75 años de resistencia se fueron en una noche definida por un paréntesis. El cese de circulación del diario referente de Venezuela fue un hecho sin precedentes. El ambiente nostálgico se podía percibir en los pasillos del periódico. Eran sonrisas por los logros durante más de siete décadas, pero también eran caras largas por no volver a esperar el cierre de la imprenta cada noche.

En la sala de redacción del diario El Nacional solo se escucharon algunos chasquidos de las teclas que preparaban la última edición en la que intentaron luchar por la verdad. Nunca habían querido que el reloj indicara las ocho en punto, hora fija en el corazón de las instalaciones en el que empiezan a rodar los cilindros que imprimirían la última plana de un esfuerzo por el periodismo independiente.

Los cilindros sostenían los últimos ejemplares de una lucha que volverá en democracia. Los obreros solo podían velar porque las páginas salieran en el mejor estado posible, mientras las cámaras de varios medios atestiguaban el triste hecho.

El monstruo de hierro naranja iba a ser encendida por última vez, los obreros caminaban de arriba a abajo por las escaleras fundadas de acero, otros solo observaban desde las ventanas más alejadas con una mano resistiendo el peso de su cara frente a los vidrios que separan las oficinas de la rotativa.   

En los pasillos consideran que es una medida temporal, pero que quedará marcada en la mente y los corazones de todas las personas que contribuyeron y se quedaron noche tras noche queriendo expresar una verdad, un testimonio, siendo la voz de 28 millones de personas.

Los trabajadores se miraban entre ambos cada vez que tenían que tomar un ejemplar. Las miradas entrecruzadas, las lágrimas en algunos rostros no eran por una batalla perdida, era porque se cerraba una ventana ante la lucha por la libertad de expresión.

Tocó apagar el sistema que por años imprimió las letras que marcaron la historia de un país, que relató los principales hechos que cambiaron el rumbo de una nación y que fue estandarte del periodismo a nivel mundial. Los obreros fueron testigos de primera mano del proceso en el que tuvieron que apagar la gran máquina de acero, cerraron la puerta para algún día volver.

En sus mentes solo existe un pensamiento fijo: algún día volverá a estar en sus manos, algún día las letras azules volverán a estar dentro de los kioskos en todo el territorio nacional y sobre todo, un día El Nacional titulará “Venezuela volvió a la democracia”, por ahora nos vemos en la web.