En el poema “La suma”, Borges nos presenta a un hombre que tiene la intención de trazar “el mundo entero” en una pared: “puertas, balanzas, tártaros, jacintos, / ángeles, bibliotecas, laberintos, / anclas, Uxmal, el infinito, el cero”. Ese mismo afán de exhaustividad parece guiar la mano del antólogo. Pero, ¿cuál es entonces la razón de ser de una antología? ¿Qué supone Rasgos comunes: Antología de la poesía venezolana del siglo XX? En una conversación reciente, Antonio López Ortega señalaba que este trabajo antológico vendría a ser un proyecto paralelo a La vasta brevedad: Antología del cuento venezolano del siglo XX, proyecto que compartió con Carlos Pacheco y Miguel Gomes, y que fue publicado por Alfaguara en 2010. Esta Antología que presentamos pretende dar respuesta o, mejor, es una respuesta al creciente interés por la poesía venezolana. En efecto, desde hace algunos años se ha venido desatando una especial recepción de la literatura venezolana y de ese fenómeno, justamente, se ha hecho eco el debate internacional, la investigación, el ámbito editorial y, sobre todo, los lectores. Hagamos un poco de historia: el monográfico que la Revista Iberoamericana de la Universidad de Pittsburgh le dedica a la Literatura venezolana en 1994 –codirigido precisamente por López Ortega–; el Coloquio Internacional de Literatura y Cultura Venezolanas que se celebró en París en 1995, acogido luego como publicación por La Casa de Bello; el simposio Literatura venezolana hoy, celebrado en la Universidad Católica de Eichstätt en 1996 bajo el espíritu entusiasta de Karl Kohut –cuyos resultados fueron publicados por la prestigiosa editorial Iberoamericana-Vervuert–; la creación de la Cátedra de Literatura Venezolana “José Antonio Ramos Sucre”, de la Universidad de Salamanca, fundada en 1993 por iniciativa de la profesora Carmen Ruiz Barrionuevo y el escritor José Balza; y, en nuestro territorio insular, las sesiones de literatura venezolana organizadas por el Ateneo de La Laguna (Tenerife), coordinadas por el profesor y poeta Ernesto Suárez, son solo la punta del iceberg de una serie de acontecimientos sucesivos que culminan en la obra que hoy se presenta.

Ha llegado el momento del ajuste de cuentas. Acaso “sumergida” –y remitimos a la explicación que da Balza a la literatura venezolana–, la “secreta” poesía venezolana había crecido, vigorosa y fortalecida, y habíamos asistido a la necesidad de dar forma editorial a un “cuerpo plural”, a la “suma” de un fenómeno complejo y heterogéneo, y urgía, por tanto, cartografiar sus “rasgos comunes”. Así había dejado de cumplirse la premonitoria y provocadora sentencia que López Ortega anunciaba en París en 1995: “Más allá de nuestras fronteras no se nos lee”.

Saltan a la memoria otros trabajos compilatorios precedentes como La poesía del siglo XX en Venezuela (Visor, 2005), compilado por el poeta Rafael Arráiz Lucca, y Conversación con la intemperie: seis poetas venezolanos, con selección y prólogo de Gustavo Guerrero (Galaxia Gutenberg, 2008). Pero, sin duda, el proyecto antológico que presentamos, contundente y nutrido, responde a una perspectiva más amplia y abarcadora. Si Guerrero advertía en el mencionado prólogo que “pasarán todavía algunos años antes de que esta integración arroje sus frutos e imponga los ajustes y los reacomodos que permitan una lectura más cómoda y más justa”, la poesía venezolana se había tomado su tiempo y ese proceso histórico se había cumplido.

Por otra parte, esta muestra que tenemos en nuestras manos constituye un claro ejemplo de cómo la literatura se estructura en distintas series y de cómo la literatura hispanoamericana resulta un hecho continental susceptible de agruparse o cartografiarse por naciones culturales, según los debatidos géneros o atendiendo a propuestas de lectura, en este caso una lectura organizada, secuencial y transversal, diacrónica y sincrónica. Todas estas posibilidades o miradas suponen este “cuerpo” mayor: un auténtico “linaje de árboles”. Miguel Gomes, Gina Saraceni y Antonio López Ortega han realizado una selección fundamentada que ha permitido que 87 autores lleguen hasta nosotros, desde el nativista –referente insoslayable– Lazo Martí hasta Luis Enrique Belmonte –poeta desde la ética, la reflexión, las palabras–: autores fundacionales, contemporáneos, nuevas voces, voces femeninas, la casta de “los raros”, integrantes de grupos, fundadores de revistas, premios nacionales, internacionales, como Rafael Cadenas, galardonado con el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana 2018.

Pero el acierto de este flamante muestrario implica también aspectos visuales. Exquisitamente editado y respondiendo a ese principio de identidad de Pre-Textos, lleva en su cubierta una viñeta del artista Daniel González titulada, simbólicamente, Seres del petróleo. Esta suerte de texto-imagen apunta a ese “país portátil” como Adriano González León definió a Venezuela. Y es que ante este ingente trabajo que ha supuesto la vertebración de esta silva-selva poética de voces y de búsquedas, quizás nos asalte la pregunta de “qué es la literatura venezolana” o, más específicamente, “qué es la poesía venezolana” o, tal vez, “cuáles son los signos identitarios de la poesía venezolana”. Si Arturo Uslar Pietri entendió la expresión literaria como la “invención de Venezuela”, para el crítico uruguayo Ángel Rama la identidad no existe per se, sino que hay que “inventarla”, construirla por medio de la literatura.

Aparte de “inventar Venezuela” o reformular la nación por medio de los textos poéticos compilados, este magnífico trabajo antológico nos va a permitir establecer conexiones y vasos comunicantes entre autores, seguir esa línea de lectura de tradición y modernidad propuesta por Octavio Paz, “armar” un puzzle de “rasgos comunes”, vertebrar conexiones con otros movimientos y poéticas y otros autores del ámbito continental e internacional, a veces guiados por ese mecanismo de la necesaria sintonía que tantas veces no se cumple. Pero, sobre todo, este libro supone para los lectores la poesía entendida como una experiencia intransferible.

Los criterios en los que se sustenta esta antología, coherentes y acertados, la alejan de muchas antologías al uso: la idea de la modernidad periférica o las culturas híbridas de García Canclini; la literatura como cuerpo en el que se proyectan y transgreden los imaginarios; el recurrente motivo de la errancia que permea tantos poemas, entendida esta como las sucesivas capas que arriban a esa Tierra de Gracia, desde el padre inmigrante de Gerbasi a la ciudad como extravío; voces en tránsito o seres a la intemperie; el viaje en una especie de “Vuelta a la patria”, por fin, a la patria de la poesía, es decir, a Venezuela (la “otra”)… Eso es esta Antología.

Ha resultado grata toda esa pléyade de raros con la que también se ha construido la poesía venezolana, representada por Salustio González Rincones, José Antonio Ramos Sucre o Luis Enrique Mármol; también sale al encuentro el tono “áspero”, whitmaniano y moderno de Antonio Arráiz; el entrañable Aquiles Nazoa, que entronca con una veta de poesía genuinamente latinoamericana; los textos poéticos de un crítico audaz y visionario llamado Julio Miranda; la faceta menos conocida de escritores (como Leoncio Martínez, crítico mordaz de la vanguardia).

Por otro lado, no deja de ser llamativa una nómina de 26 autoras, en claro contraste cuantitativo con la poesía de otros países hispanoamericanos: los versos de Enriqueta Arvelo Larriva fluyen entre el imaginario telúrico y una voz consciente (“mi voz nueva”); la “distinta” e “indomable” María Calcaño, cuyo erotismo abre una estirpe de poetas venezolanas; la obra de Ana Enriqueta Terán supone un abanico de lecturas, desde la sonoridad, la visión cósmica hasta el arquetipo de la poetisa; la poesía de María Clara Salas (nos) mira mientras atraviesa todos los reinos y elementos posibles; los poemas compilados de Edda Armas reflejan distintas estaciones de su trayectoria, en los que la brevedad y la intensidad circulan con la materia (cuerpo, vértebras, sudor, sangre, abdomen); y, finalmente, los versos de María Auxiliadora Álvarez no nos dejan indiferentes: “ombligos colgantes”, “reptil de espaldas”, “las semillas / zumban como abejas incesantes / en la casi exacta / mañana / de la memoria”.

En síntesis, esta Antología que hoy nos ha reunido, entendida como “suma de Venezuela”, según la idea de Mariano Picón Salas, un proyecto de cuatro años de trabajo (de lecturas y de lecturas “estrábicas”), de reflexiones y de muchas dudas para sus artífices, se convertirá –estoy convencida– en una obra de consulta y, será, por tanto, una obra indispensable y de referencia, para los estudiosos de la literatura venezolana y particularmente de poesía y, sobre todo, será un libro para los lectores de poesía, muy especialmente, para los lectores de poesía venezolana.

Queda ahora esperar, y muy atentos, por un nuevo proyecto, tal vez una antología de los poetas más jóvenes. ¡Felicidades a los antólogos y una invitación a la lectura!

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Rasgos comunes. Antología de la poesía venezolana del siglo XX

Selección, prólogo y notas de Gina Saraceni, Miguel Gomes y Antonio López Ortega

Editorial Pre-Textos

España, 2019