Gasolina
Lidk Rodelo Ruidíaz

Abastecer de gasolina el vehículo se ha convertido en toda una odisea, no solo por la cuarentena y las limitaciones que existen sino porque los militares hacen de las suyas como si se tratara de su hacienda particular.

“No importa que sea médico, señora, tiene que hacer su cola igualito que los demás”, le dijo el teniente de la Guardia Nacional Bolivariana a la mujer.

“Mi amor, yo tengo que atender en el hospital a pacientes que tienen ese virus por el que tú estás aquí afuera”, le contestó.

“Nada, señora, váyase a la cola. No va a pasar”, subrayó el militar.

“Está bien. Tú mandas. La diferencia entre los dos es que yo tengo ética y si tú te enfermas y llegas al hospital igualito te voy a atender rápido para que no te compliques”, le dijo la médico.

“Yo no me voy a enfermar”, le espetó altanero el funcionario.

Eran las 9:00 am. La conversación tuvo lugar este lunes en la estación de servicio El Cercado, a escasos metros de la entrada a Guarenas, en la autopista Gran Mariscal de Ayacucho. La cola para abastecerse de combustible, que llegaba hasta Mampote, era de más de 100 vehículos a esa hora.

La médico, con estoica paciencia, se retiró. Finalmente, llenó el tanque de su vehículo a las 4:00 pm, siete horas después.

Militares caprichosos

Otros no tuvieron tanta suerte. Muchos se quedaron en la cola a esperar hasta el día siguiente porque a las 6:00 pm los funcionarios decidieron cerrar la estación de servicio.

Un capitán, un teniente, varios militares de bajo rango y algunos milicianos controlan el abastecimiento de gasolina en la estación de servicio. Caprichosamente deciden cuántos litros le surten a cada vehículo. Los bomberos son instrumentos de sus desmanes.

La limitación, entre otros aspectos, es porque no hay garantía en la frecuencia de las gandolas que surten.

“A este échale 10 litros, a este otro le puedes poner 20 litros”, se oye decir.

“Detuvieron a un bombero porque favoreció a un mototaxista”,  relató un usuario, testigo del hecho. “No se les puede decir nada; no atienden a razones”, continuó.

Una de las colas está reservada para altos funcionarios militares. Allí se observa que los favorecidos no siempre son aquellos que tienen urgencia por movilizarse en la emergencia. “Allí hay amigos y gente que paga. Ya hubo problemas porque reclamamos”, explicó otro testigo.

No hay salvoconducto para echar gasolina

“El salvoconducto te sirve para andar por las calles, pero no para echar gasolina”, le señaló uno de los militares a alguien que justificaba su necesidad de abastecerse rápidamente de combustible.

El hombre, de mediana edad, le mostró al funcionario un récipe en el que se indicaba la necesidad de trasladar a un familiar enfermo a una consulta médica. “Haga su cola como todos los demás. Son órdenes y las órdenes hay que cumplirlas”, subrayó.

 


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