La desesperación se apoderó de Ramón Pedraza, un padre de familia de 67 años de edad, quien arrastraba pimpinas de gasolina que tuvo que vaciar para poder cargar agua. Hace un esfuerzo sobrehumano para llevar los recipientes de plástico y descender por las escaleras de cemento que conducen al barrio San Agustín, en Caracas.

El camino es largo. Pedraza debe bajar más de 50 escalones hasta la autopista Francisco Fajardo para, posteriormente, llegar al río Guaire, que a pesar de ser un cauce de agua contaminada le ha servido para el consumo en los días oscuros que han marcado al país por más de 90 horas. 

Detrás de él viene un grupo de personas que se desesperan porque no cuentan con el servicio desde hace dos semanas. Cualquier vehículo para trasladar los envases es válido, desde carritos de supermercado que se han encontrado abandonados en depósitos de basura hasta cuerdas que sirvan para atarse los depósitos al cuerpo y poder correr aún más rápido para poder cargar el agua.

Foto: José Daniel Ramos

Pedraza relata que las voces del barrio anuncian a qué hora se puede bajar a la carretera. Ellos mismos vigilan si el chorro que desemboca en río Guaire no ha sido cerrado por las autoridades. El agua corre por la superficie oscura y cubierta de contaminación que ha creado moho,  lo que supone un producto que no es apto para el consumo; sin embargo, estas condiciones no detienen la necesidad de los ciudadanos que vuelven a tomar el líquido que no pueden hervir porque también falta el gas en la comunidad.  

“Los niños son los que más están sufriendo esta situación. Yo tengo cinco bebés en mi casa, y solo tengo para darles el agua que he conseguido y almacenado cargando agua en el Guaire. Lavo, cocino lo que puedo en mi casa y vuelvo a bajar para agarrar más agua”, relató Ayanel Orfilia, habitante del barrio San Agustín del Sur.

Tener gas es un privilegio. Orfilia afirma que el camión que reparte el servicio solo viene en horas de la madrugada, y si las personas no dispongan de efectivo, tienen que esperar hasta el próximo jueves para poder comprar el combustible, por lo que muy pocas personas tienen gas en sus casas para hervir el agua para el consumo. Su solución es exponerse a las enfermedades por la necesidad de un sorbo de agua que no han recibido en días.  

Las declaraciones fueron recogidas mientras varias personas corrían para obtener un puesto en una cola que se transformó es un lugar donde reinó la anarquía. La madres, que se encontraban solas, transportaban los botellones en carritos de juguete para niños; otras no tenían más opción que llevar el peso del líquido encima de los hombros mientras sus hijos llevaban pequeños depósitos de agua.

Foto: José Daniel Ramos

La anarquía fue controlada en cuestión de segundos. Cuerpos de seguridad del Estado desalojaron a las personas que cargaban agua en la orilla del río, mientras los niños intentaban escabullirse por las paredes de cemento que separan los fluidos putrefactos de las personas desesperadas por el agua. Los pequeños se columpiaban por la caída de agua, no tenían a sus madres con ellos.

Los niños salen de sus casas solo para cargar agua, sus madres se quedan en las casas. Son grupos de hasta cinco menores de edad que llenan los envases para volver a bajar, burlan a la guardia y no le tienen respeto alguno. Su única ley es llevar el suministro a casa para sobrevivir  un día; otros aprovechan para bañarse en el sitio y algunos juegan.

El río Guaire es el depósito de todo lo que se pierde en los desagües de los hogares y las oficinas de la ciudad; es una gran cloaca al aire libre que representantes oficialistas prometieron sanear años atrás. El caos que vive Venezuela por el colapso en los servicios públicos: de energía, telecomunicaciones y agua potable coloca a la población en situación de supervivencia a partir de que el jueves 7 de marzo en la tarde más de  90% del país se quedó a oscuras por una falla del sistema eléctrico que no ha podido ser reparada en su totalidad.

Después de tres días a oscuras, todavía no hay claridad sobre la fecha en que se logrará el restablecimiento total de los servicios que colapsaron por un supuesto sabotaje en el sistema eléctrico nacional.

La prolongada interrupción del suministro de agua potable significa un verdadero drama para miles de familias venezolanas, que buscan soluciones en lugares donde no hay posibilidad de encontrarla y que deben conformarse con cualquier recurso que pueda calmar la sed.

Foto: José Daniel Ramos