Los ojos color café oscuro estaban hinchados, evidenciaban desvelo, preocupación y llanto acumulado. Luz Amparo Durán León, mujer venezolana, duerme en las calles de Cúcuta desde al menos hace una semana, a la espera de obtener su cédula en Colombia por ser hija de una residente del país.

El trámite de la documentación lo realizan en el colegio INEM de Cúcuta, donde a diario hijos de colombianos madrugan y hasta duermen a las afueras del plantel para obtener la cita para la cédula.

“Estoy en este país buscando una oportunidad no solo para mí, sino para mis hijos”, dijo Durán a El Nacional Web mientras se acomodaba en su pedazo de cartón, que evitaba que se ensuciara con la tierra húmeda del suelo.

Foto: Abraham Tovar

En ese cartón duerme Luz, al igual que sus compañeras —también venezolanas—. La travesía para poder descansar a medias incluye esconderse cuando llega la noche, en un parque o en el Malecón de San Eduardo, para que la Policía colombiana no la vea.

Durán contó que tiene dos hijas, una hembra y un varón de 18 años de edad, quien actualmente vive en Bogotá,

Todas las personas volteaban a ver a Luz. Cada palabra que expresaba emanaba tristeza, acompañada de las lágrimas que corrían, una tras otra, por sus mejillas.

Durán confesó que el llanto inconsolable lo producía la partida de su hijo mayor, quien con tan solo 17 años de edad decidió radicarse en Colombia en busca de una mejor calidad de vida y así ayudar a su familia.

“Lo más duro que me ha tocado vivir es que mi hijo se fuera de la casa. Mi hijo abandonó el país para ayudar a su familia. Él quería estudiar Ingeniería en Sistemas o entrar a un instituto gastronómico”, expresó con la voz quebrada de tanto llorar.

Foto: Abraham Tovar

Contó que luego de despedir a su hijo se enfermó emocionalmente, pero destacó que él es uno de los motivos para realizar las diligencias de nacionalidad.

Antes de que la crisis deteriorara su calidad de vida, Luz y su esposo, quien es colombiano de nacimiento, tenían una microempresa en la que hacían dulces artesanales, pero tuvieron que abandonar el negocio porque ya no era rentable.

“Llegó el momento en el que no pudimos más. Llegó el extremo en el que desde Venezuela traíamos frutas para Colombia para venderlas y poder comprar alimentos aquí mismo para llevarlos a nuestro hogar”.

Mezcla de xenofobia y humanidad

Luz Durán recordó que fue bañada con orine una noche antes, cuando ella junto con sus compañeras se resguardaban en el techo de un edificio de la torrencial lluvia.

“Nos lanzaron dos potes de orine podrido desde un segundo piso del edificio. ¿Hasta dónde hemos llegado? Me da tristeza”, afirmó.

Ante el incremento de la delincuencia en la ciudad y todo el país, por parte de algunos venezolanos, muchos de los colombianos han evitado ayudar a los extranjeros. El rechazo hacia los venezolanos aumentó.

Luz, al igual que todos los ciudadanos con los que estaba en las afueras del INAM, ha recibido insultos de las personas que se trasladaban en vehículos.

“Antier nos cayó un palo de agua y pasaban muchos carros. Pasaban pegaditos por los charco para salpicarnos con el agua sucia”, dijo.

“Nos califican a todos de que somos de lo peor y no debe ser así. Todos no somos iguales”, agregó.

Foto: Abraham Tovar

Durán indicó que no todos se han comportado de la misma forma despectiva con los venezolanos. A raíz de la falta de dinero para sostenerse en Colombia, algunos vecinos de la zona les han abierto las puertas de sus casas a quienes pernoctan en la afueras del INAM, para que se aseen y en ocasiones coman.

“Nos hemos encontrado con gente muy generosa en este país, que hasta un vasito con agua te dan, como otros que nos tiran la puerta en la cara”, expresó Luz.

Los familiares de estas personas desconocen la situación en la que se encuentran. A pesar de las precariedades que enfrenan, siempre cuentan un chiste, ríen y bromean mientras realizan la espera, sin olvidar el deseo de volver a Venezuela, tierra de la que no quieren partir.

“Yo tengo la esperanza de que todo esto pase. Yo amo mi país, ahí nací, ahí crecí. Dios que meta su mano poderosa y nos ayude. Esta situación es una prueba para los que estamos en Venezuela”.

Foto: Abraham Tovar


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