Barry es irascible. Tiene una empresa de artículos de limpieza, y siete hermanas que invaden su privacidad y le dicen qué hacer. Por mala suerte, una mujer que trabaja en una línea caliente quiere extorsionarlo. Vestido de blanco y azul, Barry hace juego con las paredes de líneas rectas de su oficina, pues su personalidad no admite la impredecibilidad de la curva.

Una de sus hermanas ha llegado a verle al trabajo para presentarle a una amiga, Lena. La escena es hostil, porque la personalidad de Barry, aunque lleve un velo de fina afabilidad, lo es también: los movimientos de cámara son repentinos y la luz resplandece hasta cegar, la música que acompaña fuera de la diégesis es ruido de metales como el escándalo de una fábrica o una cocina en plena faena; todo mientras suena el teléfono, su hermana le hace preguntas, y uno de sus empleados se estrella contra las paredes sobre una máquina de carga. Una tormenta perfecta para el brote de ira del personaje, quien por lo general desespera hasta la violencia con que haya una sola presencia en su espacio personal, su oficina-cueva, cuya oscuridad llegó a contrastar con el resplandor de fuera.

Pero no: Lena está allí. Cuando ella le habla, aunque el caos no se detenga, su ira se va y da paso a una tierna indiferencia por el desastre alrededor. Le cuelga a la extorsionadora las veces necesarias, pretende que le importa lo que pasó con la carga o las tonterías de su hermana. Y es que Punch-Drunk Love funciona como una comedia romántica sofisticada, a la vez que un drama sobre un hombre siempre inseguro y a la defensiva, donde el color y la luz son pilares de su forma, signos de la psicología de los personajes. En Barry, la incomodidad y el miedo a los demás se percibe en el haz de luz que aparece constantemente. Los cielos se verán entre azul y blanco al inicio, y se tornarán colorados con la llegada de Lena, así como los espacios que empiezan a cohabitar. Lena va de rojo porque es el opuesto al azul de Barry en el espectro de colores, y veremos cómo a medida que se van enamorando cambian sus atuendos a morados y púrpuras: la fusión de colores lo es también de las almas. Es por eso que al por fin besarse, P.T. Anderson fotografía a los protagonistas a contraluz. La ausencia de todos los colores es esa sombra que Barry guarda para sí, su espacio de seguridad.

Punch-Drunk Love (EEUU, 2002). Dir. Paul Thomas Anderson