El inconsciente humano propicia desde siempre

los diálogos entre el cielo y la tierra,

principalmente ante las puertas del tiempo

para que los dioses oigan a los hombres.

Ivonne Rivas

Todo mito es importante porque pertenece a la protohistoria de los pueblos; es la memoria colectiva inconsciente que la Humanidad mantiene y transmite de unos hombres a otros a través de las eras y es el hilo esencial de lo humano a través del tiempo.

Mediante la mitología, una civilización entrega el conjunto de saberes, creencias y conocimiento de las culturas, transmitiendo la sabiduría sobre los hombres y el mundo que los rodea. Aumentando las posibilidades de hacer más habitable la realidad y encontrar soluciones a todos los asuntos humanos; así ocurre desde los inicios de las épocas hasta nuestros días.

La mitología y los mitos propician que permanezca la común herencia inconsciente de lo humano para asegurar el camino de la vida a los seres. El mito justifica su conservación al transmitir de boca en boca las ideas de los grupos humanos sobre los orígenes del universo, el desenvolvimiento de los hombres en relación con su medio ambiente, el funcionamiento de la mente humana y los afectos, más todo lo concerniente a la condición humana.

Los mitos, inicialmente orales, mediante la escritura se convierten en creaciones literarias o expresiones para enriquecernos y mantener viva la herencia humana de interpretación de la realidad.

Ofrecen la posibilidad de descubrir los mundos imaginarios y reales de las culturas fundacionales de los homínidos en la Tierra. Conocer los mitos y leyendas propicia el respeto y el conocimiento del patrimonio común que heredamos de los antepasados, perteneciente a todas las culturas de la diversidad humana.

En América, la herencia de los amerindios, los africanos, los europeos y de las culturas mediterráneas nos singulariza, y es de fundamental importancia conocer ese legado para entender el presente y saber hacia dónde nos dirigimos como pueblos.

Los mitos son relatados, bailados, filmados o pintados para enriquecer la imaginación, entender la naturaleza, favorecer la convivencia de los seres e interpretar la realidad.

Todos los mitos y las cosmogonías entregan un refinado conjunto de ideas sobre lo que una cultura, una sociedad o un grupo humano entiende acerca del origen del cosmos con sus seres y cosas, y el devenir de la vida.

Otros mitos humanos orientan hacia soluciones de problemas o la comprensión de comportamientos; y las artes se nutren continuamente de esa gran herencia para la creación de universos inventados y dejar huellas.

La mitología, al transmitirse de unos hombres a otros, y en ese irse aumentando, enriqueciendo a través de los tiempos, recreándose por la creatividad de cada uno que la comunica, se constituye en patrimonio invalorable de la Humanidad. Es el legado de la oralidad a la escritura y la común herencia humana de una raíz inicial compartida.

El conocimiento transmitido en los mitos ayuda a satisfacer las necesidades de descubrir más sobre los hombres y mujeres, entender el pasado, construir el presente y prever hacia dónde debemos dirigirnos como personas y colectividades.

Los sumerios nos legaron a Gilgamesh con sus códigos morales y la búsqueda de la inmortalidad; la tradición judeocristiana legó la Biblia con su Antiguo Testamento, hablando de los inicios del cosmos y de las normas para favorecer la convivencia humana; los mayas nos entregaron el Popol-Vuh, donde dicen de la creación del hombre, el universo y las estructuras culturales necesarias para la vida; los wayuu hablan en sus mitos de la tensión entre los opuestos tierra y cielo; los mitos griegos con sus dioses humanizados y hombres deificados alimentan la imaginación al explicar el comportamiento individual y social de los hombres a través de las eras.

De esa forma, todos los pueblos ofrecen su sabiduría al entregar su herencia mitológica donde se interpretan los orígenes, los acontecimientos de la naturaleza; traman palabras, pensamientos y creencias sobre las proximidades del universo y la vinculación inconsciente de la colectividad humana.

Es por ello que para todo grupo humano es de gran importancia conocer las interpretaciones culturales sobre lo sagrado y lo profano que forjaron sus antepasados. Descifrar ese tejido de pensamientos sobre los orígenes y el desenvolvimiento del mundo permite entenderse como parte de un todo y explicar las singularidades personales y colectivas. La fe, los rituales y la música son un eslabón de amor, nos dice la letra de una samba brasilera.

Los mitos y sus ritos consecuentemente orientaron el vivir social y el desenvolvimiento personal de los humanos desde siempre. Los hombres sacralizaron las puertas del tiempo al medir y nombrar los ciclos solares y lunares que determinan los cambios de la naturaleza y el devenir humano; establecieron los ciclos solares anuales, algunos con sus dos solsticios y dos equinoccios y otros con sus dos épocas: sequía y lluvia. También observaron los ciclos lunares mensuales con sus menguas y crecientes, los cuales rigen los calendarios religiosos. Podemos sintetizar que los mitos:

  • Ayudan a construir la percepción del mundo (espacio-tiempo).
  • Establecen una realidad, un orden físico y metafísico para conjurar el caos y la incertidumbre al ofrecer una visión integradora del mundo.
  • Explican los fenómenos naturales y facilitan una percepción de los mismos al relacionarlos con creencias colectivas.
  • Proporcionan la seguridad sicológica necesaria en la construcción de una identidad para la vida comunitaria.
  • Transmiten ideas de organización y funcionamiento, expresan que el orden del universo no puede ser cambiado.

Esta sabiduría llevó a crear ritos, liturgias que pertenecen a grandes estructuras ceremoniales y son acciones que han acompañado al humano en su existencia, en la actualidad permanecen con modificaciones y adaptaciones propias del tiempo y las sociedades.

Todos los que participan de los rituales comunales en alguna parte del mundo se integran a un acontecimiento impostergable, el cual puntualmente, año tras año, obliga a estar apartados de la individualidad y sumados a una totalidad, en la cual, al decir de los filósofos estoicos se da la “Simpatía del Todo”.

También observamos a través del tiempo que los mitos nutren al Homo sapiens sapiens y se manifiestan en respuestas individuales al llamado colectivo, por ejemplo en las artes:

  • La Odisea, atribuida al poeta griego Homero del s. VIII a.C.
  • La primavera, con sus tres gracias, pintura de Sandro Botticelli, 1482.
  • Las bacanales, pintura de Peter Paul Rubens, siglo XVII.
  • Las cuatro estaciones, música de Antonio Vivaldi, siglo XVIII.
  • La consagración de la primavera, escenas de la Rusia pagana, música de Igor Stravinski, 1912.
  • Ulises, la novela de James Joyce de 1922. Epopeya de la cotidianidad del hombre en el s. XX.
  • Consagración de la primavera, coreografía de Pina Bausch, 1975 y el documental PINA de Wim Wenders, 2011.
  • La guerra de las galaxias, saga cinematográfica de George Lucas estrenada en 1977. Describe el mito del héroe a través de episodios abundantes en maravillosas aventuras de separación, inicio y retorno, tan válidos que en el 2019 hay una nueva entrega de la saga.

A su vez, sabemos que en la actualidad en el milenio II de nuestra era, cualquier interés personal o colectivo de carácter político, económico y social manipula y utiliza a las masas humanas a través del inconsciente colectivo manifiesto en los mitos y los ritos; ya sea para beneficio de uno o pocos como en el proselitismo político de los populismos, los nacionalismos, los neofascismos, etc. O para el provecho de muchos como en la ciencia, el arte, la educación y otros.

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Este ensayo forma parte del libro Diálogo entre el cielo y la tierra. Venezuela e historia de las culturas de Ivonne Rivas. Publicado por ABEdiciones, Colección Letraviva, UCAB, 2018.