Más de 16.000 feligreses llenaron el Estadio Universitario de Caracas durante la beatificación de la madre Carmen Rendiles, la tercera venezolana en merecer el altar. Desde las 7:00 am la marea blanca de personas fue llegando al lugar entre sonrisas, calor, cantos y euforia, para unirse a la gran fiesta religiosa que se extendió hasta las 12:00 del mediodía.

Los fieles entraban lentamente al estadio mientras 93 voces de las Juventudes Culturales y otros coros acompañaban la ceremonia. En todo el centro del campo se ubicó el altar; allí el cardenal Ángelo Amato, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, enviado especial del Vaticano, presidió la misa.

El padre Armelín De Sousa, quien tomó la palabra poco antes del comienzo de la ceremonia, recordó que por segunda vez el estadio fungía como templo, pues también se celebró allí la beatificación de la madre Candelaria de San José en 2008.

Desde 2005 el papa Benedicto XVI dispuso que el rito de beatificación se realizara en la diócesis que ha promovido la causa del nuevo beato o en una localidad que se considere idónea. “Este lugar no será más un estadio, será un recinto sagrado desde ahora”, dijo De Sousa.

La ceremonia fue concelebrada por los cardenales Jorge Urosa Savino, arzobispo de Caracas; Baltazar Porras, arzobispo de Mérida; José Luis Azuaje, arzobispo de Maracaibo y presidente de la Conferencia Episcopal de Venezuela, y por el nuncio apostólico en Venezuela, Aldo Giordano.

Luego de comenzada la celebración, el arzobispo de Caracas solicitó al cardenal la beatificación de la fundadora de las Siervas de Jesús y Amato leyó en latín el ascenso a los altares de la monja caraqueña, y decretó su fiesta el 9 de mayo, día en el que falleció en 1977 la hoy beata.

En el sitio se encontraba Gustavo Cisneros Rendiles, sobrino de la madre Carmen, y su familia, así como la doctora Trinette Durán de Branger, quien portó la reliquia.

A las 10:30 am, luego de la lectura de las cartas apostólicas, develaron la imagen de la madre Carmen Rendiles, un acto que fue acompañado por los aplausos de la multitud de pie. “Desde ahora sea proclamada con el nombre de Beata”, proclamó Amato.

En su homilía, el cardenal destacó que Venezuela ha sido bendecida por la mirada de la Virgen de Coromoto y ha visto florecer la santidad de sus hijos. Mencionó a María de San José, beatificada por el papa Juan Pablo II en 1995, y luego a la madre Candelaria de San José, ambas fueron muy aplaudidas.

“Los santos son el rostro más bello de la Iglesia porque en sus vidas siempre han hecho el bien. Con su beatificación, la madre Carmen embellece el rico collar de la santidad venezolana”, expresó Amato.

Cuando nombró al venerable José Gregorio Hernández, los asistentes aplaudieron de pie por más de un minuto. “La causa del doctor José Gregorio está en esta situación: falta el milagro. Debemos rezar al Señor por el milagro”, recordó pacientemente el cardenal. “En Venezuela florece la santidad, es una tierra bendecida”, agregó.

Los fieles presentes cantaban, bailaban, reían y de la alegría agitaban las manos en el aire. Las personas alzaban pancartas con el rostro de la beata.

“La gracia de Dios está sobre Venezuela, aquí hay mucha espiritualidad, mucha energía. Los últimos días han sido lluviosos y hoy nos acompañó un deslumbrante sol, eso es parte de la fe que hoy hemos manifestado”, señaló Manuel Figueroa, quien desde temprano se acercó al estadio.

Gente del interior del país también participó en la gran fiesta religiosa. “Nos movió la fe, debíamos estar presentes por la tercera beata del país”, dijo Francisco Herrera, quien venía del estado Guárico.

Al final de la celebración, las personas comenzaron a solicitar en coro: “Que venga el Papa”, pero el grito de repente cambió a una petición de “libertad, libertad”. El cardenal antes de dar la bendición, subrayó sonriendo: “Se lo diré al Papa”.

“Los santos son el rostro más bello de la Iglesia porque en sus vidas siempre han hecho el bien. Con su beatificación la madre Carmen embellece el rico collar de la santidad venezolana”.

Cardenal Ángelo Amato, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, enviado especial del Vaticano


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