Miguel Otero Silva / Archivo El Nacional

(A la manera de Garcilaso)

Ha medio siglo vengo encadenado
al mismo oficio por donde he venido,
y si no me rebelo enardecido
es porque tengo el corazón cansado.

Por cada rosa que mi mano ha dado
cien espinas mi pecho ha recibido,
a cambio del amigo que he perdido
doscientos enemigos he ganado.

Más lejos de querer lo que no quiero
y abrirle a mi esperanza desespero
fuerzas me da mi condición humana:

Escribo lo que veo simplemente
mi palabra llega hasta la gente
como la luz del sol cada mañana.

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(A la manera de Góngora)

Mientras la rotativa resoplante
exprime vidas en lagar de acero
y el linotipo con su pie ligero
dolores cuaja en urnas de diamante.

Mientras la negra tinta avasallante
oscurece la sangre del cordero
y en frágil hoja de papel grosero
se convierte el sollozo del amante.

Otra boca, otros ojos, otra frente,
la sombra siembran de la noche ardiente
con rojas flores, con amargo llanto.

Y yo torno al dominio de la noria
a limar duelos de la triste historia
para que tú lector, no sufras tanto.

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(A la manera de Quevedo)

Si un sujeto con alma de gorgojo
y otro con undular de lagartijo
se empeñan en aguarme el regocijo
con verde envidia y despechado enojo.

Si un tercero con trácalas de piojo
quiere nutrir su nombre a mi cobijo,
rata que desampara su escondrijo
y por herirme cobra sin sonrojo.

Y si un villano bajo vil influjo
me cubre de improperios sin tapujo
para hacerme perder el desparpajo,

yo ni siquiera arrugo el entrecejo
sino que los enlazo por parejo
y los mando al mismísimo carajo.