Inexorable, el tiempo transcurre insistente, implacable, periódico. Como transcurrió por ejemplo para “EL Nacional” que ya cumplió el pasado 3 de agosto los 77 años. Una construcción de lo que hoy es legado institucional para Venezuela, en el concierto del periodismo mundial. Se nos viene así la conclusión de agosto, y con ella pareciera terminar, más que el segundo tercio del año 2020, una etapa definitoria del resto de nuestras vidas.

La historia se construye a cada instante, en cada acción o inacción de cada día. Con nuestras decisiones, o indecisiones. Los acontecimientos siguen produciendo un curso como resultado de las variables más o menos preponderantes que, aunque todas en juego y aplicadas en determinado entorno, cambiante a la vez, definirán lo que somos hoy, y lo que vamos siendo cada día, de mañana. ¡Lo que fuimos pasó y dejará el legado! Desde allí avanzar hacia al futuro. La complejidad consiste en eso. Por ello, a cada instante, el conocimiento y la experiencia son herramientas fundamentales que se van entrelazando, y que van pasando formación e información, de una mano a  otra, sin cesar.

Para este agosto 2020, mediante el “Worldometer”, las Naciones Unidas han estimado en 7.800 millones de personas la población del mundo. En medio de una pandemia, en la que se han contagiado desde comienzos del año un poco más de 24 millones y medio de personas. Esto nos acerca a la situación promedio en que, más o menos, uno de cada 300 habitantes del planeta han padecido ya el virus chino covid-19. La cifra global de fallecidos por la pandemia es de 833.466 personas, contabilizadas por la Universidad Johns Hopkins con base en datos que cada país suministra.

Europa y luego Norteamérica recibieron los primeros impactos. A Ecuador, en el puerto de Guayaquil llevó una afectación temprana. Hacia Venezuela, que cuenta con menos de 30 millones de habitantes gracias al éxodo masivo a consecuencia de la narcotiranía, paradójicamente, por su propio aislamiento internacional y la parálisis de su economía, tardó en impactar el virus. Con inoperativos medios de transporte y escasez de combustible, se ha experimentado un incremento moderado en la rapidez del contagio del virus chino covid-19, hasta ahora. Sin embargo, el inusitado crecimiento de la tasa de mortalidad por todos los demás tipos de padecimientos quieren disimularla a costilla de la bulliciosa noticia de pandemia. Antes que nos secuestrara el virus del socialismo del siglo XXI a Venezuela  podían atenderse con esfuerzo el cáncer, enfermedades renales, padecimientos cardíacos, hipertensión, enfermedades degenerativas, etc. Ahora, con muy deficiente o prácticamente nula atención apropiada se liquidan pacientes y se van morir de tristeza y resignación por la pobreza y abandono.  Nos colocan en una condición como país no democrático de condena a una muerte lenta, y te reprimen si te quejas con no darte lo mínimo para que te vayas muriendo de a poco, para ocultar las cifras verdaderas de todo cuanto quieran maquillar.

Aplicando la política restrictiva de movilidad del ciudadano, típica y normal de los regímenes tiránicos, la utiliza el régimen como otro instrumento de control social adicional. Con sus acostumbradas irregularidades y desatinos, intentan aplicar en los sitios populares cuarentenas, donde la gente sale si el malandro lo permite. En el barrio mandan los jefes de las bandas. Así, sin rigurosidad científica por que son incapaces de instrumentarla, prescriben una cuarentena para “una gente aquí”, una semana con “mas severidad”, y otra por allá “más relajada”. Al fin y al cabo, de todo se va está muriendo la gente. Así, entre lo lento y lo rápido, como cantinas la tragicomedia de al mayoría depauperada del venezolano, además del coronavirus, muere  bajo un régimen genocida.

Mientras todo esto ocurre en Venezuela, la élite inflama el pecho y hace discursos sobre grandes planes estratégicos y fórmulas de consulta y solución ante el narco Estado “conducido por el conductor Maduro”, quien “bien conducido por La Habana”, nos “conduce a todos hasta la fosa”, día tras día. En otras parte del mundo, en China por ejemplo, han muerto, según se reporta la misma fuente de la Universidad Johns Hopkins, solo 4.718 personas. Resulta que el virus salido desde sus fronteras mata decenas de miles de ciudadanos alrededor del mundo, pero a ellos que son el país mas poblado del mundo con 1400 millones de chinos solo menos de cinco mil chinos han fallecido por dicho “virus chino”. Es así como diría aquel famoso filósofo de  “y si me matan y yo me muero”, en China si quieres salvarte del coronavirus, primero tienes que salvar el pellejo del régimen totalitario como obediente esclavo que tienes que ser. Es decir obedeciendo todo lo que imponga el Comité Central del Partido Comunista Chino. Por ejemplo como dijeron a los investigadores del laboratorio de Wuhan: “de no salió nada”, y aquí “no ha pasado nada”, entendieron ¿sí o sí?

Entre tanto los jerarcas del narcorrégimen van viviendo la libertad de sus preciadas y mas valiosas vidas que al del pueblo llano. Acudiendo cuando se enferman a los centros de atención privados a  intentar salvarse su pellejo socialista, frente al pendejo que no tiene derecho a vivir un tiempo de calidad de vida razonable, mientras le dure la amargada semisalud de vida que le resta, va muriendo en esta tragicomedia venezolana, de a poco cada día, entre muy poco pan y mucho circo. Pocas risas y muchos llanto. El jefazo conductor de Miraflores, ensayando y errando con su elocuencia gubernamental-demencial del “Socialismo del Siglo XXI, con el control totalitario del narcoestado en Miraflores, sigue enviando lo que le exigen como satélite operativo del crimen organizado con sede Central Administrativa en La Habana.

Día tras día, el heroico esfuerzo de una resistencia médica patriótica lucha por sus pacientes en los hospitales, sin que del lado del “pensamiento esclarecido” se le pueda dotar de los recursos necesarios porque la tiranía no da su permiso.  Deceso en legado de lucha inolvidable de médicos venezolanos que intentan salvar vidas en los maltrechos centros hospitalarios del país. Ellos se consumen sin que tengan socorro contundente de nosotros, ni de organismo internacional alguno. La amenazante aceleración del aumento de casos del covid-19 quizás tenga entonces la palabra. Todavía aún la promesa les parece hueca, vacía de verdad, de contundencia, de credibilidad. Así como quedó aquella un 23 de febrero de 2019 sobre la “masiva ayuda humanitaria que entraría a Venezuela, “costara lo que nos costara”.

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