Broken Caracas. Valla Savoy, autopista Francisco Fajardo (2019) / Arnaldo Espinoza©

Por MIRLA PÉREZ

I: el Estado Comunal

Hablar del poder cuando estás del lado contrario, resulta muy difícil. ¿Qué poder hay en el oprimido, en el sujeto del sometimiento y del control socio-político? ¿Tenemos poder quienes estamos del lado opuesto a la dominación?

Estas preguntas me las hago con mucho dolor. Han pasado 20 años de dominación, de juegos de poder conducido por unos hilos finos que han ido penetrando en la vida de cada uno de nosotros. ¿Quiénes podemos decir hoy que no hemos sido sometidos? ¿Quiénes podemos decir que tenemos libre tránsito por el territorio nacional y que podemos hacer lo que desde la libertad decidamos?

Nuestra libertad consiste en poder pensar y poder decir lo que pensamos; no sabemos hasta cuándo y esa incertidumbre es ya el límite que impone el control. Biopoder, lo llama Foucault.

El poder está en dos planos esenciales: el cuerpo y el Estado o sistema de control. Visto desde nuestra experiencia, hay que advertir que comenzamos a movernos, a actuar, a diseñar nuestra vida cotidiana como sociedad al modo como el poder lo va marcando. ¿Poder absoluto?

Desde nuestras vidas pareciera que fuera absoluto, total, sin fisura; pero en la realidad de su movimiento no lo es. El poder en los regímenes socialistas se ubica entre la fragilidad y la fortaleza. ¿Cuándo es frágil? Cuando el dominio está basado solo en la represión, en la censura, en el abuso, pero también es débil en el momento del reagrupamiento que busca la posición hegemónica de un grupo de poder sobre los otros. Dejo esta pregunta para el análisis: ¿qué mecanismos producen la fragilidad?

Ahora bien, su fortaleza está en el ofrecimiento de un cierto orden, de una cierta garantía de seguridad que produce emociones positivas. El ciclo que más se repite es el de necesidad-expectativa-necesidad-satisfacción mínima. De ahí la eficiencia del mecanismo de soltar el hilo y contraerlo.

Las carencias absolutas generan necesidades y malestar, si se satisface mínimamente detiene el malestar generando expectativas, aunque no elimine la necesidad en su totalidad, genera una mínima satisfacción que permite amarrar los hilos del dominio.

En la vida cotidiana nos encontramos con estos mecanismos permanentemente. Voy a tomar como ejemplo la gasolina. No hay gasolina, por tanto, el negocio ilegal aumenta, hay malestar por el desabastecimiento y por el costo. ¿Qué hace el régimen? Abastece y controla el precio a partir de un mecanismo de distribución.

Ni el abastecimiento ni el control de precio son absolutos, pero colocan el producto, se hace accesible, en ese juego de colocar y negar, tensar y soltar se van produciendo el control. Eso es poder. ¿Basta sólo entender el aparato del Estado o hay que meterse en las fibras que constituyen ese aparato de dominación? ¿Habrá que entender los mecanismos de poder que están dentro y fuera del aparato del Estado?

La entrada al mecanismo de poder es unas de las vía que plantea Foucault en sus análisis: “No pretendo en absoluto negar la importancia del aparato de Estado, pero me parece que entre las condiciones que deben reunirse para no repetir la experiencia soviética, para que no encalle el proceso revolucionario, una de las primeras cosas que deben comprenderse es que el poder no está localizado en el aparato de Estado, y que nada cambiará en la sociedad si no se transforman los mecanismos de poder que funcionan fuera de los aparatos de Estado, por debajo de ellos, a su lado, de una manera mucho más minuciosa, cotidiana.”

Estos son los mecanismos de poder, los dispositivos de control. En el sistema soviético podíamos diferenciar el aparato de estado y estos mecanismos no oficiales, minuciosos, cotidianos, fuera de las reglas de las estructuras formales. Estado-mecanismos como movimientos diferenciados. El poder de la nomenklatura que está ubicado fuera del aparato jurídico-político.

Frente al Estado comunal venezolano el señalamiento de Foucault es oportuno, sólo que el poder ya está encallado y avanza en fusionar los mecanismos de control en el aparato de Estado. ¿En qué consiste el poder del Estado Comunal? ¿Cuáles son los dispositivos de control que operan al margen del Estado? ¿Cuáles han sido integrados?  ¿En qué consiste su fuerza?

II: Estado comunal-delincuencial, ruptura del límite político

La premisa bajo la cual planteamos el problema del Estado comunal, la podemos enunciar de la siguiente manera: es necesario conocer los dispositivos de poder que operan en las estructuras de control, en este sentido, para vencer al que nos domina hay que conocerlo.

Lo primero en advertir es que el poder no reside solo en las estructuras formales. ¿Qué es lo formal? El Estado comunal que opera en medio de fuerzas que mueven la dinámica del poder. ¿En qué consisten esas fuerzas y cómo están estructuradas?  ¿Dónde reside el verdadero poder?

Dicho por Freddy Bernal, el poder reside en el aparato de control comunal, “todo el poder para los CLAP”. ¿Por qué el CLAP y no el Consejo Comunal? El sistema juega con las estructuras que va creando, las que son funcionales quedan y las que no se eliminan o se subsumen en las que se eligen. Es una labor permanente. En este caso el CLAP, que es más que la caja, es una estructura de poder político-territorial en la que convergen las distintas fuerzas vivas del control: Consejo Comunal, milicias, delincuencia, delimitación del territorio lo más fragmentado posible a partir de unidades micros como la calle; el gobierno está en el jefe de calle.

El Consejo Comunal representó la transición entre el modelo vecinal inserto en la noción de municipio y la nueva estructura de poder centrada en la Comuna, hoy avanzó hacia el CLAP. La estructura del “poder popular” está conformada por dos grandes bloques: el Centro y la periferia.

En el Centro está el Ministerio de la Mujer, el Frente Francisco de Miranda, la UBCH y las FANB que ha incorporado a las milicias como quinto componente y en la periferia o base del poder están los jefes de Calles, los milicianos y cuerpo de combatientes (colectivos), los pranes (con la mano invisible del ministerio de penitenciaría), los Consejos Comunales y las RAAS.

Queremos llamar la atención y advertir, al mismo tiempo, que estamos en la fase en la que se ha planteado la fusión entre el poder comunal y el poder delincuencial. Lleva años avanzando. El modelo del PRAN se ha venido extendiendo bajo la sombra del Estado, protegido y favorecido por él.

¿Fortaleza? La fortaleza está en haber fusionado dos poderes de naturaleza distintas: el comunal y el delincuencial. Política y crimen interactúan en espacios específicos reconfigurando el poder territorial. Ya, hoy, año 2020, estamos forzados a pensar fuera de la definición de nación. El aparato comunal junto con las bandas organizadas, van teniendo el poder de controlar el tejido social.

¿Debilidad? Para el régimen es muy difícil lograr la solidez en medio de un sistema de relaciones delincuenciales donde la lealtad se está rehaciendo a diario. Cuando la pregunta por el poder y los mecanismos para alcanzarlo está en permanente construcción en medio de una población que no lo aprueba, es como caminar sobre un campo minado.  El chavismo se hace débil cuando los únicos recursos que tiene es el terror, el control y el aislamiento. ¿Podemos pensar la debilidad de ellos? ¿Podremos pensar el poder más allá de los dispositivos de control?

En este escenario, ¿cómo entran las organizaciones socio-políticas? ¿Cómo pueden hacer políticas los partidos de origen democrático en medio de esta nueva geometría del poder?

III: ¿Se puede hacer algo?

Una nueva geometría del poder viene produciéndose en Venezuela. Unas veces bajo el silencio de la cotidianidad y otras bajo el ruido del terror que generan las estructuras criminales. Desde abajo, desde la base de la sociedad y las comunidades vamos viendo cómo el poder comunal avanza.

En el Centro de Investigaciones Populares, hemos venido trabajando e interpretando estas estructuras. En las comunidades vemos señales inequívocas de una alianza criminal y política, el “Estado” se diluye en las fuerzas delincuenciales que son canalizadas, a su vez, por las instituciones del “poder popular”. Dos poderes que se imbrican y se hacen uno. El crimen como sistema de gobierno.

Las muertes, nuestras muertes sucesivas, pasaron de ser muertes individuales, aisladas a muertes en masa. ¿Cómo podemos interpretar las continuas muertes en manos de los órganos de represión o en manos de la delincuencia organizadas? ¿No es la extorsión, el sicariato, o la organización de exconvictos fuerzas para sembrar terror? Estos son crímenes en masa. ¿Cuántos han muerto por represión y hambre en Venezuela?

En uno de sus artículos, Moreno señalaba: “El poder es demasiado peligroso para dejarlo expandirse sin claros y precisos límites. Fácilmente se vuelve malandro. La civilización puede definirse como el largo camino que las sociedades humanas han seguido para ponerle controles al poder en todos sus espacios, desde la familia hasta la política”.

Todo Estado limita la libertad y el poder, pero la tiranía arrebata la libertad y se hace dueño del poder, vacía al pueblo de toda posibilidad de autodeterminación.

Hoy podemos decir que el poder “político”, el poder del Estado, la tiranía se volvió malandra. Se cumplió el ciclo de conversión. Ya no es proyecto, es realización, se consumó. Está en el aparato del Estado y el aparato del Estado está en las comunidades. El socialismo arrebató a las comunidades sus organizaciones y su posibilidad de ser poder. El “poder popular” somete a las comunidades, ha logrado arrinconarla, pero ¿logró su obediencia?

¿Es imposible pensar el poder de las comunidades?, respondo con Foucault: “En cuanto a los movimientos sociales, populares, se les ha presentado como producidos por el hambre… nunca como una lucha por el poder, como si las masas pudiesen soñar con comer bien pero no con ejercer el poder. La historia de las luchas por el poder, y en consecuencia las condiciones reales de su ejercicio y de su sostenimiento, sigue estando casi totalmente oculta”.

¿Se puede hacer algo cuando tenemos comunidades tomadas por la delincuencia y el aparato comunal? ¿Cómo se puede hacer política en medio del control? Sin dejar de preguntar: ¿qué vías ha encontrado el pueblo para ir en contra del sometimiento?

Lo primero es tener claro que toda lucha en el espacio público, en las comunidades, más allá de la familia, está marcada por el poder. Lo reivindicativo, la denuncia porque no llega el gas, la tranca de la calle porque no tenemos agua, las protestas porque el servicio eléctrico colapsó, son demandas y luchas con sentido de poder. Las comunidades plantan la cara a la tiranía diciendo estas son las exigencias, reconocemos quiénes son los responsables.

Para que esta fuerza comunitaria, de la ciudadanía, de los gremios, etc., se conviertan en poder es necesaria la articulación, el enlace, el tejido, la conversión de lo local en regional y lo regional en nacional. Esto que hacen nuestras comunidades ya es una demostración de poder y se produce en medio de un sistema con las características descritas hasta ahora.

Frente a este contexto, ¿cómo pensamos la disidencia y los movimientos populares? ¿Hemos hecho todo lo que como sociedad hemos podido? Preguntas abiertas para la próxima entrega, pero me adelanto en decir que no lo hemos hecho todo, el logro será una satisfacción, pero sin perder de vista el camino. “La auténtica plenitud vital no consiste en la satisfacción, en el logro, en la arribada. Ya decía Cervantes que ‘el camino es siempre mejor que la posada”. Ortega, en La Rebelión de las masas.

La deseada libertad es el punto de llegada, pero el camino para lograrla es vital. Hay que hacer el camino con honestidad y apertura.

IV: La desobediencia

En este sentido: ¿cómo pensamos la disidencia y los movimientos populares? ¿Hemos hecho todo lo que como sociedad hemos podido?

Desobedecer es contrapoder. Constituye unas de las acciones fundamentales contra la dominación. En la desobediencia hay tres elementos claves: discernimiento, determinación y decisión. Esta disposición ubica a la persona, a los movimientos sociopolíticos, a la sociedad misma a pensar y actuar desde la distinción.

¿Qué implica el contrapoder? Obligación de generar caminos propios y distintos a los que se plantean desde la dominación. Partiendo del discernimiento, tomar decisiones que lo diferencien del poder del tirano, tanto en el campo del discurso como en el de las prácticas. Desde el Centro de Investigaciones Populares hemos venido explorando posibilidades de acción política fuera de las determinaciones del aparato comunal de dominación, pero entendiendo la estructura y naturaleza del poder que le constituye.

En el campo del discernimiento, hemos ido planteando un conjunto de interpretaciones que tiene como objeto el Estado Comunal, pero el poder que encontramos es más amplio que el solo aparato jurídico, normativo o institucional. ¿De qué fuerza se trata?

En nuestros estudios hemos encontrado distintos signos que van indicando la naturaleza de este poder; su fuerza consiste en haber roto el tejido social, haber vaciado de significado las viejas organizaciones democráticas y en su lugar haber instituido este poder comunal sin sentido comunitario. Eliminaron en lo comunal la noción de liderazgo y, en su lugar, colocaron jefes, esto es, gente que mandan porque tienen poder, pero sin auctoritas. La fuerza del sistema está basada en ese mecanismo de tensar y soltar, y en haber constituido pequeños grupos de poder.

De los Consejos Comunales pasaron a los CLAP, instancia que integra en una estructura el poder delincuencial-cívico-militar. Son grupos élites, organizaciones que se distinguen de los movimientos naturales de las comunidades, pero que ejercen el dominio; no requieren aceptación sino solo sometimiento. No tiene que ser masivo, un pequeño grupo basta para el control.

“…Un estado totalitario en sentido estricto es un Estado en el cual los partidos políticos, los aparatos de Estados, los sistemas institucionales, la ideología, se confunden en una especie de unidad que se controla de arriba abajo, sin fisura, sin lagunas y sin desviación posible…”. Esta definición foucaultiana es fundamental, nos lleva a precisiones inequívocas del poder totalitario.

El totalitarismo penetra las distintas esferas de la vida, pero su poder es ejercido por una minoría. Poder de pocos sobre los muchos: someten, eliminan, exterminan. Los sistemas totalitarios no se centran en el dispositivo, se centran en el sentido, en el horizonte, en la línea de poder. Si un dispositivo no sirve, es inmediatamente sustituido por otro, por ejemplo, el CLAP que sustituye al Consejo Comunal, de este modo no se pone en peligro el proyecto de dominación.

“¿Los procesos de dominación no son más complejos, más complicados que la guerra?”, pregunta hábilmente nuestro filósofo francés, interrogante fundamental, que nos lleva a precisar que las estrategias frente a la dominación debe deslastrarse de las prácticas y discursos del que domina y crear acciones independientes que quiebren el dominio.

El dominio no lo ejerce la “coalición dominante”, su fuerza está más allá del aparato que controla, por tanto, la estrategia no es el quiebre sino la producción del contrapoder.

De modo que determinación y decisión debe contener voluntad política, ir a los sujetos donde reside el poder, no se trata solo de minar el poder establecido, sino elaborar un contrapoder y con esto respondo la segunda pregunta: no hemos agotado ni como sociedad ni como comunidad la fuerza que poseemos.

El poder que puede enfrentar al totalitarismo, lo tenemos nosotros, nuestras comunidades, somos mayoría y lo primero que hay que producir es la conciencia de ser mayoría, no electoral, sino política. El método se irá elaborando a partir del reconocimiento y acompañamiento de lo que puede ser un gran movimiento centrado en la desobediencia.


Enlaces a los artículos originales publicados en el portal Efecto Cocuyo:

Primera entrega: https://efectococuyo.com/opinion/poder-y-estado-comunal/

Segunda entrega: https://efectococuyo.com/opinion/estado-comunal-delincuencial-voluntad-de-poder/

Tercera entrega: https://efectococuyo.com/opinion/comunidades-organizadas-voluntad-de-poder/

Cuarta entrega: https://efectococuyo.com/opinion/voluntad-de-poder-la-desobediencia/


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