Los miembros del Movimiento de países No Alineados cerraron este domingo su encuentro en Caracas con un llamado a promover el uso de la Corte Internacional de Justicia para denunciar la ilegalidad de las sanciones económicas y políticas impuestas por otros Estados.

Los asistentes al encuentro, que tenía como objetivo preparar la cumbre del bloque que se desarrollará en octubre próximo en Bakú, Azerbaiyán, firmaron la «Declaración Política de Caracas», un documento de doce puntos que subraya el apego de sus miembros a los principios del derecho internacional.

En el documento se insta a los miembros del Mnoal a hacer un mayor uso de la Corte Internacional de Justicia (CIJ), el máximo órgano judicial de Naciones Unidas, para solicitar su opinión en los casos en que las «medidas coercitivas unilaterales, que se toman en violación del derecho internacional, puedan socavar la paz y la seguridad internacionales».

Los integrantes del Mnoal ratificaron su compromiso en «la lucha contra el terrorismo en todas sus formas y manifestaciones», por lo que reiteraron su obligación de prevenir y reprimir la financiación de actos terroristas así como de abstenerse de brindar cualquier forma de apoyo.

En la segunda y última jornada de la reunión del bloque de países, además de la plenaria se produjo un encuentro para destacar la vigencia de los principios contenidos en la Carta de Naciones Unidas, así como el rechazo a la imposición de sanciones que afecten a la soberanía de los países.

El evento también supuso la ratificación del apoyo de los miembros del Mnoal a Nicolás Maduro, que no es reconocido por más de 50 países que consideran ilegítimas las condiciones en que se realizaron las elecciones presidenciales de mayo de 2018.

En la declaración de esta reunión se incluyó la promoción y apoyo del diálogo entre el gobierno y la oposición venezolana iniciado en Oslo, así como destacar el papel del secretario de Naciones Unidas, la Santa Sede y otros actores, en la solución de la crisis venezolana.

La administración de Maduro y la oposición, que no se reconocen de forma mutua, puso en marcha de manera permanente una mesa de negociaciones en Barbados, con la mediación de Noruega, y después de dos rondas de diálogos en Oslo.

Poco se sabe de las negociaciones y su metodología, pero los mismos implicados dijeron que se trabajan seis temas. Este domingo, Jorge Arreaza, el canciller de Maduro, dijo que contra Venezuela se desarrolla «una guerra no convencional» todos los días.

Mientras que el ministro de Exteriores de Irán, Mohamad Yavad Zarif, sostuvo que las sanciones económicas y políticas son «terrorismo puro y simple», además de una violación al derecho internacional.

El ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez, consideró que las medidas unilaterales coercitivas son arbitrarias e ilegales, y también provocan consecuencias humanitarias graves donde quiera que se aplican.

Para el canciller cubano, cuyo país es uno de los principales aliados de Nicolás Maduro, es necesario defender a toda costa el derecho a la paz de Venezuela, y apuntó que diálogo debe tomar en cuenta los principios de las leyes internacionales.

El ministro palestino de Exteriores, Riad al Maliki, dijo que la imposición de sanciones la administración de Donald Trump tomó una ruta diferente a las leyes internacionales y, en especial, a la Carta de Naciones Unidas.

Para evitar los efectos de las sanciones económicas, el viceministro de Exteriores ruso, Serguéi Riabkov, advirtió que debemos protegernos de los abusos políticos del sistema bancario de Estados Unidos, e instó a sus aliados del Mnoal a disminuir su dependencia del sistema bancario de Estados Unidos.

Además de la agenda pública, en el lugar se llevaron a cabo reuniones bilaterales de Nicolás Maduro y su vicepresidenta, Delcy Rodríguez, con los delegados de varios países aliados como Rusia, Irán y Palestina.

El Movimiento, conformado por más de 100 países, nació en 1961 en el marco de la llamada Guerra Fría entre Estados Unidos y la desaparecida Unión Soviética con la idea de mantener una posición neutral en el conflicto no declarado entre ambas superpotencias.