Por JORGE CARRIÓN

Broadway-Lafayette: El último andén me ha recordado mucho la historia de un libro increíble, una de las mejores crónicas del siglo XX, El secreto de Joe Gould de Joseph Mitchell, y que se cita en la novela. El personaje de este libro se dedicaba a circular por Nueva York entre la indigencia y la bohemia, era admirado por varios de los grandes poetas de la época que conocía en los bares y tabernas, y se convirtió en un mito. Joseph Mitchell decidió contar su historia vinculada a la redacción de un libro infinito, An Oral History, que supuestamente Joe Gould estaba escribiendo desde hacía muchos años, y que tenía que ver con captar el espíritu de Nueva York. Viajaba incansablemente en metro, se la pasaba borracho en las tabernas y clubes y pedía una ayuda, una subvención, una beca para la «Fundación Joe Gould», que se gastaba inmediatamente en cervezas y otras bebidas. Joseph Mitchell lo conoce, lo frecuenta y, finalmente, decide escribir un libro extraordinario en el cual concluye que realmente Joe Gould nunca escribió nada, apenas unos fragmentos que repetía en versiones infinitas. Mitchell publica el libro y luego no escribe nada más. Dice la leyenda que cada día iba a su lugar de trabajo en el New Yorker. Sus colegas oían que tecleaba en su máquina de escribir, pero nunca se supo que hubiera un texto posterior a este libro, que fue saludado y recibido como un clásico del periodismo narrativo contemporáneo.

Recientemente se ha descubierto que, en realidad, Joseph Mitchell recibió cartas de lectores que le decían que estaba equivocado, que ellos habían leído fragmentos del libro de Joe Gould y que, si quería leerlo, se lo podían enviar. Joseph Mitchell nunca respondió a estas cartas. Se debe de haber dado cuenta de que lo que él consideraba una crónica que seguía el standard de no ficción del New Yorker en realidad era una novela. Es decir, la novela de Joe Gould sí que existió y Joseph Mitchell no supo contarla, fracasó como periodista. Y, en cambio, escribió involuntariamente una gran novela de ficción. Lo cual significaría que finalmente la mayoría de las grandes crónicas del siglo XX tienen una mayor o menor dosis de ficción.

La historia de Joe Gould también la cuenta Pedro en su libro anterior, Lo que me dijo Joan Didion: crónicas de Nueva York, con el que ganó el Premio Transgenérico de la Cultura Urbana de Venezuela, y que está emparentado con Broadway-Lafayette. Y este no es el único vínculo que existe entre la novela y la crónica, porque de hecho, como dice Antonio Muñoz Molina en el texto de la solapa, es un libro de ficción con mucho de crónica. Hay mucha de observación urbana, tanto de Nueva York como de Caracas y otros lugares de Venezuela.

Su inclinación por la crónica no es el único vínculo con Mitchel porque Pedro, y esa será una de las preguntas posteriores que formulará Valerie Miles, tiene una fijación muy extraña con los vagabundos. Pedro ha hecho el máster de creación literaria de la Universidad Pompeu Fabra y recuerdo que en un momento dado tenía, como idea inicial de proyecto, la historia de una vagabunda que fue incendiada en un cajero de banco por unos adolescentes ricos de Pedralbes. Tanto en Lo que me dijo Joan Didion como en Broadway-Lafayette hay una historia que tiene que ver con lo marginal, con la gente que vive o malvive en los túneles del metro de Nueva York junto con las ratas. Hay un interés por esa especie de revés oscuro de los personajes que Pedro retrata en sus libros.

Joan Didion y Joseph Mitchell, como autores, representarían una la clase acomodada, y su reverso oscuro sería Joe Gould. O, en el caso de Broadway-Lafayette, los protagonistas son una pareja de venezolanos con una posición más o menos acomodada, incluso con unas inversiones en acciones, en la bolsa, y hay un interés, una fascinación de Cristina por los homeless de Nueva York y un interés de Andrés, el marido, por los personajes picarescos venezolanos. De manera que creo que hay un ánimo obsesivo por la mendicidad, enfermizo y por tanto literario, en ambos libros de Pedro donde figura Nueva York y que desarrolla con gran profundidad.

Broadway-Lafayette es una novela binacional o biespacial. Ocurre entre Nueva York y Venezuela. Es una novela de desdoblamiento del narrador, porque resulta que el narrador es alguien del mundo de la bolsa y es su mujer la que es escritora. De hecho, su mujer en la novela conoce a «otro autor» que escribió un libro que se llama Lo que me dijo Joan Didion. Es una novela también de exilio y de regreso. Pero yo diría también que es una novela de un regreso imposible, porque finalmente el narrador no puede volver ni a Nueva York ni a Venezuela. Esta imposibilidad creo que también se desarrolla con gran profundidad. Debe haber una explicación psicológica importante sobre este desamparo, que probablemente aparezca en el siguiente libro de Pedro que ocurre en Europa, aunque tenga vínculo con Venezuela. Yo diría también que en Broadway-Lafayette hay una despedida de Nueva York y su mitología, aunque eso nunca se sabe.

Aparte de todo, al mismo tiempo, quiero destacar que me he reído mucho con la novela de Pedro. Tiene partes de novela picaresca, con unos personajes muy simpáticos y un poco retorcidos que hacen sobornos estrambóticos y que malviven en Venezuela de un modo hasta cruel, pero entrañable a su modo. Y después hay unas citas de los videos del Aló Presidente Teórico de Hugo Chávez, con los que me he reído bastante. Y además hay un montón de chistes y de bromas, como un personaje que llevaba una gorra roja y que es chavista. La forma en la que Pedro reconstruye la oralidad venezolana informales es realmente muy divertida. Es una novela triste, dramática, que tiene que ver con el exilio, el desamor, la traición pero que, a la vez, casi que, en un modo esquizofrénico, es humorística, picaresca y divertida.

Quisiera citar cinco fragmentos muy breves que explican un poco lo que he comentado. En la página 180, el narrador baja al metro de Caracas, que es un metro bastante impresionante, y dice:

«Había escuchado tantas historias de lo deteriorado que estaba el servicio de metro. Había oído que no era lo mismo de antes, que estaba saturado de gente y que se había vuelto peligroso. El vagón está casi vacío y el aire acondicionado funciona de maravillas. Pienso en el metro de Nueva York, siempre una lucha para preservar la integridad mental: las estaciones sucias, los mendigos, los locos, las ratas, las miradas psicóticas de la humanidad entera».

Este es un momento muy importante porque uno cree que cuando se encuentra con un país destruido, va a haber una idealización de lo que ha perdido en Nueva York. Y, en cambio, nos sorprende con una crítica muy dura a la parte negra de Nueva York. Nueva York es una ciudad de tecnologías obsoletas, una ciudad anacrónica. Si uno comprara Nueva York con Shanghái o con Hong Kong, Nueva York parece no solo pasada de moda sino atrapada en su propia lógica urbana. Y de pronto el narrador, para su sorpresa, encuentra que el metro de Caracas, en plena crisis venezolana, sigue siendo mejor que el metro de Nueva York.

No obstante, como decía antes sobre el regreso a la patria, al hogar imposible, quiero citar en la página 130:

«Pensé que tal vez cinco años eran suficientes para sacar del sistema una forma de vida de la que nos habíamos desprendido al irnos a Nueva York, y que nuestros cuerpos se habían olvidado de lo que nos causaba alergia, que se habría producido una suplantación y mis alérgenos, como los llamaba, eran ahora los de Manhattan. Pero no solamente el cuerpo no se había olvidado de sus enemigos, bacterias revolucionarias o contrarrevolucionarias, sino que en mi caso retrocedí a la infancia para despertar el fantasma del asma. Armando sonrió y me dijo:

—Eres alérgico a Caracas».

Es decir, ni Nueva York ni Caracas. La novela explora un «no lugar», un desarraigo, una despedida que la novela combina en un modo de suspenso, picaresco, drama amoroso y una serie de géneros que se van entremezclando. Para acabar, quisiera citar tres fragmentos que tienen que ver con el comienzo de mis palabras, por la atracción por lo indigente, lo marginal, que es muy interesante, para ver si consigo comunicarlo. Así comienza el libro:

«Todo lo que necesitas lo puedes conseguir en la basura, le decía Scott al mostrarle el lugar donde habitaba. Había que descender hasta lo más profundo de la estación Broadway-Lafayette, esperar a que llegara un tren, descargara a los pasajeros, partiera de nuevo, saltar a los rieles, caminar unos cuantos metros, bajar por una escalerilla y luego propulsarse con las manos hacia una pequeña plataforma que era como un refugio oscuro en forma de bóveda».

Es allí donde este vagabundo busca la basura, porque dice que en Nueva York hay tanto desecho, tanta abundancia, que se puede vivir perfectamente solo de la basura. La basura aparece muchas veces en la novela, como en la página 47:

«Jesús Cacique se las daba de evangélico, pero portaba su pasado como un saco lleno de piedras: residuos de la secta del reverendo Jones, trazos de adeco, vestigios del chiripero de Caldera, catolicismo, marxismo, algo de santería y, ahora, de chavismo. Sus creencias eran tan oportunistas y revueltas como el olor del camión de basura junto al olor de pescado y el aire de la Avenida Atlántida».

Es esta parte que acabo de leer habría una mezcla de humor y el hilo conductor de la basura. Y en la página 173, esto es casi un spolier, pero espero que no entendáis como tal porque no tienen datos para contextualizarlo si no han leído la novela todavía, cito:

QTodo lo que necesitamos, Andrés, se puede conseguir en la basura».

Yo diría que toda la novela se conecta con esa idea: en cómo ve el detrito, la ruina, el desecho, de lo que nadie quiere, con lo que se puede hacer literatura. Felicito a Pedro por esta risa y por esta exploración y le doy la bienvenida a Barcelona porque yo creo que, en el fondo, este libro lo que habla es de una despedida de América y un aterrizaje, que espero que sea duradero, en nuestra ciudad.

*Broadway-Lafayette: el último andén. Pedro Plaza Salvati. Editorial Kalathos. España, 2019.

**Palabras de presentación en Barcelona, España, el 23 de noviembre de 2019.