Rafael Caldera / Archivo

Por GEHARD CARTAY RAMÍREZ

La historia del Partido Social Cristiano Copei ha sido falsificada con frecuencia, incluso desde su propio nacimiento.

Poca gente sabe que nació como partido político “para defender los legítimos ideales de la Revolución de Octubre”, como fue denominado el movimiento iniciado con el golpe de Estado contra el general Isaías Medina Angarita en 1945, encabezado por el máximo líder de AD, Rómulo Betancourt, y una logia de militares jóvenes, que dio al traste con algo más de medio siglo de hegemonía militarista, aunque renacida tres años después.

Cuando se produjeron esos sucesos aún no había sido fundado Copei, pero quienes lo harían el 13 de enero de 1946 apoyaron la acción cívico militar en referencia —como lo declaró entonces Rafael Caldera, su principal líder— “por considerar intolerable aquel estado de farsa en que se burlaba, nombrándola a cada instante, la voluntad nacional”.

Se refería Caldera a la ausencia de una verdadera democracia fundada en la soberanía popular, como consecuencia del terco empeño de los herederos del gomecismo por impedir que fuera el voto directo, universal y secreto de los venezolanos el que eligiera al presidente de la República y a sus representantes en el Congreso Nacional, las Asambleas Legislativas y los Concejos Municipales.

Hasta entonces, tanto el general Eleazar López Contreras, sucesor del dictador Juan Vicente Gómez en 1935, como el también general Medina Angarita, ungido igualmente en 1941 por su predecesor, se habían negado durante casi 10 años a establecer por vía constitucional que la soberanía de la nación residía en el pueblo. Esta será la primera contribución histórica de Copei al luchar por el establecimiento de un sistema electoral de primer grado, mediante el cual los venezolanos pudieran elegir al presidente y sus representantes legislativos.

La Junta Revolucionaria de Gobierno, presidida por Betancourt, designaría a Caldera como procurador general de la República. No obstante, a los pocos meses, el sectarismo de algunos dirigentes de AD en varias regiones del país estimularán la violencia contra eventos copeyanos. En abril de 1946 esos atentados alcanzan a Caldera cuando un mitin suyo en San Cristóbal es saboteado, con saldo de varios heridos. Desde allí, el jefe copeyano rompe con el gobierno y pasa a la oposición.

Sin embargo, será cierta dirigencia adeca la que a partir de aquel momento también calificará a Copei como un partido reaccionario, contrario a la Revolución de Octubre y, lo que sería aún más absurdo, por irreal, acusarlo de representar los intereses del gomecismo y del régimen depuesto. Así se dio inicio a una feroz campaña para desdibujar a Copei. Igualmente intervino en la misma —y desde el primer momento— la dirigencia comunista, la misma que había apoyado a Medina Angarita pocos meses antes.

Insisto en este hecho para ponerlo como referente de las campañas que desde entonces se hicieron contra Copei. La verdad es que quien lea su primer programa político y sus estatutos conseguirá la auténtica naturaleza de un partido de inspiración demócrata cristiana, centrista y de raigambre venezolanista. Se convirtió así en un instrumento político y partidista del pensamiento socialcristiano venezolano, segunda contribución histórica de Copei.

Una minoría desafiante

La trayectoria del partido, desde entonces, revela la corajuda acción de sus fundadores por convertirlo, peldaño a peldaño, en un partido de masas, algo que lograrán 20 años después. Caldera, Pedro del Corral, Lorenzo Fernández, José Antonio Pérez Díaz, Luis Herrera Campíns, Mauro Páez Pumar y Edecio La Riva, entre otros, constituirán el grupo germinal.

Será una minoría actuante cuando se elija la Constituyente de 1947, en la que Caldera cumplirá un papel estelar. En 1948 el joven líder copeyano enfrentará a Rómulo Gallegos en una desigual disputa por la presidencia, alcanzando el 22,4% de los votos frente al 74,4% obtenido por el ilustre escritor como candidato de AD. Durante el también llamado trienio adeco (1945-1948), la lucha será violenta y agresiva entre AD, Copei y Unión Republicana Democrática (URD), el partido de Jóvito Villalba. Pero aquel combate frente a AD, por difícil que pudo ser, también arroja una tercera contribución importante de Copei: haber impedido que se implantara un sistema político influenciado por el PRI mejicano, a mediados de los años cuarenta, tentación que entonces atrajo a AD.

En noviembre de 1948 los anteriores socios militares de Betancourt derrocan a Gallegos. En 1950, luego del magnicidio contra el presidente de la Junta Militar, coronel Carlos Delgado Chalbaud, quienes lo suceden mantienen a regañadientes su promesa de convocar una nueva Constituyente. Ilegalizados AD y el PCV, serán URD y Copei los que participen con una campaña electoral desbordante en todo el país. Al final, el partido de Villalba gana esas elecciones en 1952 —Copei queda de segundo—, pero el coronel Pérez Jiménez desconoce los resultados y se hace nombrar presidente de la República, iniciando así una nueva dictadura militar. Villalba es desterrado, mientras un grupo reducido de copeyanos se pliega al régimen. Más tarde, Caldera será acosado y finalmente detenido por la policía política hasta que, a comienzos de 1958, logra salir al exilio, protegido por la Nunciatura Apostólica.

Camino a la mayoría

Pérez Jiménez será derrocado el 23 de enero de 1958 por una rebelión militar que tuvo el apoyo de los partidos que se mantenían en la clandestinidad. Se realizan elecciones presidenciales en diciembre de ese año. Gana Betancourt, seguido por el vicealmirante Wolfgang Larrazábal y Caldera. Copei baja al tercer lugar.

Inmediatamente se forma un gobierno de coalición entre AD, URD y Copei, bajo los lineamientos del Pacto de Puntofijo. Copei será leal a este acuerdo hasta el final, a diferencia de URD que lo abandonará tempranamente en agosto de 1960, encandilado por la llamada Revolución Cubana. Cuarta contribución histórica copeyana: su lucha por mantener aquella democracia inestable y asediada desde la extrema derecha y la extrema izquierda.

En 1963, el gobierno coaligado fue a la contienda con dos candidatos presidenciales: Raúl Leoni por AD y Caldera por Copei. Ganó el primero y el abanderado copeyano llegó de segundo. Entre ambos sumaron más de la mitad de los votos emitidos entonces.

La quinta contribución de Copei al sistema democrático fue haberse convertido en la alternativa electoral frente a AD, a partir de 1968, con la elección de Rafael Caldera como presidente de Venezuela. Fue la primera vez que un líder opositor derrotaba electoralmente al candidato del gobierno, sin llegar al poder por la puerta trasera del golpe de Estado. A partir de entonces hubo en los años siguientes alternancia entre ambos partidos: Carlos Andrés Pérez ganó en 1973, Luis Herrera Campíns en 1978 y Jaime Lusinchi en 1983. La polarización AD-Copei se mantuvo en 1988 con la victoria de CAP, pero se acabó en 1993, con la segunda llegada de Caldera a la presidencia, por encima de los dos partidos.

La sexta contribución de Copei a la democracia venezolana será la de haber formado ideológica y políticamente, a través de un instituto fundado en los años sesenta por Arístides Calvani, a miles de dirigentes jóvenes, sindicalistas, profesionales y sectores de clase media, como pocas veces antes pudo hacerlo partido alguno en Venezuela y en el continente.

Obra de gobierno

Los dos gobiernos socialcristianos de Caldera (1969-1974) y Herrera Campins (1979-1884) dejaron una obra importante para la conciliación, la modernización y el progreso de Venezuela, independientemente de sus errores. Examinarla íntegramente necesitaría mucho más espacio, por lo que apenas expondré algunos datos.

En la primera gestión del presidente Caldera hubo un logro trascendente: la política de pacificación, que permitió —luego de su derrota política y militar— la incorporación al debate democrático de quienes se habían alzado en armas en contra de las instituciones democráticas. El proceso de negociaciones fue confiado a una comisión encabezada por el cardenal Quintero, y quienes se acogieron al mismo fueron indultados y reintegrados a la lucha cívica.

Al lado de esta iniciativa histórica, se construyeron importantes obras públicas (hospitales, universidades, liceos, autopistas, carreteras, vialidad urbana, viviendas, etc.) y otros logros fundamentales como la nacionalización del gas y la política de reversión petrolera, anticipo de su nacionalización, así como en materia agropecuaria e industrial. Tuvo, sin embargo, serios problemas con las universidades autónomas.

Por su parte, el gobierno del presidente Herrera también realizó una obra material considerable en instalaciones hospitalarias, educativas, culturales, deportivas, electricidad, vialidad, transporte público (ejecución de la primera etapa del Metro de Caracas), fortalecimiento de Pdvsa y sus refinerías, viviendas populares, etc., aunque con algunos lunares indeseados en política económica y deuda externa. Pero, en general, el suyo fue un gobierno que respetó los derechos humanos, mantuvo la paz y promovió el diálogo y el entendimiento.

Auge y decadencia

Copei fue un partido que desde su fundación hasta las elecciones de 1988 mantuvo una curva ascendente en su votación, salvo algún descenso en 1983.

Este crecimiento sostenido se debió a las candidaturas de su máximo líder en 1947, 1958, 1963 y 1968, cuando fue electo presidente de la República por primera vez, y continuó con Lorenzo Fernández en 1973, incluso perdiendo frente a CAP; Luis Herrera Campins, quien ganaría los comicios en 1978 (en 1983, cuando Lusinchi venció a Caldera la votación descendió cerca de 200.000 votos) y Eduardo Fernández, aun habiendo sido derrotado por Pérez en 1988. En 1993, frente a un cuadro multipolar y con la candidatura de Caldera por fuera, el nominado copeyano Oswaldo Álvarez Paz vio reducidos sus votos a un poco más de la mitad obtenida por Copei cinco años antes. Pero junto a las victorias de 1968 y 1978, el siguiente momento culminante del partido socialcristiano fue en 1992 cuando ganó 11 gobernaciones, derrotando a AD.

Luego de aquello, Copei inició su declive. Sin embargo, ese fue un proceso que tenía antecedentes significativos: la lucha por la candidatura presidencial entre Lorenzo Fernández y Herrera Campins en 1973 afectó la unidad emocional y se produjo la derrota frente a CAP. Luego vinieron los desencuentros entre el gobierno del presidente Herrera y la dirección del partido, todo lo cual afectó la candidatura de Caldera en 1983. Más tarde, se produjo el enfrentamiento entre Caldera y Eduardo Fernández por la candidatura presidencial de 1988. Entonces ganó el segundo, pero el líder fundador se fue a la reserva.

En 1993, luego de unas exitosas primarias, Álvarez Paz obtendrá la nominación presidencial de Copei, pero, al final, la candidatura independiente de Caldera alcanzará la victoria. Cinco años más tarde se profundizaría la debacle copeyana. Sus autoridades habían cortejado y hecho suya la candidatura independiente de la alcaldesa Irene Sáez, a quien todas las encuestas daban como ganadora en 1998. Esa candidatura se desinfló en poco tiempo, dando paso a la polarización entre Hugo Chávez y Henrique Salas Römer, a quien —a última hora— decidió apoyar la cúpula socialcristiana. Lo demás es historia conocida: Copei no ha vuelto a lanzar candidato propio desde 1993, y a partir del 2000 ha apoyado siempre al abanderado que la mayoría de la oposición ha escogido.

Desde hace algo más de una década, al judicializarse su conflicto interno y poner en manos del TSJ la decisión final, este ha terminado designando sus autoridades, siempre en la línea de favorecer a quienes el régimen considera sus aliados dentro de Copei.


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