Winston S. Churchill (1942) / Reg Speller©

Por RAMÓN ESCOVAR ALVARADO

  1. Origen 

 

Durante su niñez recibió poca atención de sus padres. Nunca se destacó como estudiante ni como atleta e, inclusive, balbuceaba constantemente. Su carrera política estuvo marcada por el fracaso: la crisis de Sidney Street, la humillación en Gallipoli, la decisión de devolver la libra esterlina al valor oro y su resistencia a la abdicación de Eduardo VIII.

Pero la noche en que en plena guerra fue nombrado primer ministro comprendió que esos fracasos lo habían preparado para ese momento. Este era su encuentro con el destino. Y por primera vez en su vida se acostaba a dormir sin la necesidad de soñar: su realidad era mejor que los sueños.

Esas ideas recorrieron la mente de Winston Churchill la tarde en que asumió la jefatura del gobierno. Una de sus principales virtudes fue leer correctamente el momento histórico que vivía el mundo. Comprendió que la sociedad de masas y el nihilismo eliminan nuestra identidad y nos convierte en presa fácil del terror. Y el terror es la esencia del totalitarismo. La victoria dependía de que él lograse inspirar al pueblo inglés a desarrollar un sentido de propósito común y así transformar los momentos más cruentos de la guerra en las horas más gloriosas de la historia de Inglaterra.

¿Los líderes definen la historia o, más bien, la historia define a los líderes? Esta es la pregunta que responde la galardonada historiadora norteamericana Doris Kearns Goodwin en su más reciente libro Leadership in Turburlent Times (Liderazgo en tiempos turbulentos). La obra recorre la vida de Abraham Lincoln, Theodore Roseevelt, Franklin Roosevelt y Lyndon Johnson para ilustrar cómo el liderazgo político se construye a partir de la adversidad. Su mensaje recuerda la lección de Maquiavelo: la resiliencia es la otra cara de la fortuna.

 

2. Adversidad 

 

Abraham Lincoln nació en la pobreza, fue autodidacta y cuentacuentos. En un momento de su carrera política sintió haber defraudado a sus electores y padeció una severa depresión. Por esta razón, varios amigos retiraron los objetos punzantes de su casa e, inclusive, él llegó a decirles que estaba dispuesto a morir, pero que aún no había logrado nada para ser recordado. Se refugió en el Derecho y adquirió un profundo conocimiento de los argumentos jurídicos en contra de la esclavitud. A pesar de que posteriormente perdió dos elecciones al senado, utilizó estas derrotas para afinar su genialidad política.

De acuerdo con Doris Kearns Goodwin, Theodore Roosevelt escuchó el llamado de la política la tarde en la que vio de frente la opresión que reinaba en una fábrica durante la revolución industrial. Su historia es la de un niño quijotesco que un día decide convertirse en héroe. Sin embargo, la tristeza lo retiró de la política el día en que su hija nació y su esposa y su madre murieron. La tragedia lo mudó al oeste a vivir una vida de cowboy. Años más tarde regresó a la política asumiendo trabajos para los cuales estaba sobre-calificado y que le aportaron una fuerte convicción sobre la relevancia de la meritocracia.

La política tocó la puerta de Franklin Roosevelt cuando, en un día de su pasantía en un bufete en Wall Street, el partido demócrata le ofreció una candidatura al Parlamento regional. El tiempo transformó en carisma las largas pausas de sus primeros discursos que espantaban inclusive a su esposa. Asimismo, la polio cambió su vida para siempre: lo dejó paralítico, pero también lo llenó de humildad y solidaridad. De hecho, Roosevelt invirtió gran parte de su fortuna construyendo un centro de rehabilitación para minusválidos.

Lyndon Johnson decidió dedicarse a la política después de dirigir un colegio público en una zona humilde de la frontera entre Texas y México. Desde entonces se caracterizó por una inagotable capacidad de trabajo y por resumir su vida en una palabra: política. En consecuencia, una derrota electoral lo sumergió en terrible depresión.

 

3. Trascendencia 

 

Al asumir la presidencia, Abraham Lincoln enfrentó una guerra civil. Su legado inmortal es una historia de lucha, genialidad y grandeza frente a la adversidad. Esto se aprecia, por ejemplo, de su Gettysburg Address, el discurso más importante de la historia estadounidense, cuya duración fue de dos minutos. Su liderazgo fue decisivo en la abolición de la esclavitud, la victoria de la Unión y la eventual reconciliación nacional. Por esta razón, Doris Kearns Goodwin afirma que la historia de los Estados Unidos se divide en dos: antes y después de Abraham Lincoln, el líder humilde y honesto que salvó la República y la libertad.

Theodore Roosevelt se convirtió en el presidente más joven de la historia de los Estados Unidos. Por la energía avasallante que lo caracterizó, su hija decía que él siempre quiso ser el muerto en cada funeral, la novia de cada boda y el bebé de cada bautizo”. Es recordado como el estadista que venció los monopolios, humanizó la revolución industrial y le imprimió justicia al capitalismo.

La autora reseña que el día en que Franklin Roosevelt falleció, 149 millones de personas perdieron a su mejor amigo. Su lucha contra la parálisis lo transformó en un líder empático y decisivo que venció la Gran Depresión y contribuyó en forma determinante a derrotar el nazismo.

Por su parte, Lyndon Johnson, quien asumió el poder luego del asesinato de John Kennedy, audazmente logró la aprobación de varios proyectos de leyes de equidad social que estaban estancados en el congreso. El tiempo ha reconocido la importancia de su valiente apoyo al civil rights movement y su Great Society.

Leadership in Turburlent Times recuerda que el éxito político depende más de la resiliencia que de la fortuna y que este solo es posible si mantenemos nuestras convicciones a pesar de la adversidad. Churchill logró disfrazar su balbuceo a través del cambio de ritmo de sus frases. Sus discursos no solo inspiraron al mundo a vencer el totalitarismo, sino que siguen inspirando las luchas por la libertad.


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