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“Sermón y andanzas del anticristo” (detalle) / Luca Signorelli

Por Wilfredo Velásquez R.

La negociación para los comunistas, de acuerdo con la categoría marxista-leninista, siempre ha sido concebida como una estrategia aplicada en tiempos de debilidad, utilizada para distraer al adversario mientras se recuperan fuerzas y después, fortalecidos, arremeter con mayor violencia hasta destruir al enemigo.

En el caso venezolano lo han hecho en varias oportunidades, con relativo éxito, gracias al colaboracionismo de una parte de la “oposición”.

Para negociar una salida a la muy grave situación del país, resulta necesario definir algunas cuestiones fundamentales, entre ellas, en primer lugar, cuál es el objeto central de la negociación; en segundo lugar, quiénes son los actores de esta negociación, en los ámbitos nacional e internacional, cuáles son los intereses en juego, intereses políticos, económicos y, de manera particular, los intereses geopolíticos, considerando el papel que juega Venezuela en el actual reacomodo de los centros de poder global; y en tercer lugar, la estrategia de negociación.

En cuanto al objeto de la negociación, debemos entender que más allá del cese a la usurpación, lo que está en juego es la sustitución del modelo económico socialista por el modelo capitalista neoliberal. Es decir, socialismo vs. capitalismo.

Debemos reconocer que la prédica socialista en Venezuela tiene muchos años y que ha venido escalando importantes logros a escalas social y educativo, al principio, en nuestras organizaciones sindicales, la mayoría de marcada tendencia comunista, luego en nuestros liceos.

Durante las luchas por el control de los centros de estudiantes, la conversión al socialismo de nuestros jóvenes fue tan efectiva que en los años 60 y 70 apenas algunos pocos centros de estudiantes de educación media pudieron ser ganados por Acción Democrática o Copei, la mayoría permaneció en manos de las organizaciones de tendencia comunista. El mayor logro de esta prédica se evidencia en nuestras universidades, donde, después del proceso de renovación adelantado en la UCV, se impuso el materialismo histórico (herramienta utilizada inicialmente por Marx y Engel) como metodología de investigación y estudio dominante, de manera que la mayoría de los salidos de sus aulas terminamos siendo expertos en el manejo de las categorías marxistas, metodología que posteriormente trasladamos al ejercicio profesional, a modo de penetración comunista, silente y efectiva, la usamos como si fuera una herramienta universal, nunca la cuestionamos. La utilizamos tanto que la mayoría de los más importantes documentos de gobierno, como los planes de la nación, expresan dicha tendencia, tal como se evidencia en el V Plan de la Nación. La penetración comunista ha sido tan efectiva que hasta los llamados dirigentes de derecha usan las categorías marxistas en su quehacer político. Podríamos afirmar que en Venezuela la derecha también es comunista en su análisis y lenguaje. Si a todo esto le sumamos los 20 años de profunda ideologización adelantada por el chavismo, podemos entender la polarización existente hoy día y el peso que tiene en el proceso de negociación.

En cuanto a los actores nacionales, en el sector democrático, es justo reconocer como actor principal a la Asamblea Nacional por ser el único organismo con legitimidad de origen. De ser democráticamente posible se podrían excluir a los partidos, dado que allí están representados los principales.

En lo referente al gobierno en ejercicio se deben reconocer como actores suficientemente autorizados, al sector del gobierno-PSUV, que comprenda y acepte que desde el gobierno no pueden resolver la compleja crisis que vive el país, que resulta conveniente para ellos retirarse estratégicamente para poder redefinirse ideológica, social y políticamente, y de esa manera poder reagrupar sus fuerzas, recuperar el vínculo con los sectores populares y mantener el chavismo vivo, aceptando que el “madurismo” no existe.

Participar en unas elecciones libres y transparentes, deslastrados del madurismo, les brindaría excelentes posibilidades de recuperación de la aceptación popular, más aún si cuentan con un candidato joven, con experiencia gerencial, inclusivo y conciliador. Si consiguen que la oposición vaya dividida lograrían, aun, mejores resultados.

En cuanto a los actores internacionales, debemos aceptar que Venezuela está en el epicentro de las fuerzas que pugnan por definir los nuevos centros de poder, que en nuestra hermosa geografía concurren importantísimos intereses económicos de las principales fuerzas que actualmente se disputan el control mundial y que, a pesar de lo mucho que se dice de un mundo multipolar, la realidad es que seguirán siendo dos polos, solo que ya no estarán ubicados en un solo país hegemónico, sino que serán dos grandes bloques con protagonismos alternos, según cómo se desarrollen las tensiones regionales y globales. La guerra fría ya no será tan fría, las confrontaciones armadas se darán en los países de las respectivas periferias, mientras que la guerra de información será dirigida desde los países hegemónicos. Venezuela está en la periferia del grupo que integran Rusia y China.

Este bloque, después de superada la confrontación que mantuvieron por décadas por el control de las organizaciones comunistas del tercer mundo y que duró hasta la desintegración de la Unión Soviética, tiene ahora su partida de nacimiento en el Tratado de buena vecindad y cooperación amistosa, entre la República Popular China y la Federación Rusa. Dicho acuerdo fue firmado el 16 de julio de 2001, promovido inicialmente por Rusia, herederos legítimos de las pretensiones imperiales de la Unión Soviética. Dicho tratado está concebido como un acuerdo estratégico.

Considera entre otros aspectos, un pacto de defensa y cooperación militar, además del muy discreto detalle de uso indiferenciado del yuan y el rublo, en sus procesos de intercambio comercial, con el claro propósito de desestabilizar el dólar; es decir, a la economía occidental.

Mediante este acuerdo realmente integran un movimiento geoestratégico de control mundial de largo aliento. Algunos eventos internacionales evidencian los primeros pasos en ese sentido; por su lado, China, abre su frente expansionista tratando de incorporar (¿anexarse?) a Taiwán, con su vieja propuesta de un país dos sistemas. Rusia se anexiona a Crimea mediante un manipulado referéndum, violando los acuerdos y estatutos vigentes en Ucrania, y mantiene a Venezuela, Nicaragua, Cuba y Siria en su órbita. No solo tiene el voto alineado de estos países en la Asamblea de las Naciones Unidas, sino que cuenta con Venezuela en la OPEP, que eventualmente podría defender las políticas petroleras rusas. La confrontación entre estos dos frentes involucra tanto a Venezuela, que hasta empresas venezolanas, como Citgo, se ven envueltas en la diatriba. Si Citgo es controlada por los rusos se convertiría en una punta de lanza de penetración de la economía estadounidense; si por el contrario, el control lo toma alguna empresa del Bloque Occidental, disminuiría enormemente esa posibilidad.

China tiene considerables inversiones en Venezuela y en algunos de los países que integran el Grupo de Contacto, además de estar realizando importantes inversiones en Cuba, como por ejemplo el sistema de trenes.

El Segundo Bloque (al que llamaré el Bloque Occidental), menos homogéneo, está en proceso de integración, y lo integrarán Estados Unidos, la Unión Europea, con las cabezas visibles de Francia y Alemania. En esta fase de integración de los bloques se dan situaciones tan variables e imponderables como los casos de Alemania y Turquía. Turquía, a pesar de pertenecer a la OTAN, acepta el establecimiento de una base de misiles rusos cerca de Ankara, lo que seguramente la conducirá a separase del Tratado del Atlántico Norte y a alinearse con Rusia y China. Alemania, pese a ser el líder económico de la Unión Europea, acentúa su dependencia del gas ruso creando una situación impredecible para Europa, al permitirle a Rusia penetrar a Europa brindándole la posibilidad de energía segura.

En este escenario mundial, las democracias menos consolidadas del mundo pasan a ser la periferia del grupo occidental, los gobiernos dictatoriales del mundo y los radicalismos islámicos integran la periferia ruso-china.

Debemos considerar, de acuerdo con el escenario descrito y dado los enormes intereses, económicos y geopolíticos, que estos grupos tienen en Venezuela como principales actores internacionales de la negociación a Rusia, China, Irán y Cuba, además del Grupo de Contacto como actores a favor del régimen de Maduro.

La negociación que se está dando en Venezuela tiene que ver con la integración de estos dos grandes polos; no se trata solo de la salida de Maduro.

Los actores de lo que llamo el Bloque Occidental deben ser Estados Unidos, la Unión Europea, la Iglesia Católica y el Grupo de Lima que termina siendo la herramienta equivalente al Grupo de Contacto que representa (¿?) los intereses chino-rusos en este ping pong mundial.

En este escenario debemos considerar a Noruega como un actor imparcial y un intermediador de buena voluntad.

Cuando propongo reconocerlos como actores de la negociación no propongo sentarlos a la mesa.

En cuanto a la estrategia de la negociación, empezando por los intereses internacionales en juego, debemos considerar que el país fue subastado por el gobierno, tratando de garantizarse los apoyos internacionales necesarios para mantener a la camarilla gobernante en el poder.

Al principio fue la entrega de nuestra soberanía y el financiamiento al gobierno cubano y a supuestos asesores, como el equipo español de Pablo Iglesias, para estructurar la maquinaria de dominación y control social que originó la sumisión de nuestras clases populares al gobierno; estos mecanismos ya han sido suficientemente descritos y son hartamente conocidos, después subastaron el petróleo en el Caribe para garantizarse el voto de los pequeños países caribeños en los organismos internacionales. Posteriormente financiaron los grupos de izquierda que asumieron el poder en Nicaragua, Ecuador y Bolivia, y otros que no tuvieron el mismo éxito; también financiaron sus gobiernos y cuando empezaron a mermar los recursos, asumieron enormes créditos internacionales con el supuesto propósito de invertirlos en infraestructura.

Cuando ya no pudieron honrar dichos compromisos, en gran medida, debido al desastre petrolero y a la baja de los precios del petróleo, declararon que ya no seríamos un país petrolero que íbamos a dejar de ser rentistas y solo dieron un viraje hacia la explotación minera indiscriminada, sin ningún tipo de control ambiental. De manera ecológicamente criminal, entregaron el resto de nuestra soberanía, otorgando concesiones mineras que comprometen seriamente el futuro del país.

Reconocer que esta criminal subasta nos comprometió profundamente con los actores identificados en párrafos anteriores, nos obliga a considerar el manejo (¿negociar?) de estos compromisos económicos, más allá de su significación geoestratégica. Por ejemplo, es conocido que los chinos desembolsan ingentes sumas de dinero para garantizarse la penetración territorial que les garantice, con vista al futuro, recursos naturales a sus 1.700 millones de habitantes (en cifras para hacerlo más evidente), como también es cierto que los rusos, hoy por hoy, tienen una economía inferior a la española, y que su fuerte es el negocio armamentista. De ambas cosas, préstamos y compra de armas, nos beneficiamos (¿o fuimos víctimas?). Estos compromisos pueden haber sido contraídos de manera ilegal, pero existen y comprometen el apoyo de chinos y rusos al gobierno de Maduro, como garantía de recuperación.

En cuanto a Cuba e Irán, debemos preguntarnos: ¿Cuba se está jugando la supervivencia de la nueva camarilla de gobierno en Venezuela?, ¿están dispuestos a que su sistema de dominación y hambre, amparado en el sistema socialista, desaparezca?, creo que las dos preguntas tienen respuesta negativa; en lo referente a Irán, las preguntas tendrían que ver, probablemente, con los minerales estratégicos, pero indudablemente, también tiene fuertes intereses en Venezuela, compromisos que solo la permanencia de Maduro en el gobierno le garantiza su recuperación.

¿Cuál debe ser, entonces, la estrategia de negociación con estos actores?

La correcta debe surgir de equipos especializados nombrados por la Asamblea Nacional, propuestas de acuerdos que puedan ser discutidas con discreción “diplomática”, que no comprometan nuestra Constitución, que sean moral y éticamente viables.

¿Cómo negociar con estos actores?

La estrategia no es fácil de definir, pero se puede pensar que deberían iniciarla los equipos de intermediación. (Noruega, Grupo de Lima, Grupo de Contacto y probablemente la iglesia) a solicitud de la Asamblea Nacional, para iniciar la exploración de estos posibles acuerdos.

Por ejemplo, ¿qué condiciones deben reunir los préstamos para ser reconocidos?, ¿está el nuevo país dispuesto a mantener relaciones que permitan la continuidad de los proyectos?, ¿deben salir esos países del Arco minero?

En cuanto a Cuba, ¿estaría Estados Unidos dispuesto a no aplicar, por ahora, la Ley Helms Burton?, ¿estaría dispuesto a abrir un abanico de negocios, o por lo menos a iniciar una ronda de negociaciones que permitan ampliar el turismo desde Estados Unidos hacia Cuba, o a permitir la inversión privada estadounidense en Cuba?

Estratégicamente esta sería una iniciativa importante que ayudaría a resquebrajar el apoyo incondicional que estos países brindan al actual gobierno.

En cuanto a la estrategia de negociación con los actores nacionales, debemos partir del reconocimiento del chavismo como una realidad insertada en el corazón de muchos venezolanos; aceptar que Chávez supo convertirlo en un sentimiento tan profundo como el que implantó Rómulo Betancourt en los adecos. El chavismo seguirá existiendo, pese a que el gobierno de Nicolás Maduro, marcado por la corrupción reinante, erradicó ese sentimiento en una gran mayoría.

Debemos aceptar y reconocer que para construir una Venezuela en paz, es necesario abrirle los espacios de participación con las condiciones de igualdad, justicia y transparencia democrática que ellos le negaron al país.

En cuanto a los dirigentes del gobierno-PSUV, es tan grande el daño que algunos han causado que los términos de negociación, en este sentido, deben recogerse de sus propias propuestas y ser discutidos en petit comité de la Asamblea Nacional, petit comité que la Asamblea debe establecer obviando su reglamento como si de una emergencia se tratara. Dos tipos de amnistía deben ser negociados para facilitar la salida de Maduro, y la realización de elecciones, la amnistía personal de los dirigentes, y la amnistía de los capitales que les acompañan, si piden que se les respeten los capitales mal habidos, también deben proponer que están dispuestos a devolver al país.

En las negociaciones es inevitable hacer concesiones, no todos los involucrados pagarán. Más importante que todo lo que se puedan haber llevado es la recuperación del país y el restablecimiento de la democracia que nos permita vivir en libertad. Otra cosa son los crímenes de lesa humanidad que corresponden a la justicia internacional y no son negociables, podemos inclusive negociar el atroz crimen ecológico, pero esos nunca.
Hay otros actores de menor cuantía como la presencia de las FARC y otros grupos que tienen su propio peso específico, y que colateralmente se verán afectados por los resultados de las negociaciones, igualmente no consideramos, en este artículo, temas tan obvios como la integración del Consejo Nacional Electoral y el papel de la asamblea nacional constituyente.

Por supuesto, también este análisis está hecho de acuerdo con la concepción materialista de la historia; tal vez deba agradecérselo a Gueorgui Plejánov o a mis antiguos compañeros de militancia.

Cierro este artículo dejando estos comentarios con el propósito de enriquecer el debate.

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“Sermón y andanzas del anticristo” / Luca Signorelli