Venezuela comenzó la compra de armamento militar en el año 2006, y para 2014 había desembolsado 3.850 millones de dólares en equipo de todo tipo de origen ruso. Durante esos años, Venezuela concentró sus adquisiciones en tres grandes áreas: Vehículos blindados y armas cortas para sus fuerzas terrestres, cazabombarderos y helicópteros para la aviación, y diferentes sistemas de defensa antiaérea, entre ellos los S-300VM que habrían entrado en operaciones en los últimos días.

La llegada el domingo de dos aviones de transporte de la Fuerza Aérea Rusa, cargados de personal y equipamiento, han puesto una vez más el foco en estas grandes compras de armas, pero también han generado dudas sobre la capacidad operativa del equipamiento en el marco de la situación social, económica y política que enfrenta Venezuela. reseñó Infobae.

«Aunque los acuerdos logísticos son sumamente estrictos, Venezuela ni siquiera puede pintar los tanques o cambiar el tipo de aceite sin permiso de Rusia», indicó Andrei Serbin Pontel, director de investigaciones de la Coordinadora Regional de Investigaciones Económicas y Sociales (CRIES).

Indicó que el aterrizaje de militares rusos en el principal aeropuerto del país fue una decisión de funcionarios oficialistas. «Los rusos han querido mostrar su despliegue al aterrizar en Maiquetía, de lo contrario lo hubieran hecho en El Sombrero. Han demostrado que consideran posible, aunque no inminente, una intervención norteamericana. Esto pone a Estados Unidos una decisión difícil, porque si se da la intervención, ¿se arriesgará a dañar al personal ruso manejando a los S-300?», señaló Pontel.

Foto: Infobae

Una de las compras más importantes realizadas por Venezuela a Rusia es la de diferentes sistemas antiaéreos que forman una defensa escalonada, desde cañones de corto alcance hasta sofisticados misiles.

La perla de este dispositivo la constituyen los S-300VM, cuya puesta a punto operacional fue detectada por la consultora israelí ISI. Pero también hay sistemas de misiles BUK-M2E y Pechora-2M, además de cañones de 23 mm Zu-23 y lanzadores portátiles Igla-S.

Estas últimas armas de tipo MANPAD, aunque de prestaciones más limitadas, están presentes en grandes números en el país y son fáciles y baratas de operar y mantener.

Según estimaciones de Serbin Pont, habría entre 500 y 800 lanzadores y entre 6.000 a 8.000 misiles, en 43 unidades en todo el país. Su enorme número y descuidado almacenamiento son incluso una amenaza de seguridad, ya que podrían ser fácilmente robadas de sus arsenales por grupos delictivos.

Chávez también tomó la decisión de dar vuelta a su ejército terrestre con nuevas armas  rusas. Aquí también cobraron notoriedad los «Kalashnikov», como les decía el fallecido presidente, es decir los AK-103 que se convirtieron en el principal fusil del infante venezolano.

Aunque se trata de armas robustas y capaces, el cambio de munición desde estándares OTAN a calibres rusos ha significado un problema logístico en el país que afecta a su capacidad de movilización, especialmente porque las armas de origen estadounidense y europeo siguen presentes en los arsenales venezolanos.

A diferencia de los transportes de tropas BMP-3M y BTR-80A, comprados a Rusia en el mismo paquete, los T-72B1 no eran nuevos. Habían salido de las fábricas en la década de 1980 y rodado intensamente con el ejército soviético y ruso, y registraron desde la llegada a Venezuela problemas con sus motores y el consumo de aceite.

Tampoco han recibido las modernizaciones más pertinentes y carecen de visores termales, una seria limitación en el campo de batalla moderno.

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