La salud pública venezolana se nutrió de la medicina privada que floreció desde los años cincuenta, cuando se instaló por primera vez la bomba de cobalto en el país. Ahora está perdiendo la capacidad tecnológica de asistencia médica debido a la profunda crisis, afirma el cardiólogo y académico Juan José Puigbó. Al menos cuatro servicios de trasplantes y cirugía cardiovascular en diferentes hospitales han sido clausurados. “Hemos perdido el avance, después de casi siete décadas de haber estado por encima de muchos países de América Latina”.

—¿Cuáles fueron los aportes de la medicina privada?

—Han sido aportes muy importantes. Su personal, además de dar su ejercicio profesional, ha contribuido a la transformación tecnológica de los servicios. La primera bomba de cobalto para el tratamiento del cáncer, por ejemplo, fue instalada en Caracas por el médico oncólogo Rubén Merenfeld , en 1954, en el Instituto Diagnóstico; y luego se extendió a otros centros públicos y privados.También la primera terapia intensiva que hoy tienen todas las clínicas la coloqué yo en el Instituto en 1968 y la llevé al Hospital Universitario de Caracas, donde fui jefe de servicio, y luego a otros centros de salud públicos.

—¿Cómo ocurrió?

—Fui a Boston para hacer un curso con el profesor estadounidense Bernard Lown, quien vio cómo un médico resucitó a un paciente con un aparato de corriente alterna; tuvo quemaduras, pero sobrevivió. Luego Lown introdujo el procedimiento cardioverter, que consiste en un choque eléctrico y ha sido el principio básico de la resucitación. La primera de las terapias fue de cuatro camas con el modelo de Boston, que tenía cada una sus gases e indicadores, así como sus dispositivos individuales. Había una consola central en la que la persona que la operaba podía controlar las cuatro camas. El concepto es el de disponer de todos los recursos para resucitar al paciente, en casos de infarto por ejemplo.

—¿Cómo estaba Venezuela en comparación con los avances en otros países?

—Siempre estuvimos a la cabeza. Las clínicas privadas iniciaron un movimiento bidireccional en algunos casos. En el HUC no había tomografía y el médico Hugo Isava Stevenson junto con nosotros, montó la primera tomografía en el HUC, cuando fui su director. Luego aparecieron las sucesivas cuatro generaciones de tomógrafos. Yo me empeñé en dotar el hospital y pedí los aparatos. Recuerdo que el ministro de Sanidad de la época fue a inspeccionar porque le habían dicho que los equipos estaban aún en cajones, pero no. Yo ya tenía dispuesta el área de historias y la transformé en un gran salón donde se instaló el primer tomógrafo. Era una época de oro. Baldó creó todos los hospitales antituberculosos en el país, lo que comenzó con El Algodonal en 1940; los integrantes de nuestra primera promoción fuimos allí. La medicina venezolana comenzó a equipararse con la de otros países de la región.

—¿Hubo otros aportes de la medicina privada?

—De allí siguieron los hospitales de Maracaibo, de Valencia y los Andes. Desde el año 1957 se realizaron los posgrados de cardiología en el HUC. Teníamos entonces15 cardiólogos en toda Venezuela, en 1954. Cada 12 meses se graduaba un curso completo de 2 años, y así se fueron llenando los hospitales en toda Venezuela y también todos los servicios. Mis maestros fueron José Ignacio Baldó y Arnoldo Gabaldón, los pioneros de salud pública en Venezuela, y hoy en día hay 1.000 cardiólogos. Yo contribuí a fundar la Sociedad Venezolana de Cardiología en 1954.

—¿Cómo contribuye hoy la medicina privada con la salud pública?

—Estamos en un período de recesión. Acabo de publicar un escrito sobre los avances de imagenología cardiovascular. Desgraciadamente nada de eso lo tenemos. Nos estamos quedando atrás, porque si no podemos comprar alcohol ni algodón, imagínese usted si podremos hacer algo…. En la actualidad en Estados Unidos, Europa y Japón, las casas especializadas como Hitachi y Simons producen equipos pequeños que tienen el pest, la resonancia magnética, la tomografía computarizada y el ecosonograma, todo en un solo aparato porque reducir el tamaño es importante para que no se ocupe tanto espacio. Nosotros no tenemos eso.

—¿Y cómo afecta el no disponer de esos avances?

—En la facilidad y prontitud para salvar vidas. Si se tiene un solo aparato, en vez de estar enviando a los pacientes a una clínica para que se haga la tomografía y a otra para la resonancia, en un solo centro de salud pueden hacerse todos los exámenes de una vez, en una hora. Pero eso cuesta millones de dólares.

—¿Qué opina de la crisis que hay en los hospitales?

—La Academia Nacional de Medicina emitió un comunicado de solidaridad. Los hospitales están colapsados. En el HUC fue cerrado hace un año el servicio de cirugía cardiovascular que fue creado por el médico Rubén Jaén y fue el primero en el mundo. El último médico de esa generación, Gastón Silva, fue el último jefe del servicio porque ya no existe. Pero también es poco lo que se puede hacer en las clínicas privadas. El servicio de trasplantes que se hacían en la Policlínica Metropolitana, el del HUC para renales y el de cirugía cardíaca en el hospital militar ya no funcionan. No hay insumos. Ni siquiera stem hay en el país. Hace poco tuve un paciente con angina de pecho y tuvo que conseguirlo fuera. En Estados Unidos un stem cuesta 30.000 dólares. Cuando llegamos al HUC, Pérez Jiménez nos había dejado un equipo sueco y alemán, el más adelantado de su época y que ayudé a instalar por primera vez en Venezuela. Hoy hemos perdido el avance, no hay posibilidades de comprar nada ¿y a quién le importa eso si la gente se está muriendo de hambre porque no tienen qué comer? En los centros privados ya no hay pacientes… ¿para qué voy a ir, dicen, si el doctor me va a recetar cosas que no tengo y que no puedo comprar? Y no hay reactivos.

—¿En qué momento comenzó el deterioro de la salud?

—Cuando ganó Chávez, porque el país se hundió. Porque esa gente no estaba interesada en salvar vidas.


Una contribución de la Academia

El cardiólogo Juan José Puigbó presentó ante la Academia Nacional de Medicina, de la cual fue presidente (2000), el libro Contribución de la medicina privada a la salud pública en Venezuela. Historia del Instituto Diagnóstico, en el cual trabajó 15 años. En este se recoge la evolución de la medicina desde la aparición de la atención domiciliaria, con José Gregorio Hernández, hasta la de las clínicas privadas en Venezuela a partir de la década de los años treinta. Puigbó también es autor de Cardiología y Hemodinamia, cateterismo cardíaco, ambos de 1968, con los cuales –dice– no ha ganado un centavo. Fue pionero de médicos especialistas en cardiología en Venezuela, fundador del Instituto Diagnóstico, el sexto director del HUC y discípulo del sanitarista José Ignacio Baldó.