano 14 meses menor que ella”, detalló Raquel.

Con seis años de edad, en 1938, la ciudad donde nació, Kosice, pasó a formar parte de Hungría. “A partir de ese momento dejaron de vivir en Checoslovaquia”, explicó.

Allí comenzaron los momentos aún más difíciles para los judíos.

El padre de Trudy, se dio cuenta de la situación y pensó en migrar, pero le fue imposible. En muchas ocasiones se lo llevaron a campos de trabajo, incluso por semanas.

En 1941 los soldados nazis se llevaron a los abuelos, que vivían en el mismo edificio. Trudy y su hermano presenciaron lo ocurrido. “Se enteraron después de la guerra que se los habían llevado a los bosques de Ucrania y los habían asesinado junto a todos aquellos de origen polaco que fueron expulsados de la ciudad”, indicó Raquel.

La familia recibió además a unos hijos de hermanos de la mamá de Trudy en los años siguientes. Niños entre 4 y 12 años de edad que huyeron de Eslovaquia y luego vivieron con ellos.

Trudy Spira
Una vez que falleció su madre, el 27 de enero de 2014, Raquel Margulis Spira decidió, junto a su hermano, continuar divulgando su testimonio y su forma de mirar la vida.

La captura

“En 1944 Alemania invade Hungría y comienza la deportación de los judíos húngaros a los campos de concentración”, explicó Raquel.

Durante muchos años la familia de Trudy evadió la captura. Huyeron a Eslovaquia. “Pero una noche los soldados alemanes entraron a la casa donde estaban y los capturaron. Se los llevaron primero a un campamento temporal y de ahí a Auschwitz”, dijo.

“Los montaron en unos trenes, en situaciones terribles. Trudy dijo que en el tren fue la última vez que toda la familia estuvo junta. Ya en el campo separaron a hombres de las mujeres”, detalló.

“Les entregaron unos uniformes grises de rayas azules”, agregó.

Foto de archivo tomada el 15 de enero de 1945, los niños sobrevivientes del campo de concentración de Auschwitz muestran sus tatuajes. Un extracto de la película soviética Auschwitz, de la directora de cine soviética Elizaveta Svilova. Foto: AFP

Auschwitz

A Trudy le tatuaron un número, contó Margulis, que era el que le tocaba a la mamá, que tomó su turno para mostrarle que no dolía y evitar que los nazis descubrieran que era una niña y tomaran represalias. A los tres días las separaron.

“El trabajo que le dieron en el campo fue tejer mechas para las bombas. El primer capataz que tuvo se apiadó de ella y no marcaba que no cumplía las cuotas. No sé de qué forma logró que el papá le llevara la materia prima a Trudy. Así se reencontraron, pero ninguno de los dos podía mostrarse afecto ni hablar. Era peligroso. Dijo que eso le dio fuerza para seguir luchando”, recalcó.

Fue la última vez que Trudy vio al papá, que no se salvó. Salieron con vida de Auschwitz su mamá, el hermano y ella.

En el campo laboraba hasta 13 horas a la intemperie, a temperaturas inclementes. “Una noche, en diciembre de 1944, al regresar a la barraca se dio cuenta que tenía congelados los pies hasta las rodillas. Tenía llagas y negra la piel”, indicó Raquel.

Los médicos nazis decidieron amputarle tres dedos del pie derecho, sin anestesia y sin hacerle una cura posterior.

Liberación, reencuentro y viaje a Venezuela

En enero los alemanes evacuaron a gran cantidad de presos de Auschwitz, el hermano de Trudy entre ellos. Ella no salió porque le era imposible caminar. Esperó junto a otros 7.000 sobrevivientes que fueron liberados por el ejército ruso el 27 de enero de 1945.

Trudy aparece en un video que está en el Museo del Holocausto en Washington. Es atendida por una enfermera, con la cabeza rapada. Se ve muy asustada.

Después de varios meses fue a la casa de la familia. Allí se reencontró con su mamá y el hermano.

La mamá de Trudy se dio cuenta, con el paso de los días, que tenía que sacarla del país para que sanara sus heridas físicas y emocionales. Envió a los hermanos a Inglaterra, primero, y de allí viajaron a Canadá. La mamá, por su parte, salió de Eslovaquia y se asentó en Israel, que recién se fundaba.

“Trudy visitó un tiempo a la mamá en Israel y allí conoció a mi papá, que ya vivía en Venezuela, y estaba de vacaciones”, puntualizó Raquel.

“Ella decía que lo mejor que pudo haberle pasado fue venir a Venezuela. Ellos decían que era el paraíso terrenal”, agregó.

Imagen de Trudy Spira al momento de la liberación. Foto: Captura de imagen video Museo del Holocausto, en Washington

Regreso a Auschwitz

Trudy escribió Regreso a Auschwitz, un libro en el que narró en primera persona su experiencia y posterior regreso en 2005 y 2008.

“Liberado y libre eran palabras cuyo significado conocía muy bien, pero me eran muy difíciles de entender. Tras casi seis años de persecuciones, que en mi caso particular representaban la mitad de mi vida, de repente unos desconocidos venían a decirme que era libre. ¿Qué sentí en aquel momento? No tengo capacidad emocional ni mucho menos intelectual para describirlo. En ese instante solamente sabía que estaba viva, que había logrado sobrevivir al menos hasta ese momento”, relató.

“La pesadilla duró muchos años y durante todo ese tiempo soñábamos con nuestra liberación. Y ahora, cuando finalmente llegaba, yo estaba totalmente confundida. Era casi imposible figurarme que no debía tener más miedo. A mí se me había olvidado cómo era la vida de un ser libre”, agregó.


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