Bienaventurados los que sin saber cómo se despeja el camino deciden avanzar y tienen la convicción de que la gran piedra que observan como un obstáculo será removida. Dichos los tales, porque confianza albergan como certeza de la gracia que simboliza el proseguir, con entendimiento y determinación al destino que les ha sido asignado. No se necesitan ojos abiertos, ni campos visuales muy amplios, para percatarse de los estorbos que cualquier recorrido implica. Desde el esfuerzo como catalizador energético, conciso y bien empaquetado que subyace como una bienvenida, hasta la astucia que la expectante motivación añade a cualquier ávido inspirado. Entretanto, no se desprecian las infaltables y aleatorias eventualidades que dependiendo de su rudeza suelen ser letales, fulminantes o debilitantes de transeúntes.

En cierto momento, quien avanza mirando al frente se preguntará con objetividad ¿quién removerá la piedra del camino?, y curiosamente no será hasta que se encuentre lo suficientemente cerca, que logre apreciar el milagro de la remoción, mientras aún esté ocurriendo. Esto tiene el loable propósito de conquistar nuestros corazones y engalanar nuestros ojos con entusiasmo y sorpresa, para afirmar que mientras el que avanza se encarga de lo posible, el Invisible de todos los tiempos moverá su ejército para remoción de obstáculos identificados, y la evasión de aquellos que aún no se han logrado divisar.

A propósito de todo esto, ¿cómo saber cuáles obstáculos serán removidos y cuáles desintegrados o evadidos? Bueno, es solo una teoría personal, pero es probable que sea removido frente a tus ojos aquello que te atormenta, desvela y ves como gran gigante, para que siempre recuerdes quién lo hizo. Así mismo, serán desintegradas o evadidas aquellas piedras que resulten tóxicas, malignas, letales y el hecho de no poder vislumbrarlas, no implica que no se encuentran allí. Empero, ignorar su existencia te exime de toda ráfaga de daño o del dolor más mínimo que puedan representar tales cosas.

Así, en la media que aprecias el despeje, por segmento del camino, gózate con quien barre los obstáculos, y si no visualizas nada, agradece en sobremanera educando tu corazón, porque de alguna fatalidad has sido librado, y no deshonres la gracia que te ha sido otorgada. Esta semana tuve la oportunidad de ver muy de cerca un accidente terrible, que por poco cobra la vida de varias personas. Estando solo a diez metros del volcamiento de un automóvil, que pudo caer justo sobre el vehículo donde yo iba, mis ojos se abrieron en otra dimensión, y antes de permitir que una escena traumática cautivara mis pensamientos y sentimientos, elevé un clamor al Padre solicitando su intervención y control en medio de la situación. Esto calmó mi alma y me permitió prestar atención inmediata en lugar de colapsar de terror.

El evento era estremecedor, ver sangre correr por el rostro de una víctima y escuchar a otra decir que moriría sobrecogió mi corazón, pero poder estar para darles aliento y decir que todo estaría bien fue una bendición, y añadió propósito a un paseo que solo se concibió como un momento para compartir y reír con gente amada. Ese día queda marcado con severidad en mi mente y corazón, no por el trágico suceso sino por la perenne gracia de ser parte de quienes pudieron hacer la diferencia. En un momento de gran pavura para una familia pequeña, vi héroes sacar a personas que triplicaban su peso y edad de un carro, recuperar y devolver peculios a sus dueños, resguardándolos de la pérdida por fuego y presunta explosión, mostrando verdadero civismo y amor.

Hablando de obstáculos en el camino, un 22 de diciembre, además de ser el natalicio de mi difunta madre, ahora es el recordatorio que cada obstáculo no precisado del camino, con carácter de fatalidad será removido. Aun si se requiere un despliegue de ángeles en la vía, sea porque los ves o no, la fatalidad que prometía desgracia y trauma, se convierte en agradecimiento y confianza plena de que la seguridad es perpetua en quien la proporciona y el pensamiento entrenado es sagaz, si se quiere ayudar.

Aun cuando hay quienes prometen destrucción y muerte, en las vías y los caminos dentro de un país cuyo pueblo está siendo amonestado; la desdicha se convierte en bendición, cuando al menos un corrupto se dispone para aprender y revaloriza la vida enfocando su esfuerzo y pensamientos en lo que es justo, loable y subsiste para siempre. Donde se pesa la vida, se miden las intenciones propias de cada corazón, y se crece, justo allí, está la mayor expresión de vida.

Que en estas fechas de tanto compartir el corazón sea cimentado en la confianza de que las piedras del camino serán removidas, el tiempo no termina y hay propósitos donde quiera que vas. Una gloria peculiar puede sorprenderte en tu destino, donde pensabas encontrar cierta condición un cuerpo glorificado se ha levantado, con marcas en manos y pies, como recordatorio de que no solo ha nacido el Salvador, sino que creció, murió y al tercer día resucitó, dejando la tumba vacía tras la remoción de aquella gran piedra que sellaba la entrada al sepulcro.

@alelinssey20

 


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