tobogán
Foto: Pixabay

Entraremos al 2024 sin haber logrado modificar el diseño estructural rígido que nos ha caracterizado, de un déficit de oferta de bienes y servicios, y una caída sostenida de la demanda y del consumo. Y esa situación de rigidez, solo puede ser alterada si se permite a las fuerzas del mercado actuar libremente y encontrar sus propios equilibrios que, ya desde hace años, se han ido distorsionando hasta perder la capacidad de establecer un sistema de precios de referencia.

Porque si bien la participación reguladora del Estado, en países con profundas distorsiones, como el nuestro, pudiera considerarse necesaria, lo cierto es que esa participación ocurre desde un punto de vista político ideológico que termina profundizando aún más los desajustes y distorsiones.

Y la prueba más concreta fue que, el único tiempo en el que el chavismo logró estabilizar esas variables, fue cuando el Estado se replegó de la economía, dando pie a que las variables alcanzaran valores representativos del sistema económico, recurriendo al ancla monetaria a través de la libre circulación del dólar como moneda “no ilegal”.

Y cuando se usa el nombre de moneda para referirse al dólar en Venezuela, es porque 60% de las transacciones se hacen en esa moneda, porque 100% de las referencias de precios son en dólares, y porque los ahorros de las personas y las empresas, también son en dólares. De hecho, se podría decir que estamos mucho más cerca de estar dolarizados, que de recuperar los atributos del bolívar como moneda de uso interno. Esa batalla debería abandonarse y concentrarnos en recuperar la economía, lo cual, seguramente no ocurrirá si seguimos insistiendo en desdolarizar.

Para este 2024, podemos aprovechar el “viento de cola” y sacar ventajas de eso, solo si volvemos a replegar la acción del Estado y permitir que se vuelva a formar ese microclima empresarial positivo que nos llevó al concepto de “Venezuela ya se arregló”, el cual ya sabemos que no ocurrirá en la práctica, pero que tiene efectos psicológicos y actitudinales positivos que nos llevan a tener una mejor percepción del entorno negativo que nos rodea.

Porque Venezuela solo se arreglará con cambios profundos que, con este sistema y modelo económico, no ocurrirán.

Biden y Xi
El presidente estadounidense Joe Biden saluda al presidente chino Xi Jinping antes de una reunión durante la semana de líderes del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) en Woodside, California, el 15 de noviembre de 2023. Foto: Brendan SMIALOWSKI / AFP

Político

Lo político sigue pivotando entre los tres actores principales que son, el chavismo, la oposición liderada por María Corina Machado, y el gobierno de EE UU. Todo lo que ocurre, Guyana incluido, está inscripto en el juego entre los tres actores.

En el primer caso, el del chavismo, podrán verse al menos dos macro grupos, los que apoyan la continuidad de Maduro, y los que, internamente, creen que deberían presentarse con un candidato diferente. Y la paridad de fuerzas interna está dividida en dos mitades. Claro que la mitad de Maduro tiene en sus manos resortes de poder más fuertes que la otra mitad. Y en los temas de los nombres que pudieran ser sujetos de nominación, están los dos de siempre, Héctor Rodríguez y Rafael Lacava, y algún/alguna emergente que sería develado por el gobierno, solo después de haber agotado todas las instancias para que sea Maduro.

En el caso de la oposición liderada por María Corina Machado, su peso electoral crece todos los días, en forma tal que arrasaría a cualquier otro candidato, tanto del chavismo, como de los “opositores, pero no tanto”. Es información proveniente de encuestadoras de los dos lados… así algunas estén difundiendo información diferente… en fin. Hoy en día, la presencia electoral de María Corina Machado es la equivalente a 90% de la oposición, que representa 80% del electorado.

El tercer actor, EE UU, tienen a su vez segmentos internos contrapuestos, siempre con la mirada puesta en sus propias elecciones presidenciales, que pareciera volverán a enfrentar a Trump y a Biden, esta vez Biden desde el poder y con mejor manejo de las plataformas federales.

En cuanto a lo que nos toca, el gobierno de Biden está apostando a mostrarle al chavismo su poder y su capacidad de cumplir lo que promete, permitiéndole a Venezuela desarrollar su negocio petrolero, casi como era antes de las sanciones. Pero claro… eso ya no es posible porque desde entonces, hasta ahora, entre la corrupción y la incompetencia, hirieron de muerte a esa industria que terminó siendo mimetizada con el nombre de la empresa del Estado, y alter ego del Estado, en sí mismo.

Pero dentro de EE UU hay fuerzas muy poderosas que se oponen a estas flexibilizaciones y no creen que deban sacrificarse principios a cambio de unos pocos barriles de petróleo. Por lo que están haciendo un punto de honor lo del levantamiento de la inhabilitación de María Corina Machado, lo cual podría conducir al retroceso en las condiciones flexibles de la Casa Blanca. No parece probable que ocurra, pero sí está en el campo de las posibilidades.

Es más probable que se profundice en otros temas como el del oro, o hasta el del gas, pero difícilmente retrocedan en lo del petróleo porque fue una decisión de perfil estratégico, y esas no se desarman de un momento para otro. En eso se ve que tienen un sentido claro de qué es lo que quieren lograr.

Social

Es interesante observar como en nuestra sociedad no se está repitiendo la sustitución generacional en el campo empresario, en el de la salud, y el de la educación, por solo mencionar algunos de un efecto más generalizado.

Si el destino aspiracional de los nuevos graduados técnicos y universitarios es abandonar el país, entonces las posibilidades de mejorar o expandir nuestra capacidad productiva, está en manos de los que, por edad, por encima de 65 años, ya se habían retirado, o tenían planes de hacerlo muy pronto.

Eso ya no será posible, y está obligando a esa generación a actualizarse y volver al campo del trabajo. La patria lo demanda y, además, un poco de la cordura y la sensatez que da la madurez, será necesaria para entender que aún somos una sociedad “trabajo intensivo”, y que debemos regular la penetración de la tecnología y la robótica.

Con 21 millones de pobres sobre una sociedad de 26 millones de habitantes, y con una tasa de mortandad que supera o iguala a la de nacimientos, debemos administrar con cordura y madurez la mezcla de factores que nos den la competitividad específica que un país como el nuestro, que tristemente quedó rezagado del resto de la región, puede aspirar.

Y no me refiero solo a cargos en las empresas, sino, como les decía al principio, necesitamos maestros y profesores que sepan que deben actualizarse para poder acompañar a los chicos que nos quedan, para formarlos como personas de bien y trabajadoras, haciendo contrapeso a una sociedad que los ideologiza en la mirada estatista/dependiente, y les mata el chip emprendedor.

Porque hay que estar claros en que una gran cantidad de programas sociales de emprendedores, dependientes del Estado, no son otra cosa que caminos alternativos a la ideologización por las aulas o por el empleo público. Hay que impulsar al emprendedor… pero antes habría que ayudarlos a educarse, y a alimentarse… y a tener acceso a sistemas de salud.

Porque sin acompañamiento, cualquier aporte del Estado pudiera convertirse en dinero perdido, si no se ayuda al emprendedor beneficiado, a manejar bien sus recursos. Y allí es donde entraría este solapamiento intergeneracional que se nos está dando en forma forzada, y que posiblemente sea la solución orgánica que surge como oportunidad, detrás de cada crisis.

Chevron
Chevron

Económico

Le renovaron una vez más las liberalidades a las empresas petroleras de servicios, como vienen haciéndolo, cada seis meses, desde que se implantaron. Lo anterior ya era casi automático, aunque esta vez tiene más sentido que antes porque ahora sí se convierten en vitales para impulsar las nuevas actividades que se prevén como consecuencia de la suspensión de las sanciones.

Porque hacía falta allanar la ruta financiera para cobrar y pagar, levantaron sanciones al BCV y al BdV, y porque había que facilitar el transporte, aflojaron lo relacionado con Conviasa, y en general veremos un efecto cascada que tendrá que ver con flujo de personas y equipos, y con toda la logística de adición de valor para que el negocio petrolero vuelva a funcionar.

Este nivel de actividad, casi sin duda, tiene efectos reactivadores sobre la economía que se verá reflejada en términos concretos entre febrero y marzo de 2024. Porque seguimos siendo petroleros y, pese a que el sector privado ha ido recuperando capacidad de maniobra, aun no es suficiente como palanca de reactivación. Por el contrario, funciona como fuerza expansora de la reactivación petrolera.

Pero claro, con suspender (¿transitoriamente?) sanciones no es suficiente para que funcione. Porque también allí se verá el efecto “over compliance” que ya viene sufriendo el sector privado venezolano, sin estar sancionado. ¿Podrán estas empresas hacer transacciones sin problemas superando a sus departamentos de cumplimiento y consultorías jurídicas?

Lo anterior le da una cierta ¿estabilidad? a las expectativas de la gente, sacando de foco a las variables que rigen la vida diaria como los precios y el dólar, no porque pierdan la relevancia que tienen sino porque permiten poner el foco en las capas más profundas de la economía, como es el agua, internet y el mantenimiento de infraestructura; y detrás de esas, está la electricidad; y detrás, están las llamadas energías primarias como el gasoil y el agua del Caroní. Y detrás de ellos, está el petróleo que es la plataforma, en conjunto con el gas asociado, que permite que las cosas se hagan… o que no se hagan, como es nuestro caso, con un nivel de actividad restringido y rígido que nos impide fantasear con crecer. Lo máximo a lo que podemos aspirar en estas condiciones, es a reacomodar y optimizar el uso de los recursos con los que ya contamos.

Claro que habría que darles mantenimiento, materia en la que el chavismo, como dueño de la infraestructura, ha demostrado tener un muy, pero muy bajo nivel de competencia… y eso… eso no cambia de un día para otro, mientras continuemos bajo este modelo económico.

Javier Milei y Sergio Massa. Fotos: JUAN MABROMATA y LUIS ROBAYO / AFP

Internacional

Hay que mirar con detenimiento el fenómeno electoral que está ocurriendo en Argentina y que terminará este domingo 19 de noviembre con la elección, por balotaje, de un presidente, eligiendo entre la continuidad y el cambio.

Porque la situación socio económica es tan mala como no había ocurrido antes en los 40 años de democracia continua; y se profundizó durante los cuatro años del gobierno que terminará el próximo 10 de diciembre, y mucho más dañino durante los últimos 15 meses de Sergio Massa en el poder, como “súper ministro de economía” como se auto denominaron, y cuasi presidente actuante.

En ese corto período, el precio del dólar pasó de los 300 pesos a superar los 1.000 pesos, la la inflación alcanzó 142%, la cantidad de nuevos pobres superó los 2,4 millones de personas, se incrementó la salida de jóvenes del país, aumentó la escasez, y la deuda externa, la pública y la privada de las importaciones no pagadas, superó tres veces a la recibida de Macri, que eran 45 mil millones de dólares a 4% anual con el FMI.

Lo anterior es para poner en perspectiva que Massa es uno de los dos candidatos presidenciales con chances de ganar la presidencia. Y es difícil entender cómo es posible que, ante una realidad tan dramática, cuente con el apoyo de 36% del electorado como se reveló en la primera vuelta. Claro que hay que atribuirle un peso importante al kirchnerismo y su manejo clientelar, disciplinado y vertical de sus bases, que les ha ido garantizando ese piso. Aun así, no se entiende, porque la mitad de los argentinos está pasando hambre, y las propuestas de cambio que ofrece son “más de lo mismo”.

Del otro lado, está Javier Milei, un recién llegado a la política que se convirtió en una alternativa inesperada, que logró que el partido de Macri, que no superó la primera vuelta, lo apoyara. Porque más allá de la guerra sucia diseñada por el equipo de brasileños que le envió Lula a Massa para ensuciar a Milei, este último fue el único que hizo ofertas concretas para producir un cambio. Porque sin cambios profundos, no se logrará rescatar a Argentina del tobogán en el que va cayendo, solo que con una pendiente cada vez más vertical, a medida que pasan los días y se deteriora sin remedio.

La elección de este domingo consiste en continuar por el tobogán o entrar en una reestructuración profunda para salir de ese tobogán. Y digo que prestemos atención a ese caso, porque para nosotros, en Venezuela, que estamos en ese tobogán desde hace tiempo, con pendiente negativa, a veces más profunda que otras, solo una opción de restructuración y cambio profundo pudiera volvernos al camino del crecimiento y el bienestar de toda la sociedad.

El 19 de noviembre para los argentinos, será el equivalente del 2024 para nosotros… cambio, o más de lo mismo… como siempre ha sido, depende nosotros mismos.

Recomendación

  • Al gobierno: que llegue a una lista corta de empresas que hoy están en manos del Estado y que tome la decisión política de pasarlas al sector privado. Preferiblemente usando la plataforma del mercado de valores.
  • A la dirigencia opositora: que comience con una campaña de información, especialmente en lo económico, como para poner a la gente a soñar con los ojos abiertos. Ah… y que cuide qué nombres incorpora como referencia, porque hay algunos que restan en vez de sumar.
  • A la dirigencia empresarial: que no deje pasar la oportunidad de este nuevo “mini boom” petrolero del 2024, y diseñe una cadena de transmisión a través de estrategias de mercado, para que la actividad petrolera, por primera vez, incluya en forma orgánica y armónica al resto de la economía. Y que nos saque de los métodos de redistribución centralizada que tanto daño siguen haciéndonos.

 


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