Ha sido tradicional que la situación con la que se termina el año genere una inercia que la lleve hasta el primer trimestre del año siguiente.

Hay que tener en cuenta que nada relevante ha ocurrido durante el año, excepto los rumores que generaron expectativas positivas que nunca se cumplieron. Porque lo de levantar sanciones, flexibilizar a Chevron, y liberar el negocio petrolero, no pasó… y no va a pasar hasta que se cumplan ciertas condiciones; principalmente relacionadas con elecciones que conduzcan a un posible cambio de gobierno.

Porque no es razonable pensar que EE UU permitirá un flujo de recursos hacia un gobierno hostil, que pudiera utilizarlos en su contra.

La situación de estancamiento económico que hemos comenzado a enfrentar va a tender a mantenerse, haciendo que la inflación se acelere y el tipo de cambio se deprecie también más rápidamente.

Recordar que, entre octubre 2021 y mayo 2022, el tipo de cambio se mantuvo por debajo de los Bs 5 por dólar, con “respiración asistida por el Banco Central”, y luego desde entonces ha ido escalando hasta superar los Bs 11, acelerando la devaluación que hace pensar en Bs 14 para fin de año, y más de Bs 70 para el año próximo (según una economista asertiva en sus predicciones).

La sensación de “Venezuela ya se arregló” fue originada por la dolarización de hecho, la liberación del sistema de precios, las facilidades de importación, y en resumen por el repliegue del estado que se alejó de la economía diaria.  Aunque siguió monitoreando, e interviniendo en lo monetario y cambiario, vía el encaje legal y los bonos de cobertura cambiaria, además de la inyección de divisas cada vez que sintieron que el tipo de cambio se les iba de las manos, y podía afectar la inflación; la cual, si bien sigue siendo muy alta, ya no son las cifras exorbitantes del pasado.

Lo anterior sirvió para aumentar el uso de la capacidad instalada industrial, y llevarla desde el 18% hasta el 30%, todo sujeto a la disponibilidad de energía, principalmente la eléctrica.

Ese proceso de reacomodo, optimizando los recursos existentes, se sintió muy fuerte, logró un discreto descenso de la pobreza, y una estabilización evidente en el sistema de precios; el cual, si bien continuó aumentando, la dolarización funcionó como un contrapeso y lo hizo más lento.

La situación anterior es la que, ceterisparibus, debería repetirse en el primer trimestre de 2023. Aunque, si hubiera alguna información creíble de cambios en el entorno, las solas expectativas positivas podrían cambiar algunas tendencias.

Pero no hay que olvidar que cualquier noticia positiva, estará limitada por las restricciones de electricidad, de RR HH´s y de financiamiento. Y esos tres elementos, en su proceso de renovación, actualización y ampliación, va a tomar no menos de tres años, y hasta 10 años más para llevarse a la práctica.

En Venezuela, nada es de un día para otro.

Político

La reunión de París sirvió como una válvula de descompresión para poder ir acercando posiciones sin tener que esperar por México que ya ha adquirido connotaciones diferentes, tal como que, si el gobierno se sienta a cambio de nada, sentirá que está perdiendo; y para la oposición, el solo hecho de sentarse ya significaría que está ganando.

Así que París fue una buena opción. Pareciera que EE UU está enviando mensajes cada vez más claros, usando emisarios y situaciones, de forma tal de darle firmeza y credibilidad a las propuestas que se supone están incluidas en esos mensajes.

El sorpresivo viaje de Petro a Caracas, la posibilidad de que Maduro pudiera viajar a Egipto sin riesgo, y las conversaciones en París son elementos a tener en cuenta y articularlos en la construcción de escenarios. Lo anterior en el marco de que no habrá alivio de sanciones si no hay una posibilidad cierta de cambio de gobierno.

Por supuesto, hay una cantidad de restricciones de parte y parte que deben ser sorteadas, y que no pueden estar en una mesa abierta; por lo que se trata siempre de trascendidos y consultas con “gente bien informada”.

Tal como en el ámbito económico, el político también se caracteriza por la inercia, que recibió su impulso inicial en 2017, y, a menos que algo pase como consecuencia de los tres elementos mencionados más arriba, pues habrá elecciones presidenciales entre 2023 y 2024, Maduro será el candidato del oficialismo, y la oposición, pese al proceso de primarias que están emprendiendo, se presentará con varios candidatos, los cuales, al igual que Maduro, tienen un muy alto nivel de rechazo en la población. Es la continuación de lo que ya está ocurriendo y que se espera que ocurra.

Pero al acudir divididos, pues es muy posible que, entre inhabilitaciones y campañas abstencionistas pues termine ganando Maduro. Y ese escenario no sería aceptable ni para París ni para México, porque no sería aceptable para EE UU; porque nada cambiaría por parte del gobierno de Venezuela, por lo que nada tampoco cambiará desde el gobierno de EE UU.

Pero por primera vez podría considerarse un escenario novedoso en lo político, porque tendría impacto inmediato en lo económico, y luego, por añadidura, en lo social. Y cuando digo inmediatamente, me refiero al cambio de tendencia; porque, tal como mencionaba más arriba, los tiempos de respuesta y de implementación no serán los más rápidos.

Ese escenario novedoso, supuestamente en vías positivas de negociación privada entre el gobierno venezolano, y EE UU, con limitada participación opositora, contemplaría el adelanto de elecciones presidenciales y legislativas, la presentación de un candidato nuevo en el chavismo, y la aceptación de Guaidó como el candidato de la oposición. Con amnistías cruzadas de parte y parte (ciertas condiciones aplican), y una hoja de ruta consensuada para el gobierno que resulte, fijando prioridades, y liberándose las sanciones en la medida que se vayan cumpliendo objetivos.

También incluiría observación internacional y seguimiento para modificaciones en el marco jurídico, desestatización de empresas, renegociación de la deuda pública, soberana y de Pdvsa,y de la privada (Ciadi y Cadivi), así como una evaluación sería de la posibilidad de dolarizar formalmente la economía.

Considerando que hasta ahora lo inercial se ha impuesto sobre lo novedoso, le daría más peso al escenario de continuidad. Porque así se pudiera llegar a acuerdos al más alto nivel, los impactos reales del escenario novedoso se sentirían en los mandos medios y bajos de la revolución, especialmente en aquellos que ya no están en funciones, y pudieran quedar desprotegidos. Y no se sabe cómo podrían reaccionar.

Social

Una mínima reactivación del aparato productivo ya produjo una baja en la pobreza, según cifras de las cámaras industriales y de la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida de la Universidad Católica Andrés Bello, Encovi, respectivamente. La relación inversa entre el nivel de actividad y la pobreza pudiera leerse como que un aumento del uso de planta del 18 al 30% produjo una disminución de la pobreza del 94 al 81%.

Porque si bien se trata de una inferencia numérica, lo que sí pudiera considerarse una afirmación incuestionable, es que solo con empleos privados genuinos y que contribuyan al PIB es que se puede sacar gente de la pobreza. Y eso está asociado al crecimiento de la economía, lo cual, a su vez, está asociado a la disponibilidad de energía para promover ese crecimiento.

La teoría que estuve impulsando todo este tiempo es que por cada punto del PIB que recuperemos, deberíamos apuntar a bajar, al menos, un cuarto de punto de pobreza. Pero después de ver la sensibilidad de las relaciones mencionadas más arriba, creo que pudiera ponerse como un objetivo uno a uno: por cada punto del PBI que aumentemos, bajar un punto de pobreza. Pero no como un resultado, sino como un objetivo incorporado en los planes de inversión y de aumento del volumen de negocios.

Claro que no se puede perder de vista que habría que atar cada punto del PBI, a la cantidad de megavatios disponibles, para poder asociar la disponibilidad eléctrica a la disminución de la pobreza. Porque lo que ha ocurrido es que estamos optimizando la planta industrial existente, aumentando su utilización, pero aún no estamos en capacidad de crecer sin inversiones mayores en electricidad.

Por lo que las relaciones numéricas con las que comencé este tema, tienen como límite superior la disponibilidad eléctrica actual que es muy, pero muy baja.

No hay que olvidar que la pobreza tiene muchos ángulos y aristas, y no solo es de abajo hacia arriba, y que la posibilidad de la movilidad social sea positiva; sino también evitar que las clases medias se empobrezcan, que es lo que está comenzando a ocurrir.

Una información social importante que aporta Encovi es que la población total de Venezuela es de 28,5 millones de habitantes (ya no somos los 32 millones del último censo), número al que llegamos por la emigración y porque las defunciones superaron los nacimientos; aunque aquí se asume que se fueron solo 5 millones de venezolanos, y la ONU reconoce 7,1 millones; con una proporción de emigrantes retornados que no supera el 6%. Para ser conservadores, podríamos trabajar con base en 26 millones de habitantes, que es un número más acorde al neto de la emigración y al neto de nacimientos versus fallecimientos.

Debemos hacernos a la idea de que los que se fueron no regresarán y que deberemos impulsar un proceso migratorio selectivo de nacionales de otros países, con las profesiones y habilidades que el plan de desarrollo (cuando tengamos uno) nos vaya marcando.

La desigualdad socioeconómica es muy grande y podemos asimilarla a un carro que lleva cargados 21 millones de personas pobres, el cual es empujado por 5 millones de personas que tienen posibilidades económicas para mover el carro, que, en este ejemplo, es la economía. En la medida que se logra bajar gente del carro, y ponerla a empujar, pues será más liviano el carro y se moverá más rápido… esa velocidad sería la del crecimiento del PIB.

La sensación de “Venezuela ya se arregló” solo alcanza a los que empujan; los otros tienen problemas serios de supervivencia pues no tienen garantizada la alimentación del día.

Económico

Nuestra economía está llegando nuevamente a un punto de estancamiento, pues la primera etapa, que ya terminó, se basó en aportes de capital de los empresarios, considerando esa como la principal fuente de financiamiento de la etapa. Porque prácticamente no hay financiamiento bancario, el de F&F y banca offshore es limitado, y el mercado de capitales es aún incipiente, y con rigideces importantes.

En capitalismo de mercado, que es el sistema en el que nos estamos adentrando en Venezuela, solo se crece si hay capacidad de financiamiento; y en Venezuela ya se agotó. El gobierno no puede acceder al crédito, y los privados, cuando lo logran, lo hacen en medio de restricciones y costos muy elevados. Por lo que, como en las ruedas de los parques de diversiones, cuando se llega a lo más alto, o bien se sube a la base de una rueda más alta, o bien se comienza a decrecer. Y en ese momento, que es donde nos encontramos ahora, lo que hay es estancamiento.

Y la única manera de subirnos a la siguiente rueda más alta es accediendo a los mercados con libertad de sanciones.

Lo anterior, si se sigue el escenario inercial, es casi imposible que ocurra, porque por mas intentos que se hagan, las sanciones complican la operatoria del sector privado de la economía así los empresarios no estén sancionados. O sea que, para romper el estancamiento, el único camino sería el levantamiento de sanciones que resultaría del escenario novedoso mencionado anteriormente.

Y si el escenario inercialno se logra, pues regresaremos a tiempos difíciles con inflación descontrolada, impulsada por la falta de oferta de bienes y servicios, y por la devaluación acelerada que ya estamos viviendo. Y allí ya dejan de ser aplicables las reglas que llevaron a la conseja de que “Venezuela ya se arregló”, que fue solo eso… una onda de expectativas optimistas que terminaron chocando con la realidad: porque Venezuela no se arregló y está lejos de hacerlo.

Considerando el escenario inercial como el más probable, la solución para que la economía funcione y se expanda hasta el máximo de sus posibilidades, dadas las restricciones estructurales existentes, sería un mayor repliegue del Estado —y de todo lo que significa— de la economía, permitiendo la incursión de empresas privadas en sectores que hoy están en manos del Estado.

Dado el esquema de sanciones, y lo pequeña que se volvió nuestra economía, habría que pensar en la participación de pymes, nacionales e internacionales, en lugar de las grandes corporaciones que, en el pasado tomaron interés en nosotros por el rumbo de crecimiento y desarrollo que llevábamos, así como por la institucionalidad que los pueblos del mundo nos reconocían.

Ahora, si se cumpliera el escenario novedoso, el panorama cambiaría totalmente, porque parte de los acuerdos incluirían un levantamiento de las restricciones y el país podría tomar un rumbo diferente. El 2023 arrancará con una nueva expectativa, esta vez de origen político, y sería con el acuerdo de EE UU.

Internacional

Es evidente que hay un cambio en la aproximación de los países interesados en nosotros sobre nuestra situación. Prácticamente ese mundo conocido con el que tradicionalmente tuvimos relaciones de todo tipo coincide en que nuestra situación institucional no es normal, y debe regularizarse.

Visto desde afuera, se trata de un tema de votos y elecciones, pero visto desde adentro (y de algunos actores externos cercanos como EE UU), se trata de un tema de poder… de no querer soltar el poder.

Asumiendo lo anterior, el cambio consiste en comenzar a acercarse para conocer un poco más y para manejar la situación con sintonía fina. Evitar el uso del martillo y comenzar a usar herramientas especializadas… y para eso tienen que estar dispuestos a reanudar relaciones diplomáticas y consulares, sin dejar de reconocer la situación real de nuestro gobierno y de nuestro sistema. Tal como ocurrió con Uruguay, que mantiene su posición crítica, pero nombra embajador en Venezuela; o el caso de Colombia  que mantiene una posición crítica —aunque cuidadosa y discreta— pero reanuda las relaciones.

El viaje de Maduro a Egipto sin que haya sido detenido como consecuencia del alerta de Interpol ofreciendo 15 millones de dólares por él fue una muestra de ese cambio, y de una demostración de que, con los acuerdos adecuados, se podrían flexibilizar algunas de las restricciones, tanto las personales como las institucionales. De allí que comience a tomar cuerpo y subir en la probabilidad de ocurrencia el escenario novedoso mencionado más arriba.

Simplemente por razones de distancia y de cobertura los aliados tradicionales como China, Rusia e Irán tomarán distancia y nos dejarán en el campo de acción de EE UU. Los proveedores de esas zonas deberán ser reemplazados por los países de nuestra región, y posiblemente la tan buscada integración termine dándose desde lo económico y no desde lo político.

Porque el mapa de la región ya pasó del rojo (donde solo quedan Cuba y Nicaragua) al rosado, con izquierdas de un perfil muy diferente, y todas con economías de mercado, con profunda raíz capitalista y cambiando sus marcos de referencia; porque en cada país la contraparte de la izquierda, la derecha o centro derecha tampoco es la misma de las épocas de las dictaduras; lo único que las diferencia de las izquierdas es que estas derechas reconocen el mérito del trabajo, le dan máximo peso a la educación, entienden los hechos básicos biológicos de la vida humana, y le dan peso a lo importante y concreto versus los discursos, las comunicaciones, y las resignificaciones.

Las viejas izquierdas latinoamericanas se apoyaron en los pobres, por eso es que en cada país lograron que aumente la pobreza, mientras que sus contrapartes ven como prioritario que se saque gente de la pobreza y se la ponga a trabajar.

Se nota un entorno favorable a destrabar relaciones, pero solo tendrá ventajas concretas si es a cambio de una reinstitucionalización del país.

Recomendación

  • Al gobierno: que comience a pensar seriamente en la deuda externa, porque será el plomo en el ala de cualquier negociación política que se intente. Y si se lo asimilara a las necesarias privatizaciones, pues el debtequity swap, sería una solución convergente. Recuerden… si no hacemos algo, la deuda externa (pública y privada) regresará como un bumerang para golpearnos desde atrás
  • A la dirigencia opositora: que instale una sala situacional externa independiente que los ayude a poner en perspectiva la evolución de los acontecimientos, que comienzan a precipitarse, sin que se note flexibilidad o capacidad de adaptación y respuesta. Necesitan una hoja de ruta tipo “Waze”, que vaya adaptando la ruta según se van presentandolos eventos externos e internos. Seguir navegando con un mapa impreso/ rígido, solo traerá más desencanto, y los alejará, aun mas, del poder
  • A la dirigencia empresarial: que impulse el mercado de valores como una plataforma, no solo de financiamiento a corto y mediano plazo, sino principalmente para manejo de fusiones, adquisiciones, restructuraciones y, en general, arreglos patrimoniales que favorezcan alianzas para optimizar los recursos con que el empresariado venezolano cuenta. Hoy más que nunca antes, contar con una plataforma transparente que permita el reacomodo de recursos es algo vital para que podamos superar el estancamiento en el que nos estamos adentrando

Mail: [email protected]. Instagram: @benjamintripier. Twitter: @btripier


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