ROSAMELIA GONZÁLEZ, RAMÓN PIÑANGO Y GUSTAVO ROOSEN, IESA

Por GUSTAVO ROOSEN

Ramón Piñango tiene su nombre estrechamente ligado al IESA. Más de cuatro décadas han ido dando forma y consolidando una muy productiva relación entre el investigador social y académico y una institución donde encontró espacio para su crecimiento y en la que sigue dejando huella.

Profesor desde 1979, miembro del equipo directivo en los ochenta, Piñango asume en 1993 la presidencia del IESA y ocupa esa posición hasta el 2001. De él puede decirse que ha sido figura fundamental en la consolidación de una institución académica que asumió como misión la profesionalización de la gerencia y la tecnificación de la administración en Venezuela, además de constituirse en un centro de reflexión sobre problemas de interés nacional.

En sus años frente al IESA, el instituto de formación gerencial de San Bernardino no dejó de multiplicar sus iniciativas y expandir sus actividades. Se crearon o fortalecieron sus centros académicos (Agronegocios, Desarrollo Humano y Organizaciones, Finanzas, Gerencia Estratégica y Competitividad, Mercadeo, Políticas Públicas y Producción e Innovación Tecnológica) y se ofrecieron nuevos posgrados, como la maestría en Políticas Públicas y las especializaciones en Mercadeo, Finanzas, Gerencia Legal Corporativa y Gerencia de Operaciones. Para todas estas realizaciones el IESA contó con la visión y el importante aporte de Ramón Piñango.

Durante su presidencia fueron inauguradas las sedes de Maracaibo y Valencia, se realizaron más de 200 proyectos de investigación y casi 100 proyectos de consultoría, patrocinados por empresas privadas, organismos del Estado e instituciones multilaterales. En ese mismo período fueron publicados casi 70 libros y más de 140 casos de estudio. En 1995 se creó la revista Debates IESA, directamente promovida por Piñango y de la que ha sido director desde su primera edición.

El cambio político ocurrido en Venezuela en 1999 trajo para el IESA un conjunto de nuevos retos. Significó, entre otras cosas, el debilitamiento de las relaciones con el Estado, pero acicateó, a su vez, la consolidación de una red de patrocinios generada en el sector privado y estimuló la ampliación de relaciones con el mundo académico global. La reacción del IESA frente a las dificultades se expresó en la renovación de su compromiso con los valores que inspiraron su creación en 1965. Desde su nacimiento, el IESA ha buscado ser una expresión de los valores de la cultura occidental, particularmente de la libertad, la democracia, la dignidad del individuo y la ciudadanía.

Ramón Piñango ha sido, sin duda, clave en la preservación de estos valores, así como en la defensa del carácter del IESA como institución educativa de servicio público, sin fines de lucro y sin ataduras a grupos sociales, económicos y políticos. La independencia de cualquier grupo económico y político, sostenida en su momento por Ramón Piñango y mantenida por el IESA desde hace seis décadas, ha convertido a esta institución educativa en un actor de primer orden para la promoción de la responsabilidad empresarial y la calificación de la fuerza laboral y gerencial venezolana. La participación del sector privado y la promoción de una red de relaciones con instituciones multilaterales han permitido la promoción de múltiples iniciativas del IESA, el mantenimiento de sus programas, su renovación y crecimiento.

La tarea de pensar

Quienes conocen a Ramón Piñango no pueden sino coincidir en la dificultad de presentarlo con esquemas y simplificaciones. Sus pasiones son, sin duda, Venezuela, la educación, la gerencia. Quienes vivieron los años de su presidencia en el IESA dan fe especialmente de su estilo gerencial, de su interés por la búsqueda de consenso y su preferencia por los procesos de consulta y decisión. Estiman su reserva por lo que pudiera parecer “comportamiento de manada” y su valoración de la diferencia de criterios como factor positivo para la mejor comprensión de la realidad.

Como presidente del IESA, analista y profesor, en su agenda han estado siempre los temas de la gobernabilidad de las organizaciones educativas, así como de su sustentabilidad y de las relaciones entre academia y empresa. Sin ser un hombre de negocios, Piñango comprende muy bien ese mundo. Más aún, como investigador y como docente, la gerencia ha sido uno de sus centros de atención preferencial, con acento en la formación y en la importancia del espíritu gerencial para el buen éxito de las instituciones. Convencido de que no hay recetas ni respuestas absolutas, su posición está siempre más cerca de la construcción de equipos que del personalismo, más próxima a la necesidad de un liderazgo capaz e inspirador que a cualquier pretensión del mesianismo. En sus columnas y entrevistas no ha dejado de insistir en la responsabilidad social del empresariado más allá de su propósito de lucro. Su visión del líder empresarial de hoy es la de alguien con visión de sociedad, con capacidad para repensar su propia empresa, trabajar en equipo y combinar experiencia con iniciativa y creatividad.

Su capacidad de observación sociológica le ha permitido hacer aportes significativos para la comprensión de la sociedad, de las instituciones, de su tiempo y de sus tiempos. La desconfianza en las respuestas absolutas ha agudizado esa visión cercana a la del historiador que busca en el pasado las posibles explicaciones de los comportamientos sociales, pero que es simultáneamente capaz de adelantarse, de anunciar, de predecir sin irse de bruces, de advertir sin especular. El elemento más positivo de la cultura política del país, sostiene Piñango, es su vocación democrática, de lo que deriva que el reto fundamental de liderazgo para el presente es reconocer y cultivar esa vocación democrática.

El IESA en la reconstrucción

En 1999, el cambio político ocurrido en Venezuela fue una experiencia retadora para el IESA y para Piñango. Para el IESA, ese cambio afectó las relaciones entre una institución académica al servicio del país y algunas entidades del Estado, con la consecuente reducción del flujo de personas que desde el sector público —ministerios, gobernaciones, alcaldías o empresas del Estado— acudían al IESA para mejorar su formación. Ramón Piñango supo en su momento defender al IESA como institución educativa de servicio público, sin fines de lucro y sin ataduras a grupos sociales, económicos y políticos, condición de independencia que el IESA ha mantenido como una de sus características para su libertad académica y la expansión de sus iniciativas como centro de pensamiento y formación laboral y gerencial.

Hoy el reto es similar al que enfrentó Ramón Piñango a finales de los años noventa, cuando desde su perspectiva de sociólogo, en trabajo conjunto con Moisés Naím y un selecto grupo de investigadores, sacudió al país con El caso Venezuela: una ilusión de armonía, editado por el IESA. La preocupación de hoy es el papel del IESA en la reconstrucción de Venezuela. Piñango diría que se trata simultáneamente de construcción y de reconstrucción. Explicaría el valor de conjugar creatividad con experiencia y pondría el acento en esa característica del momento actual marcado por la incertidumbre.

También estaría de acuerdo en que el compromiso que se le exige al IESA hoy es reafirmar su lealtad con los valores de libertad, democracia, derechos humanos, propiedad privada, valoración del ciudadano, reconocimiento de la meritocracia, la productividad, la eficiencia. Lo que está hoy en la agenda del IESA es precisamente contribuir con todas sus capacidades al propósito nacional de reconstrucción. Su tarea más inmediata es continuar apoyando el desempeño de las empresas y del Estado, contando para este objetivo con sus posgrados, programas y cursos, investigaciones, foros y publicaciones.

Como institución dedicada a la formación y al pensamiento su función es hoy más exigente que nunca, persuadidos como estamos de que cualquier esfuerzo de reconstrucción pasa por la calidad y preparación de las personas, por su desarrollo, por la apertura de oportunidades. Los estudiantes y egresados del IESA se han visto reflejados en esos valores y reconocen como un plus la formación de primer mundo recibida para su desempeño gerencial o empresarial, como ciudadanos capacitados para el desarrollo de sus talentos y el servicio a la sociedad. Ramón Piñango ha sido actor clave en este empeño.


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