El bimotor Let 410, siglas YV2081, de la empresa Transaven, despegó a las 9:00 am del viernes 4 de enero de 2008 del aeropuerto de Maiquetía con destino a Los Roques. Llevaba 14 pasajeros, 5 venezolanos, un suizo y 8 italianos. A los 38 minutos de vuelo el piloto, Esteban Bessil, reportó a la torre de control del Gran Roque falla en los motores y anunció que intentaría amarizar. Después no hubo más contacto. La aeronave se precipitó al mar.

En ese último contacto el avión volaba a 3.000 pies y a 64 millas del aeropuerto de partida. La desaparición de la aeronave alertó a los operadores de esa dependencia, que notificaron a las autoridades la emergencia con el fin de que iniciaran la localización del aparato, pero fue poco lo que se pudo hacer debido a la falta de equipos adecuados para la búsqueda. Hubo sobrevuelos y rastreo marítimo en el área donde presumían que había ocurrido el siniestro, pero sin resultados. A medida que pasaban los días disminuía la búsqueda.

Sin embargo, a las 7:00 am del 13 de ese mes  pescadores que regresaban de su jornada laboral hallaron el cadáver de Osmel Alfredo Ávila Otamendi, copiloto del YV2081, flotando en el mar, en el sector La Retama de la playa de Adícora, península de Paraguaná del estado Falcón, a 12,77 millas de la costa.

Debido a ese hallazgo y de objetos cerca del cuerpo, Protección Civil instaló un campamento de búsqueda y salvamento en Adícora ante la presunción de que pudiesen encontrar a otros ocupantes del avión. Hubo rastreo por tierra y mar, pero los días transcurrieron sin resultados.

Entretanto, familiares de las víctimas que permanecían en el terminal auxiliar del aeropuerto de Maiquetía, de donde partían las aeronaves para sobrevolar Los Roques, decidieron contratar a investigadores privados para que buscaran el bimotor. Lo primero que estos dijeron fue que en el país no hay equipos para ese trabajo. Para ellos la aeronave  estaba a menos de 1.000 metros de profundidad, como algunos habían calculado.

Los expertos indicaron que los organismos oficiales no tuvieron patrones de búsqueda lógicos y que en el rastreo se enfocaron en buscar siempre en el mismo sitio, sin tomar en cuenta las corrientes marinas.

Lo cierto es que el Let 410 está desde hace 9 años y 10 meses a 975 metros de profanidad en el lecho marino. Una fotografía tomada con un robot durante el rastreo que hizo el buque Sea Scout, procedente de Estados Unidos, determinó que se trataba de la aeronave, cuyas siglas se observan claramente. El bimotor reposa en dirección sur en el sector Boca de Cata.

Esas labores de rastreo se hicieron durante 12 días. Primero fue ubicado el avión de Transaven y luego localizaron la avioneta Islander BN2, YV2615, de la empresa Transaéreo, que estaba a 76 metros de profundidad, al norte de Cayo Carenero. El accidente ocurrió el 4 de enero de 2013, cuando la aeronave cubría la ruta Los Roques-Maiquetía.

El 25 de noviembre de ese año se pudo reflotar el fuselaje de la Islander, labor que había comenzado el 17 del mismo mes, y fueron recuperados 19 restos humanos, 14 de los cuales pertenecían a la tripulación y a uno de los pasajeros. Las experticias las hizo personal de la Unidad de Criminalística Contra la Vulneración de los Derechos Fundamentales de la Fiscalía.

En esa aeronave viajaban el diseñador italiano Vittorio Missoni y otras tres personas de la misma nacionalidad, además de la tripulación. El sexto cadáver no pudo ser rescatado del fuselaje porque se ponía en riesgo a los buzos.

El Led 410 fue ubicado el 19 de junio de ese año y ese día la fiscal general, Luisa Ortega Díaz, se reunió con familiares de las víctimas. En el encuentro también estuvieron el embajador de Italia Paolo Serpi y el consejero y jefe de la misión del  gobierno suizo Rudolf Bloch. Ortega Díaz dijo que se hacían las coordinaciones  para reflotar el avión y rescatar los cuerpos, y pidió a los familiares de los fallecidos paciencia y colaboración. 

Promesa incumplida. Manuel Alcalá, padre de Patricia Alcalá y suegro del economista suizo Alexander Nierman, ambos pasajeros del Let 410, se enteró de lo ocurrido cuando, entre las 10:00 am y las 10:30 am del 4 de enero de 2008 recibió una llamada de amigos de sus hijos que estaban en Los Roques y esperaban la llegada de la pareja, que tenía un año de casada. Vinieron a Venezuela a pasar Navidad y Año Nuevo con la familia y luego regresarían a Suiza.

Alcalá no participó en la operación en la que fueron ubicadas las dos aeronaves, pero tiene información de que 50% del trabajo lo pagó el gobierno italiano y el resto le correspondió a Venezuela. La misión italiana la encabezó el almirante Giovanny Vitalone y el ingeniero Hugo Marino dirigió la búsqueda.

Una vez terminado ese trabajo, la empresa de Marino presentó una propuesta al Ministerio Público para reflotar el YV2081, pero en cuatro años no ha habido respuesta, aseguró Alcalá. Añadió que tiene información de que el gobierno italiano cuenta con los recursos para realizar esa labor.

No obstante, no abriga esperanzas de que se ponga en práctica un operativo en ese sentido debido a la crisis económica del país. “No creo que aprueben recursos para recuperar el avión”, dijo. “Es un dolor tremendo que lleva uno por dentro. Como venezolano siento una profunda decepción por la respuesta de las autoridades. No debo agregar más nada porque todo está a la vista del país, las condiciones que tenemos”.

Alcalá elogió a las autoridades italianas, incluido el embajador, por el interés que han demostrado en rescatar a sus ciudadanos y a las demás personas que murieron en el siniestro. 


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