la abuela del casco rojo
Leida Brito agregó un contador a su casco desde que la PNB reprimió con gases lacrimógenos una protesta de pensionados en Chacaíto, el 12 de mayo de 2017. Foto: Kenny Linares / El Nacional

En una Venezuela silente hay quienes todavía alzan su voz: Leida Brito, una luchadora social conocida en las protestas como la abuela del casco rojo, es una de ellas.

Morir, pero luchando en la calle, no por hambre ni de mengua. Lo dijo así y lo repitió varias veces, sin miedo. Su batalla, que comenzó con firmeza en 2017, la mantiene. Y no le importa si algún día, y como puede ocurrir, su vida se acaba en un acto de represión del régimen de Nicolás Maduro.

«Siempre lo he pensado y he dicho que si voy a morir que sea porque luché por el país, no de hambre ni en una cama enferma, por falta de medicinas o de comida. Si voy a morir lo haré con dignidad, luchando por mi país, porque esto tiene que cambiar, este sistema tan controlador, hasta con mis alimentos, debe cambiar», afirmó.

Su casco rojo marcaba 1.405 el martes 23 de febrero, cuando conversó con El Nacional. Esa es la cantidad de días que, hasta ese entonces, había pasado desde que funcionarios de la Policía Nacional Bolivariana respondieron con violencia, el 12 de mayo de 2017, una protesta de adultos mayores que exigían pensiones dignas, en Chacaíto.

Ella estuvo allí.

«Cuando reprimieron a los viejitos rompí el piquete. Les decía ‘¿por qué, si ellos no se pueden defender? Ellos pueden ser tus abuelos, tu padre, tu madre’. Y cuando estoy concientizándolos, porque podían matar a los viejitos, me echan el gas a mí también. Y metí la mano, se la puse en el escudo para decirles que no tenemos miedo», recordó.

la abuela del casco rojo
Desde la marcha de los abuelos, Leida Brito comenzó a llevar en su casco un contador que marcaría su protesta continua, cada día, hasta la salida de Maduro del poder. Foto: Archivo

Brito, de 63 años de edad, la abuela del casco rojo, sufre las consecuencias del chavismo. En una zona de Caracas, una ciudad que se convirtió en su refugio dentro de un extenso campo de batalla, vive con su madre Luisa Maneiro, quien pasa los días, cuadripléjica, en una cama: el 27 de noviembre de 2017 sufrió una fuerte impresión que le causó un infarto lacunar y graves daños a su salud.

La abuela del casco rojo contó a El Nacional lo que ocurrió, pero no autorizó su publicación, a menos que algún día caiga en combate, como lo expresó, o que Maduro, finalmente, salga del poder. «No lo puedo revelar todavía. Hasta que no haya un cambio (de régimen) no puedo revelar lo que pasó porque corro riesgos», dijo.

Llegó a Caracas junto con su hijo en 2016. Huían de la represión que los organismos de seguridad leales al chavismo desataron en Barquisimeto, estado Lara, luego de las protestas de 2014. Un descontento que dejó más de 40 personas asesinadas.

La abuela del casco rojo, siempre en primera fila

Pero el 12 de febrero de 2017, Día de la Juventud, ambos regresaron a las calles, esta vez en Caracas. Ese día la represión fue bestial: la Guardia Nacional Bolivariana bloqueó los accesos para impedir la movilización y los muchachos, dijo Brito, respondieron con resistencia.

«Yo no tenía casco y las lluvias de bombas lacrimógenas caían. Iba a caminando y bomba que veía la esquivaba, hasta que uno de los muchachos me dijo: abuela, póngase este casco. Ese muchacho, hoy por hoy, ya no está. Yo siempre iba en primera fila», contó.

Mientras más venezolanos se sumaban, más era la fuerza contra la población que aplicaban los oficiales militares y policiales, pero también los colectivos armados. Las muertes de jóvenes se convirtieron en un motivo para que Brito tuviera el coraje de protestar y de motivar a otros.

Estuvo presente cuando varios cayeron en 2017, y los recuerda siempre: Juan Pablo Pernalete, Neomar Lander y David Vallenilla, representados en su casco por estrellas blancas y otros símbolos. La abuela del casco rojo honra, en total, a 11 jóvenes que fallecieron en protestas, incluidos Armando Cañizales, Robert Redman y a Génesis Carmona.

la abuela del casco rojo
«De todos, me impactó mucho Neomar Lander, siempre lo llevo en mi pecho cuando hay una lucha. Fue un gran guerrero. Le pido que me proteja», dijo Leida Brito, la abuela del casco rojo. Foto: Archivo

Un día resaltó en su casco la palabra libertad y ubicó en todo el frente una estampita de San Miguel Arcángel, a quien se encomienda cada vez que sale de su casa a protestar.

«Siempre, cada vez que salgo de mi casa, me encomiendo a San Miguel Arcángel. Hablo con Neomar Lander, que fue un gran guerrero. Le pido que me proteja. De todos, me impactó mucho Neomar Lander, siempre lo llevo en mi pecho cuando hay una lucha», manifestó.

«Quiero libertad de comer lo que quiera, de salir a comprar lo que yo quiera, no lo que el régimen quiera que coma. Porque no puede ser que ellos coman bistec, pollo, ¿y el pueblo qué? ¿Lentejas? ¿Arroz con arroz, pasta con pasta? Nosotros no estamos acostumbrados a vivir en crisis. No podemos aceptar eso. No somos Cuba», señaló.

La abuela del casco rojo reconoció que no ha habido cambio en el país y afirmó que los ciudadanos que protestan lo hacen porque reclaman calidad de vida, un derecho que el régimen de Maduro les ha privado.

El legado de la calle

Brito, de profesión técnico cardiopulmonar y electromedicina, dijo que la lucha es el legado que quiere dejarle a los jóvenes venezolanos. Espera que, en algún momento, puedan conocer el próspero y de oportunidades que ella conoció.

«Les voy a dejar el legado de que en mi conciencia no quedó el remordimiento de que no luché por el país. Siempre se los he dicho: estamos con ustedes, estamos en la misma lucha, juntos liberaremos a Venezuela», enfatizó.

Con las divisiones, agregó, los venezolanos no llegarán a ningún lado.

Apoya a Juan Guaidó, pero lograr una solución a la crisis no es solo una cuestión de líderes políticos. Afirmó que también es necesaria la participación ciudadana. Foto: Kenny Linares / El Nacional

Pidió a los muchachos, como los llama, reaccionar y retomar las calles para reclamar sus derechos. Así, lamentó la situación que muchos viven en el exterior, víctimas de la xenofobia, un hecho sin precedentes que, resaltó la luchadora social, en ningún otro momento de la historia vivieron sus connacionales.

«Debemos reactivarnos, hacer presión para que nos regresen nuestros derechos, nuestra calidad de vida, los servicios básicos. No es posible que los abuelos no puedan comprar sus medicinas. O compras medicinas o compras un pan canilla, porque para eso alcanza la pensión», indicó.

Dijo que el miedo debe dejarse debajo de la almohada para salir a las calles a luchar por el país y los derechos humanos porque son pocos los que han seguido la lucha. Aunque aseguró que entiende el temor porque el régimen, desde 2014, fue lo que intentó sembrar en los venezolanos.

«Con el miedo tú no vas a comprar comida. Tú no vas a decir ‘con este miedo que tengo aquí dame un kilo de carne o dame las medicinas que necesito’. No, uno tiene que armarse de valor. No te puedes callar la boca ni ser sumiso porque le tienes miedo a la represión», puntualizó.

Cosas que no se perdonan

Cada cuanto Brito miraba hacia el cuarto de su madre. La puerta entreabierta deja medio ver desde la sala parte de la cama clínica, una mesita de noche con algunos pañales y el mosquitero. Parecía imposible no hacerlo mientras lamentaba que Maduro haya impedido el ingreso de la ayuda humanitaria en el acontecido 23 de febrero de 2019.

«¿Por qué no aceptaste la ayuda humanitaria?», preguntó como si tuviera frente a ella el mismísimo jefe del Partido Socialista Unido de Venezuela. «Yo no le puedo perdonar eso a Maduro. Mira lo que está pasando, lo estoy viviendo yo con mi mamá allí, cuatro años en cama; cada día se pone un pañal o dos o tres, necesita medicamentos y alimentación», señaló.

Luisa Maneiro toma fórmulas alimenticitas muy costosas. Su hija pide ayuda para cubrir los gastos, pero no espera recibir dinero. En su hogar, alegó, no ganan en dólares y la luchadora social solo cuenta con la pensión mensual de 1.200.000 bolívares. Un monto irrisorio que no es ni siquiera un dólar, en una Venezuela donde la dolarización de facto ganó terreno.

La mamá de la abuela del casco requiere atención especial. Foto: Kenny Linares / El Nacional

Una situación que solo deja preguntas.

«¿Yo le puedo agradecer esto al régimen? ¿A Maduro le puedo agradecer que nada más con un sueldo me compre un pan canilla? ¿Y qué como yo en todo el mes? Entonces, dime tú si no tengo motivos para luchar, para alzar la voz, para decir ‘¡basta, basta, ya! ¡Quiero la libertad!’. No se lo voy a agradecer ni lo voy a aceptar nunca».

Dentro de todo, se mostró confiada: el tiempo de Dios es perfecto, y la tolerancia también.

Manifestó que, en algún momento, los venezolanos, agotados de tanta crisis y de tanto resistir, llegarán a su límite de paciencia. Está segura de que los jóvenes recobrarán las ganas de luchar por una Venezuela libre y productiva, con profesionales capaces de reconstruirla, y con el aporte de todos los connacionales que regresarán.

«Los venezolanos se van a activar y van a reclamar. Algún día van a explotar. Esto puede ser una convulsión social. Por eso digo: el tiempo de Dios es perfecto. Vamos a ver hasta dónde aguanta un venezolano seguir viviendo lo que estamos viviendo», dijo.

Morir por la verdad, como Cristo

La abuela del casco rojo, sin desconfiar de su convicción, responsabilizó a Maduro por la tragedia humanitaria que vive Venezuela.

«Por la verdad murió Cristo y yo voy a morir por la verdad también. Si a mí otra vez el régimen me llega a amenazar, le voy a decir que el estómago no aguanta. Nunca me voy a callar, así me caigan a palos o me lleven presa. Nunca me voy a callar y lo voy a decir», manifestó.

Lograr una solución a la crisis no es solo una cuestión de líderes políticos, también debe haber participación ciudadana, señaló. En estos momentos, afirmó, apoya a Juan Guaidó porque decenas de países lo reconocen como presidente encargado de Venezuela.

Consideró que la presión internacional ha significado para los venezolanos una luz de esperanza porque, de esa manera, han sentido apoyo. Pero, insistió, la presión además tiene que producirse desde los ciudadanos y en unión porque con divisiones solo se estará oxigenando al régimen chavista.

Estuvo presente cuando varios jóvenes cayeron en 2017, y los recuerda siempre: Juan Pablo Pernalete, Neomar Lander y David Vallenilla, representados en su casco por estrellas blancas y otros símbolos. Honra también a Armando Cañizales, Robert Redman y a Génesis Carmona. Foto: Kenny Linares / El Nacional

«Hay muchas personas que dicen que Guaidó no lo ha hecho bien, pero no es él nada más. Nosotros también tenemos que hacer presión, ¿o es que tú te vas a quedar sentado ahí esperando que él haga todo? El trabajo y la obligación es de cada uno de nosotros, no de él solo. Porque si tú quieres un cambio, tú tienes que salir, tienes que aportar, por lo menos alzar la voz».

Cuando ese momento llegue, Brito espera cambiar el contador de su casco, que comenzará, otra vez, desde el día uno. Pero esa vez será por la reconstrucción de Venezuela y la instalación de un nuevo gobierno que deberá proteger y dar respuestas a los venezolanos.

Pagar con lucha

Luisa Maneiro necesita pañales, alimentos y medicamentos. La abuela del casco rojo pidió, a quienes puedan colaborar, insumos para la atención de su madre. Las personas que tengan la posibilidad de ayudarla, pueden contactarla a través del teléfono celular (0414) 514-70-29 o a través de su cuenta de Twitter (@britley220).

«Aquí estoy para seguir, yo les voy a pagar con lucha porque con eso es que puedo pagarles, con mi lucha; y si llega a pasar algo, ustedes saben el riesgo que corro, no me desamparen a mi madre, que mientras ella tenga vida, que me la ayuden», dijo.

«Sus necesidades son muchas, como pañales, centros de cama, alimentación, gaza y todo eso es dinero y yo con una pensión no puedo. A mí no me gusta que me ayuden con dinero, prefiero que me ayuden con pañales, con centros de cama. Pero no me gusta pedir dinero ni dar número de cuentas.

Brito, especialmente, pide la colaboración de un concentrador de oxígeno de cinco litros. Maneiro usa uno de bombona, pero el precio para recargarlo es de 50 dólares.

@Luisdejesus_ 

Informe médico de Luisa Elena Maneiro

 


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