marx y engels
“Marx y Engels, el bromance” / Danilo Castelli | Medium

Por ANTONIO GARCÍA PONCE

Un personaje clave del comunismo venezolano de los años 1930 a 1950, Ricardo Arturo Martínez, mejor conocido como “Rolito”, era, hacia 1919, un joven inexperto en busca de trabajo en Nueva York. Solía entablar con su amigo y compatriota, Mariano Fortoul, larguísimas discusiones que alcanzaban altos decibeles acerca de temas muy variados de la vida corriente o de la retórica más trascendental. Aunque con muchos ruidos, eran debates de simple calistenia intelectual.

En una ocasión, Fortoul defendía ciertas posiciones afines al socialismo, influido como estaba por la actividad de los socialdemócratas estadounidenses, y tildó a Martínez de conservador, que no sabía lo que era socialismo, comunismo o marxismo. “Rolito” acusó el golpe y retó a su amigo a un debate más profundo sobre estos temas para demostrar su pleno conocimiento de las ciencias sociales. Buscó libros, leyó revistas, se empapó de los escritos de Marx, Engels y Lenin y pudo desatar luego, con la algarabía característica de aquel torneo entre cerebros inquietos, todo el dogma marxista. Pero, quedó tan impresionado por el rigor de los postulados de la revolución del proletariado que al punto se hizo comunista.

Entonces, “Rolito” se acerca a los norteamericanos y se hace muy amigo del jefe de la juventud comunista, Gil Green, quien lo introduce en las jerarquías del movimiento, presentándolo como el potencial líder del comunismo venezolano y latinoamericano. Se une a los grupos de los exilados venezolanos en Nueva York e ingresa en la Unión Obrera Venezolana, la que lo designa delegado ante la Internacional Sindical Roja (Profintern). Asiste al IV Congreso de la Profintern, celebrado en Moscú en 1928, y concurre como delegado de esta al VI Congreso de la Internacional Comunista (I.C. o Komintern), que sesiona también en Moscú, entre los meses de julio y septiembre de 1928.

“Rolito” pasa a trabajar en el Buró del Caribe de la IC, dirigido por el comunista estadounidense Alejandro Bielmann, y en 1929 marcha al Sur, para participar en la Primera Conferencia Comunista Latinoamericana, en Buenos Aires, del 1 al 12 de junio de ese año. Pasa a Chile, donde va a vivir durante largo tiempo, trabaja con el comunismo chileno y toma como “compañera” a una camarada chilena.

En 1938, Martínez está de nuevo en Nueva York. El tirano Gómez ha muerto y decide volver, en 1941, a Venezuela. Su sólida preparación política, su conocimiento a fondo de la teoría marxista y su rica experiencia internacional causan una viva impresión entre los comunistas venezolanos, de modo que pasa inmediatamente a formar parte de la Dirección Nacional del partido, todavía clandestino, y de su respiradero legal, Unión Popular Venezolana (UPV). Se le empieza a llamar “el Lenin de América”, tanto por su bagaje de conocimientos del marxismo-leninismo como por su aspecto físico, que recuerda al líder de la Revolución rusa: baja estatura, cuerpo animado por constantes movimientos nerviosos, y tendencia a la calvicie. Sin embargo, para aquel momento son raros sus escritos sobre teoría y táctica, y muy escasas sus intervenciones en actos masivos, aunque es el segundo a bordo y amigo íntimo y consejero político de Juan Bautista Fuenmayor, el secretario general del partido. Su figura descuella entre un grupo de brillantes dirigentes comunistas: Carlos Irazábal, Miguel Otero Silva, Ernesto Silva Tellería, Alfredo Conde Jahn, Pedro Juliac, Rodolfo Quintero, Carlos Augusto León, Eduardo y José Antonio Gallegos Mancera, Guillermo Veloz Mancera, Rafael “Chicho” Heredia, Fernando Key Sánchez, Eduardo Recagno, y los líderes obreros Martín J. Ramírez, Francisco J. Arrietti, Jesús Faría, Max García y otros.

Hacia 1945, un rasgo persistente en la historia del comunismo venezolano, que es su eterna diatriba interna, conduce a la separación de los marxistas en dos aguas: la de Fuenmayor y “Rolito” Martínez, y la de los Machado (Gustavo y Eduardo), Luis Miquilena y Cruz Villegas. El primer grupo logra legalizar el Partido Comunista de Venezuela (PCV). Estalla, entonces, el golpe de los militares en alianza con Acción Democrática el 18 de octubre, y el país es convocado a las primeras elecciones universales, directas y secretas. Los dos grupos marxistas, con la intermediación del Partido Comunista de Cuba, convocan a un congreso de unidad. Asoma en el camino una piedra de tranca, “Rolito” Martínez, uno de los hombres más polémicos del movimiento. Pero, en aras del movimiento unificador, “Rolito” es sacrificado como dirigente, y en julio de 1946 se anuncia su partida a México para una residencia que va a ser larga. Como despedida, se le ofrece una gran cena de homenaje, y allí él, eterno amante de los ejercicios físicos, rifa su bicicleta.

La unidad de los comunistas es frágil y precaria. En 1950, a raíz de la huelga petrolera, el partido es ilegalizado. Juan Bautista Fuenmayor se ha opuesto a la huelga, por considerarla un simple pretexto golpista de los adecos y se separa del PCV. En 1951, la VI Conferencia Nacional del partido anuncia la expulsión de sus filas de un grupo fraccional liquidacionista, donde figura también Martínez.

“Rolito” no vuelve más nunca a la actividad política. Se dedica, más bien, a escribir. Entre sus libros figuran El panamericanismo, doctrina y práctica del imperialismo (1957) y A partir de Boves (1963), una revisión de los principales episodios de la historia venezolana, desde la sociedad precolombina hasta la Independencia, a la luz del método dialéctico materialista.

Ricardo Arturo Martínez nació en Borburata, estado Carabobo, el 24 de diciembre de 1898, hijo de Ricardo Martínez Aurrecochea y Juanita Benítez Michelena. Tuvo como hermanos a María Teresa, que casó con Mariano Fortoul; Julio, que casó con Mery Lange; Luis, que casó con Alicia López Méndez; y Luisa, muerta a los dos años.

Los cuatro hermanos Martínez eran de baja estatura, lo que originó una vez una salida chistosa de Miguel Otero Silva, huésped de ellos durante un año en el Norte. Fueron a un circo y allí uno de los animadores invitaba con insistencia a ver el show de los enanitos y tomó por el brazo a Miguel para que entrara, pero este se sacudió, diciéndole:

―Con los Martínez tengo enanos de sobra.

Fue hacia 1916 cuando los hermanos Martínez emigraron a Nueva York. “Rolito” encontró trabajo luego de aprender a escribir a máquina, y su hermana María Teresa empezó a coser ropa en casa, tarea que le entregaba un comerciante del ramo. A través de este comerciante, conocen a los hermanos Fortoul, porque también ellos recibían ropa en casa para coser. Entablan estrecha amistad y María Teresa se casa con Mariano Fortoul, y todos luego se hacen comunistas. María Teresa llega a ser militante de la célula de Las Pasionarias del Partido Comunista de Estados Unidos, y activa propagandista por la libertad de los presos políticos del gomecismo. Luis se hace corresponsal de la agencia de noticias soviética TASS en la Gran Manzana, y Aurelio, Mariano y Carmen Fortoul emprenden la tarea, en 1931, de fundar el partido comunista venezolano en Caracas. A comienzos de mayo arribó a Venezuela un delegado de la Internacional Comunista (Komintern), de nombre Joseph Zack Kornfeder, para ayudar a fundar el PCV. Trajo ya redactado el primer manifiesto del partido, así como los sellos y carnets de la organización. Dictó un cursillo elemental y uno superior de capacitación marxista y dio los primeros pasos para la constitución de los principales organismos del partido en el país. El 29 de mayo de 1931 fue detenido y llevado a La Rotunda, junto con los primeros militantes venezolanos. Por gestiones de la misión diplomática de los Estados Unidos fue puesto en libertad a mediados de junio y salió del país. No habló de su vida anterior a su aventura venezolana, pero se supo que una vez dijo que había nacido en Scranton (Estados Unidos) y otra vez que en Checoslovaquia. En Venezuela pensaron que era alemán. En realidad, era de origen checo, nacido en 1898, y naturalizado norteamericano en 1948 en una Corte Federal de Michigan. Se afilió al Partido Comunista de los Estados Unidos en Nueva York, en 1919, cuando era obrero peletero. Se destacó en la organización partidista en Yorkville y Harlem, fue promovido a miembro del comité de distrito y, finalmente, a miembro del Comité Central del partido. Enviado a Moscú en 1927, fue cursante de la Escuela Leninista y combinó, por tres años, sus estudios con un entrenamiento militar en el Ejército Rojo. Después de su expulsión de Venezuela, se convirtió en Secretario del Consejo de Unidad Sindical de los Estados Unidos, de inspiración comunista, que fungía de centro sindical paralelo a la American Federation of Labour (AFL). En los años de 1933-34 desempeñó labores sindicales en Ohio. En 1934, abandonó el partido comunista, disgustado con su línea cambiante, según confesó luego. Trabajó en plantas automovilísticas en Detroit y se incorporó al ejército norteamericano después del ataque japonés a Pearl Harbour (7/12/1941). Luego, durante la era del maccartismo, fue llamado a menudo como testigo ante el comité del Congreso que investigaba las actividades comunistas anti norteamericanas. Vivió al final de su vida en Royal Oak, un suburbio de Detroit, y murió de un infarto en Washington el 1º de mayo de 1963.

Muerto Gómez, el PCV se organiza como tal en 1937. En 1938, un larense llamado Jorge Saldivia Gil es nombrado Secretario General interino del partido. En este cargo, usa el pseudónimo de “Roy”. Había nacido en Humocaro Alto el 2 de enero de 1912, hijo de Félix Miguel Saldivia, de origen libanés; y de Isabel Gil Sánchez. Cursó la educación primaria en El Tocuyo, y la secundaria en el colegio “La Salle”, de Barquisimeto. En 1929, a raíz del alzamiento del general José Rafael Gabaldón, con el cual simpatizó, su familia lo envía a Europa. Cursa estudios en la Escuela Especial de Trabajos Públicos de París (1929-1934) donde se gradúa de ingeniero arquitecto. Durante su estancia en Francia se afilia al Partido Comunista Francés. En Venezuela organiza sindicatos y participa en la constitución de partidos políticos, entre ellos el Partido Republicano Progresista (PRP) y el Movimiento de Organización Venezolana (ORVE). En el curso del año de 1936, es llamado por el presidente del estado Lara, general José Rafael Gabaldón, para ejercer el cargo de arquitecto municipal, y dirige así la construcción del matadero de Barquisimeto, la casa de gobierno de Quíbor, y casas de vivienda familiar. Forma parte del grupo de dirigentes políticos expulsados del país, en marzo de 1937, acusados de actividades ilegales y comunistas. Reingresa clandestinamente a los pocos meses, llamado por el partido comunista. Una carta suya, enviada por los canales secretos, al dirigente comunista Carlos Irazábal, residente en México, es interceptada por la policía y publicada por el diario La Esfera, hecho que, entre otros, sirve de pretexto a la Corte Suprema de Justicia para negar la legalización del Partido Democrático Venezolano, suerte de respiradero marxista. Por tal motivo, Saldivia Gil es acusado por sus camaradas de haber violado las normas de la clandestinidad y haber servido de provocación al enemigo, de modo que el Buró Político lo destituye del cargo y como medida disciplinaria adicional le ordena trasladarse al estado Zulia a realizar trabajo de base entre los obreros. Saldivia llega a Maracaibo y se esconde en la casa de Helímenes Villalobos. Enferma de un furúnculo en la nariz, no puede solicitar atención médica y la infección progresa hasta provocarle una septicemia. En esas condiciones, es llevado al hospital Urquinaona de Maracaibo, pero ya es muy tarde. Allí muere el 21 de noviembre de 1938.

Volvamos a “Rolito”. A partir de 1941, solo él, de los hermanos Martínez, persiste en su militancia activa. Julio, mejor conocido como “Cara’evaca”, monta el bar “Windsor”, acunado en un bosquecillo de Los Caobos, frente al Hotel Hilton, adonde acude toda la intelectualidad marxista o filomarxista a beber buen whisky. Luis es secretario del Congreso Nacional por muchos años, y María Teresa se dedica a la vida hogareña. Su hija Olga, a quien se debe mucha de la información aquí reseñada, cuenta que cuando Mariano quiso regresar al país, el presidente Eleazar López Contreras mostraba cierta reticencia, y fue cuando se le dijo que Mariano no era de temer, a lo que el presidente respondió:

―No es a él, sino a su mujer a quien le temo.

Cuando en una ocasión, hacia 1940, “Rolito” sospechó que lo iban a detener, se refugió en la casa de José Antonio Marturet, industrial y futuro dirigente del Partido Democrático Venezolano (PDV). Pasado el peligro, de todos modos siguió allí viviendo. Simpático, muy amigo de los niños, se hizo un miembro más de la familia, y adoraba a los hijos del matrimonio Marturet-Guerrero: Toño, Carmencita, Mariflor y Diana. Pero, la pareja tenía sus desavenencias. José Antonio, que fue ministro consejero de la primera embajada venezolana en la Unión Soviética (1945) amaba recluirse en su finca “La Marturetera”, en Río Chico, y tuvo varios hijos naturales. Marisa Guerrero sufría intensas depresiones, y el divorcio se hizo inevitable. Ya divorciada, un día, en Londres, se casa, a mediados de los 60, con “Rolito”, el gran amigo de la casa. Vivieron felices, un amor tranquilo y sereno.
En 1985, pasados los 80 años, murió a quien se le llamó una vez “el Lenin de América”.