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La sanciones internacionales aún no han causado gran efecto en el régimen de Nicolás Maduro, es lo que afirman analistas. A pesar de la presión, el gobernante chavista se “siente guapo, apoyado”, y piensa que “tiene la gobernabilidad asegurada”.

Esta, indicaron, es la razón por la cual no se ha visto obligado a negociar su salida por una vía pacífica, democrática y constitucional.

“No está entre la espada y la pared porque tiene socios, tiene caminos paralelos y hay dinero porque muchos gobiernos le prestan ayuda todavía”, manifestó el politólogo Carlos Romero.

Otros elementos a su favor, continuó, es el apoyo que aún conserva de cerca de 30% del favor de los ciudadanos, “una población opositora que está dormida y la división en la dirigencia política”.

El analista político Gonzalo González señaló que un gobierno democrático que enfrentara una crisis humanitaria compleja “se hubiese dando cuenta de que la situación lo ha sobrepasado y que los intereses del país deben imponerse para producir un cambio”.

No obstante, señaló: “El régimen cree que todavía tiene capacidad de aguantar y mientras crean esto, pues aguantarán”.

 

Una parodia en la Casa Amarilla

Los expertos calificaron de parodia la instalación de la mesa de diálogo nacional, realizada el lunes en la Casa Amarilla.

Recordaron que Cambiemos, Soluciones, Avanzada Progresista y el MAS –partidos firmantes del acuerdo con el chavismo– no representan a la mayoría del país.

“Estos vínculos entre la oposición que fue a la Casa Amarilla y el régimen es de vieja data; por lo menos desde hace un año ha habido conversaciones paralelas a la oposición del Parlamento”, mencionó Romero.

En su opinión, este pacto no puede acarrear algún alivio a la crítica situación nacional. “Maduro puede pensar que se salió con la suya, pero esto no tiene ninguna repercusión en los sectores políticos ni mucho menos en los populares que están pendientes de sobrevivir”, señaló.

 

No toca los principales problemas

“Esa mesa de diálogo no va a ser eficaz porque los acuerdos no plantean una vía de salida al conflicto y quienes lo firman no tienen el peso político para asumir la representatividad del país”, subrayó González.

Resaltó que en ella no se habla de un cambio de gobierno mediante una elección libre, transparente y democrática, ni de soluciones a la crisis económica.

“Los dos principales problemas no se tocan realmente, se tocan de manera aleatoria”, dijo.

Afirmó, además, que la fragilidad del acuerdo queda en evidencia con la excarcelación bajo medidas cautelares del primer vicepresidente de la AN, Edgar Zambrano, y las declaraciones ofrecidas por Timoteo Zambrano, en las que consideró que un cambio completo del CNE no era necesario.

“Dicen que firman un acuerdo de liberación de presos políticos, pero no hubo una liberación. Zambrano no tiene libertad plena, no puede ejercer sus derechos políticos ni como vicepresidente de la AN y tampoco puede salir del país”, señaló.

En cuanto a la designación de un nuevo CNE, resaltó que esta es “una demanda clave para que el ciudadano común, que no tiene confianza en el sistema ni el árbitro electoral, pueda retomar la confianza en el voto como instrumento de su voluntad política”.

“Este acuerdo fue una maniobra del régimen para tratar de crear la idea de que ellos si están dispuestos a dialogar, aunque haya roto con la negociación de Oslo, con la intención de disminuir el liderazgo del Parlamento”, enfatizó.

 

Tres escenarios

Los analistas coincidieron en que el proceso de negociación con mediación de Noruega y beneplácito de la Unión Europea era la salida a la crisis con el menor costo político y social.

“Una negociación entre el gobierno, que ha devenido en una dictadura, y las fuerzas democráticas agrupadas en la AN, era lo óptimo, lo razonable, lo humano y lo patriótico”, explicó González.

Ante la suspensión del proceso emprendido en mayo se plantean tres escenarios para la cúpula chavista: continuar con la mesa de diálogo nacional, reanudar las negociaciones con auspicio de Oslo o prepararse para la presión internacional y la posible activación del TIAR.

“El régimen tiene que considerar cuál es la mejor opción para que su final sea no tan catastrófico”, enfatizó Romero.

@ebritop22