El devenir de las vanguardias geométricas configuró uno de los escenarios más fructíferos en cuanto a la invención de códigos, que transformaron la visualidad a lo largo del siglo pasado. La producción de los maestros fundadores, aunada a la proliferación de movimientos y tendencias afines, parecía haber llegado al límite como forma de expresión plástica. No obstante, en las últimas décadas un grupo de artistas ha incursionado en este legado, bien sea desde una perspectiva revisionista, experimental o investigativa. En el marco de estas consideraciones se ubica el trabajo de Arturo Quintero (Caracas, 1964), cuyas creaciones han sido exhibidas en varios países. Graduado como Diseñador de Obras Civiles en 1986, es heredero de la sintaxis modernista que influenció el entorno sociocultural en lo urbano, lo arquitectónico y lo comunicacional.

Desde los comienzos de su carrera se interesa en la forma geométrica. Con esta iniciativa logra consolidar una trayectoria basada en una labor continua, testimonio de ello es la exposición antológica que presenta en el Museo de Arte Contemporáneo del Zulia, Maczul, entre abril y junio del año en curso, bajo el título Arturo Quintero: 18 años, mayoría de edad. Conformada por una selección de 60 piezas, tres murales, un audiovisual y textos explicativos de María Luz Cárdenas que develan, paso a paso, el desarrollo de una propuesta caracterizada por una manufactura impecable, la repetición programática de los elementos y el uso de materiales y técnicas que van de la papiroflexia a la precisión digital. El recorrido de las salas señala los referentes teóricos que orientan sus búsquedas, desde el estudio de los poliedros de Platón, Arquímedes y Catalán, hasta llegar a los modelos esféricos de Magnus Wenninger. Asimismo, se adentra en las perspectivas ilusorias de Yturralde, Penrose y Escher. Los primeros ensayos que realiza en 2001, con papeles doblados de alto gramaje y tonalidades contrastantes, abren el camino hacia la modulación de cuerpos volumétricos en alto relieve, clasificados en escalas cromáticas que sistematizan y ordenan el área compositiva. Así surgen las series “Geometría sagrada” y “Geometría cósmica”, simbólicamente alusivas a la existencia del universo, fundamentadas en una minuciosa distribución entre forma y color. Pero los dobleces rectilíneos, propios de la papiroflexia, no le impiden vincularse con la realidad del mundo físico, por el contrario, le brindan posibilidades en las que rectas, triángulos y cuadrados se expanden en palpitantes ramificaciones que imprimen vitalidad a la imagen. La serie “Naturaleza cósmica” es el resultado de estas asociaciones en las que, a pesar de la racionalidad de las figuras, denotan un acercamiento afectivo a la flora y fauna tropicales, de ahí los títulos Cariaquito amarillo, 2003, y Orquídea rombicosidodecaédrica I, 2003.

En 2007 agrega contenidos que esbozan distintos ángulos de un mismo planteamiento, para este momento introduce objetos estandarizados de fabricación masiva que describen acciones de la cotidianidad; ámbito explorado por autores como Ani Villanueva, Magdalena Fernández, Nela Ochoa y Rafael Rangel, entre otros, acortando las distancias entre arte y vida o entre arte e industria. De este modo realiza “Cinetismo en metálico”, serie en la que Quintero segmenta el formato con monedas alineadas en intervalos calibrados, con lo cual transforma estas unidades de transacción financiera en discos codificados visualmente. “En su conjunto –apunta el crítico Freddy Carreño– las obras explotan la serialidad como recurso estético, por tanto, se inscriben dentro de ese amplio espacio de investigación que ha caracterizado el trabajo de una buena parte de los artistas constructivistas a lo largo de la segunda mitad del siglo XX. El arte serial resulta como una de las tantas consecuencias que para la plástica moderna y contemporánea tendrían las vanguardias históricas; entre ellas, la conceptualización del espacio como hecho plástico abrió un extenso campo de posibilidades a los valores matemáticos y geométricos como soportes teóricos e intelectuales del hecho artístico…”. Con un procedimiento similar ejecuta “Digito puntura”, constituida por delgadas agujas de acupuntura, filamentos de plástico o acrílico que dibujan tenues oscilaciones entre lo material y lo inmaterial. En este contexto, se suman otros instrumentos translúcidos, como tubos de ensayo, laminillas cubreobjetos y placas de Petri, que identifican la serie “Laboratorio de arte” con delicados reflejos entre luces y sombras. Esta economía de los medios expresivos se hace también presente en “Constelación cinética”, aquí el artista simplifica y disminuye gradualmente los elementos que dinamizan el campo visual, para ello utiliza pequeñas esferas o puntos monocromos que irradian trayectorias concéntricas.

A partir de 2008 se advierte un tratamiento diferenciado en cuanto a la relación figura-fondo, gracias al troquelado de acrílicos con los cuales arma la serie “Mosaico”, un tejido curvilíneo que se aglutina en volúmenes huecos sobre una base del mismo tinte. Paralelamente a estos proyectos crea “Cinetismo cibernético”, un patrón de cuadrados dispuestos en rotaciones rítmicas que remiten a las tramas del arte óptico, ahora potenciadas por la superposición de tonos. En “Lecturas múltiples” el despliegue cromático se intensifica en sorpresivas apariciones de colores, según sea la posición del observador; mientras que en la serie “Fractus” se presentan combinaciones más atenuadas y levemente elásticas, debido a la distorsión modular de los cuadrados que rompen la clásica ortogonalidad del plano. Sus composiciones adquieren una mayor flexibilidad al incorporar círculos y óvalos en surtidas gamas metalizadas, tal como se aprecia en “Ovoidal” y “Circularis”, series que emprende en 2015 y 2016 respectivamente con superficies reticulares, donde volumen y soporte, forma y color, se articulan en dinámicos diseños que sumergen al espectador en un entramado de relaciones perceptivas.

Sin desviarse del rigor que impone el modelo constructivo, su discurso gana fluidez y belleza a medida que suscita conexiones, disociaciones y ambigüedades renovadoras de la tradición abstraccionista. Al respecto, María Luz Cárdenas indica lo siguiente: “La geometría es aquí entendida no solo como ciencia de definición de las formas y como síntesis de los valores del conocimiento científico, sino como herramienta de construcción del espacio, manejando con precisión el territorio de lo estético, lo simbólico y lo conceptual. Se construye así una síntesis visual del universo y define los caracteres primarios de su estructura: la geometría como lengua matriz y alfabeto original…”.