Andrés Boersner, dueño de la librería Noctua / Vasco Szinetar ©

Por ANDREA RONDÓN GARCÍA

I

El año pasado escribí un artículo titulado «2018: el año más duro para las librerías (o para quienes las disfrutamos)» (2). Ese artículo lo escribí no con la intención de que fuera una investigación exhaustiva sobre el estado actual de las librerías (3), sino para describir tal estado desde la experiencia de una persona que disfrutaba (y todavía lo hace en la medida de lo posible) de una Caracas que respiraba cultura. En su momento comenté recuerdos, momentos de mi vida y mi experiencia.

Este año quiero repetir el momento de desahogo, por así decirlo. En el año 2019 continué con mi hábito de visitar las librerías de Caracas y fui un poco más allá. La situación de las librerías es una preocupación de muchos y participé en foros organizados de forma espontánea en las redes sociales. Quiero también dejar constancia de esa interacción en redes.

En aquel artículo de 2018 destacaba que Caracas siempre se distinguió por ser una ciudad que respiraba cultura y señalaba como ejemplos –los que me tocaban directamente de algún modo- la visita de Jorge Luis Borges y Friedrich A. Hayek a Caracas y la entrevista a ambos por Carlos Rangel y Sofía Ímber; las celebraciones cada 5 años de Cedice Libertad, en el marco de sus aniversarios desde que se fundó hace casi 35 años, que suponía las ponencias de grandes como Mario Vargas Llosa, Premio Nobel de Literatura 2010, Plinio Apuleyo, intelectual y escritor colombiano, Álvaro Vargas Llosa, ensayista, periodista peruano, etc.

A pesar de la tragedia socialista que se instauró hace casi 20 años, los caraqueños podíamos disfrutar de una amplia variedad de librerías relativamente bien surtidas. Hoy el panorama es desolador.

El año pasado la Cámara Venezolana de Editores informó que en el año 2018 cerraron más de 80 librerías en el país; que hubo una reducción de 50% de las ventas del sector debido a la escasez de materiales y productos para la comercialización y que hoy se vende solo 1% de lo que representaban las ventas de los últimos 6 años (4).

II

Lugar Común hoy Alejandría

Varios fueron los hitos que marcaron este 2019. El año pasado cerró la sede de Lugar Común en Altamira. Por problemas distintos a la situación económica, esta sede cerró. Se hubiese esperado que el cierre no afectara al resto de las sucursales. Sin embargo, con poco tiempo de inaugurada, cerró la sede ubicada en la calle Jalisco con California de las Mercedes. Las otras sedes, una ubicada en el Centro Comercial Paseo Las Mercedes y la otra en la Torre Polar a cargo de Javier Marichal se presentan con el nombre de Alejandría.

La librería Lugar Común significó mucho para mí. En su sede de Altamira di mi primera charla sobre Liberalismo y Literatura con el amigo, escritor y librero Ricardo Ramírez Requena (hoy a cargo de la gran iniciativa que es La Poeteca). Luego de esa hermosa actividad, vinieron otras más con intelectuales nacionales como Gisela Kozak e internacionales como Martin Krause. Las puertas de Lugar Común siempre estuvieron abiertas para Cedice Libertad y estas líneas son una muestra de agradecimiento.

Muchos Libros

Hace algunos años abrió la cadena de librerías Muchos Libros. Estas librerías estuvieron ubicadas en los principales centros comerciales de Caracas. Se caracterizaban por una variedad de libros que incluso me atrevería a decir no tenían nada que envidiarle a las librerías de las grandes ciudades del mundo. En esta librería conseguía clásicos de la literatura universal y de filosofía. Eran sedes muy amplias y hermosas.

Como residente de Caracas, viendo el deterioro diario de todo, no podía evitar preguntarme cuánto duraría semejante excepcionalidad cultural en Venezuela. La respuesta la tuve este año. Poco a poco fueron cerrando sedes, pero se mantenían al menos 3 o 4 de ellas. Este año 2019 significó el cierre de todas las sedes de Muchos Libros.

Kalathos

Recientemente la visité. La conocí hace más de 10 años. Siempre estuvo muy surtida, principalmente en materia de Literatura y Filosofía. Muy activa para organizar presentaciones de libros, talleres, charlas, etc.

En mi reciente visita conseguí algunos cambios. Obviamente hay más libros nacionales que importados pero sigue surtida. Los altos estantes fueron sustituidos por otros más pequeños.

El ambiente algo cambiado. Música un poco más alta y no solo música instrumental. Los viernes en la tarde noche tienen mojitos y comida.

¿Por qué destaco esto último? Porque aunque no vi los signos propios de la decadencia del país, algunos cambios son reflejo no solo de la intención de actualizarse con los tiempos, sino de subsistir en un país caracterizado por el cierre de sus librerías en los últimos años.

A pesar de todo celebro verla surtida, bien y resistiendo como me gusta decir.

Las Novedades

Esta cadena de librerías se caracterizó por tener una variedad importante de libros en diversas áreas. En sus mejores momentos ofrecían libros de la Literatura Universal, Historia, Filosofía, entre otros. La verdad que uno disfrutaba entrar a cualquiera de sus sucursales.

Con el tiempo, la calidad de la oferta mermó y los libros de autoayuda se convertirían en su principal medio de subsistencia.

Al cierre de muchas de sus sucursales, este año se sumó la tendencia a incluir en su oferta chucherías y productos de higiene importados de Estados Unidos (5).

Esto último era muy propio de otro tipo de locales, que ante la terrible crisis económica, sin importar el ramo al que se dedicaba, empezaron a adquirir la forma de bodegón con los productos que vendían.

Confieso que no esperé que esto ocurriera con una librería. Es doloroso verlo porque se piensa que quedarse también es una forma de resistir. Pero lo que ha sido el deterioro particularmente el año pasado y este nos hace reflexionar aún más. El que se fue y el que se queda sufren al país, no cabe duda. Respecto del que se queda, el dolor está en ver como poco a poco va cambiando todo y de modos en los que nunca nos imaginamos. Esto es un buen ejemplo de lo que comento.

Noctua

Noctua estuvo cerrada todo el año 2018 y parte de 2019. Desde 2017 con la inundación del centro comercial estuvo por más de un año con su anuncio «cerrada por tiempo indefinido».

Pero el año 2019 es el año en que reabrió Noctua sus puertas. Es un reinicio algo raro y triste. Este año nos dejó uno de sus libreros, Nikolai Herrera. En el mes de julio se leía en la página de Facebook de la librería esta nota:

«Lamentamos informar el fallecimiento de nuestro querido Nikolai Herrera, integrante de nuestra familia y miembro destacado de nuestra institución por más de 20 años. Fue siempre de gran apoyo, sensibilidad y alguien muy querido por los amigos y clientes. Colaborador en los buenos y malos tiempos y persona de una nobleza, sencillez y carácter que significó estímulo para todos nosotros.  Se fue calladamente, con la discreción que lo caracterizaba.

Gracias, amigo, gracias, hermano,  por tu luminosa presencia. Siempre te recordaremos.

Sursum Corda».

Tuve el privilegio de conocerlo y ser atendida por este librero (librero no es solo el que vende libros) de corazón. Estas líneas están dedicadas a él; a su amor por Noctua; a su entrega con cada cliente; a su amor por los libros.

A esta librería la frecuenté mucho entre 2005 y 2010, época en que estudiaba italiano en el Instituto Italiano de Cultura, terminaba la especialización y comenzaba el doctorado.

Los libros de filosofía que usé para mi tesis los compré en esta librería. Los Boersner, como buenos libreros, eran ambiciosos con los libros que traían. Editorial Gredos y Paidós son las que más recuerdo.

Para mí Noctua es el último bastión cultural de Centro Plaza. Allí estaban otras dos librerías emblemáticas que cerraron muy tempranamente. Estaba también su cine que exhibía películas de los festivales internacionales y del cine independiente. La sede del Instituto Italiano de Cultura tampoco está ya allí.

III

No obstante lo anterior, y reconocer que estos últimos dos años han sido los más duros para las librerías, me gusta recordar y especialmente practicar la recomendación que Javier Marichal compartió en redes: «Las librerías forman comunidades, espacios donde los lectores se encuentran. Después de nacer o morir nada más personal y solitario que el acto de leer, pero compartir lo leído es otra cosa. Y antes de Internet lo socializábamos sobre todo en las librerías, donde el librero es médium, conector de espíritus, el de libros y lectores. Al faltar estos es lujo vano el oficio. Sentir lo perdido nos hace humanos, cierto. Pero entender las causas de estas pérdidas nos compromete en lo personal a evitar otras. Por eso invito a proteger con nuestra presencia cotidiana las que permanecen abiertas».

Ciertamente las librerías son sinónimo de ciudad y socialización. En mi caso particular, desde hace cinco años y medio, supuso un nuevo refugio para reconstruir mi biblioteca perdida. Tuve un proceso personal difícil, pero entre tantas otras cosas, las librerías resultaron parte de mis rutinas los fines de semana para reconstruir mi biblioteca, en realidad, mi mundo.

Por ejemplo, una de las pocas librerías que mencionan en los tours de librerías por esta todavía hermosa ciudad es la del Centro Comercial Vizcaya. Es mi parada obligada los fines de semana (ahora solo los sábados gracias a las regulaciones laborales y a la inseguridad). Confieso que pensé que cerraría en el año 2017 debido a las colas en una de las sucursales de una famosa cadena de supermercados que dificultaba las visitas al centro comercial.

Es una librería propiedad de una pareja de esposos mayores. Sus dueños tienen un gran amor al trabajo de toda una vida. Son verdaderos libreros. Conocen lo que venden y te recomiendan. Aquí compré, además de los clásicos de la literatura universal, mis libros de Paul Auster y Sándor Márai.

Otra librería infaltable en estas líneas es Estudios, en La Castellana, atendida por un gran amigo y conocedor de su oficio, Jesús Santana. En esta librería rearmé la colección de Albert Camus, de J.M. Coetzee y de Jorge Luis Borges, entre tantos otros. Además, gracias a un enorme esfuerzo, el año pasado adquirí Cómo hablar con un progre de Gloria Álvarez, el tercer tomo de Los enemigos del comercio de Antonio Escohotado y La llamada de la tribu de Mario Vargas Llosa, entre otros. Estos últimos no solo fueron novedades aquí sino también en otros países.

La librería de Cedice Libertad, atendida por la señora Auristela bajo la experta gerencia de Rocio Guijarro (gerente de Cedice Libertad), es la que me dio mi biblioteca liberal, desde Adam Smith, pasando por Mises, Hayek, Rand, Rothbard, y terminando con autores de este siglo como Tucker, Boettke, Huerta de Soto, Ravier, Rojas, etc. Obviamente no soy exhaustiva, pero me interesa destacar que esta librería se especializa en traer las novedades de Unión Editorial.

No solo por ser Cedice Libertad mi segunda casa le tengo un enorme cariño a esta librería, sino por la mística con la que trabajan en difundir desde hace 35 años ideas de libertad en un contexto totalmente adverso.

Otras librerías con pretensiones un poco más modestas: Librería Los Pinos del Centro Comercial de La Boyera, la librería de mi infancia (es todo un reto mantenerse y más en este país todo este tiempo) y donde mi abuela (siendo hija de padres profesionales fue la que me crió) compró la primera novela, que leí a los 8 años: Doña Bárbara de Rómulo Gallegos. Más librería de útiles escolares al principio, hoy se pueden ver novedades nacionales como los libros de la editorial Madera Fina (otro importante esfuerzo en medio de esta economía estatizada). Librería Nueva Chacao, con muy buena oferta principalmente de libros nacionales. Era para un público más general lo que no le restaba la posibilidad de conseguir muy buenos libros. Hace 10 años solía tener en la entrada un husky cachorro igualito a mi husky siberiano, Ralph. Hoy, aunque no es ni la sombra de lo que era, sigue aguantando.

Por mi carrera, sigo con interés las librerías jurídicas Paredes y Álvaro Nora, que con dificultad todavía se mantienen. De hecho esta última este año ha agregado charlas y conversatorios en sus espacios con profesionales que también insisten en resistir en estas condiciones adversas como es el caso del Dr. Ramón Escovar León y Roberto Hung.

Aunque sea difícil, no abandonemos los espacios que nos son propios. Por mi parte, trato de visitar con la mayor frecuencia posible las librerías que todavía resisten.

IV

A riesgo de no ser del todo precisa porque la realidad de las librerías cambia constantemente, me aventuro a indicar una lista de las librerías que todavía están activas. Me disculpo de antemano por la omisión en la que pueda incurrir: Historia, en el centro; La Pulpería del Libro en Chacaíto; El Buscón, en Paseo Las Mercedes; Sopa de Letras en la Hacienda La Trinidad; la del Banco del Libro; Summa, del Centro Comercial Concresa; Tecni-Ciencia Libros en el Centro Comercial Ciudad Tamanaco y el Centro Comercial San Ignacio.

También quisiera dejar constancia de la interacción en redes en el que participé sobre este tema. Recientemente Rodnei Casares de Editorial Libros del Fuego, que actualmente vive en Medellín, preguntaba sobre las editoriales y librerías activas en Venezuela.

Por mi parte indicaba las librerías de las que conocía estaban activas. Mi lista fue corregida en algunos casos y en estas líneas se refleja con cierta fidelidad el estado actual de las librerías en Caracas.

Por su parte, Luis Perozo Cervantes desde Maracaibo señalaba que todavía existen las grandes librerías Europa (6 sucursales), Aeropuerto (cuatro sucursales), Punto y Coma (dos sucursales), Estudio, El Quijote y las librerías de libros usados El emporio del libro y una serie de locales en el centro.

Rubi Guerra comentaba que en Cumaná siguen abiertos los tres locales de El Mundo del Libro y que incluso el primero de esta cadena tiene ya 20 años funcionando.

En esta interacción también participaron Javier Marichal y Ricardo Ramírez Requena, a quienes agradezco por seguir en estos actos de resistencia cultural, por llamarlo de algún modo.

V

Cuando toco estos temas, ya dolorosamente recurrentes, siempre cito a Arturo Pérez-Reverte, quien nos recuerda que: «Ni siquiera el hábito de ver destruirse cosas de forma violenta, derrumbarse mundos enteros en guerras y catástrofes, que ayuda mucho, endurece lo suficiente. Vacuna, quizá, frente a la sorpresa y permite mirarlo con lucidez más o menos serena, pero el dolor de la pérdida, o las continuas pérdidas, sigue siendo intenso». (Cantina Salón Madrid, https://www.zendalibros.com/cantina-salon-madrid/).

No queda más que usar este dolor para tomar impulso, seguir y dejar atrás aquello que te atrasa.


NOTAS

  1. En el año 2018 se preparó y publicó una crónica sobre la situación de las principales librerías de Caracas. El presente escrito constituye una actualización de la situación de las librerías que se reportó en el año 2018

2. https://www.elnacional.com/papel-literario/2018-ano-mas-duro-para-las-librerias-para-quienes-las-disfrutamos_263217/amp/?__twitter_impression=true, consultado el 13/11/2019.

3. Para una visión más completa ver: Librerías en el este de Caracas de Sebastián de la Nuez, http://www.hableconmigo.com/2018/11/18/librerias-en-el-este-de-caracas/, consultado el 13/11/2019.

4. http://www.descifrado.com/2018/11/23/sector-editorial-se-declara-ahorcado-y-solicita-financiamiento-para-producir-libros/, consultado el 13/11/2019.

5. https://medium.com/@ElDiariodeCCS/la-venezuela-paralela-el-fen%C3%B3meno-del-bodeg%C3%B3n-lleg%C3%B3-a-las-librer%C3%ADas-523eeec528b1, consultado el 13/11/2019.