Perú prepara un paquete de estímulos para su economía de unos 12 puntos del PIB. Chile también contempla una acción parecida. El Banco Central de Colombia avisa que tiene suficiente espacio para ayudar a la economía. Panamá se prepara para salir con una emisión de deuda (a pesar del panorama actual) y Paraguay anuncia la posibilidad de también acudir a los mercados financieros. Desde hace tiempo, los países de la región y en general del mundo, han estado tomando medidas para contrarrestar los efectos negativos que sobre sus economías ha estado generando el covid-19.

Según Goldman Sachs, América Latina tendría la mayor recesión de su historia. España pudiera tener una caída de 4% del PIB en un escenario optimista (si no se toman medidas paliativas) y hasta 7,5% en un escenario pesimista. La OIT espera que se pierdan casi 25 millones de empleos en el mundo (en su escenario más pesimista). La industria del turismo sufre una devastación.

Mientras tanto, en la economía con los peores resultados macroeconómicos de los últimos años en el mundo (único país con 6 años seguidos en recesión, padeciendo una hiperinflación, etc.) se anuncia que congelarán las tarifas de los servicios públicos, de telecomunicaciones, de los alquileres y se obliga a la banca a que, por seis meses, sea comprensiva si empresas y personas naturales no pagan los créditos (aplica también para los clientes de las telecomunicaciones y servicios públicos). Como amargo final, no se les informó a esos sectores, como los iban a compensar (por lo que el mensaje parece claro: resuelvan ustedes mismos, no importa si tienen problemas de flujo de caja). En resumen: ni una sola medida para reactivar la ya muy deteriorada economía venezolana ni un plan de acción para ayudar a los miles de venezolanos que trabajan en el sector informal y que tienen semanas que no generan ingresos para poder adquirir lo mínimo para sobrevivir a la cuarentena. Bueno, sí hubo un plan, pedirle cacao al Fondo Monetario Internacional, el cual como no reconoce a nadie como presidente del país, no puede aprobarnos ningún financiamiento.

En las actuales circunstancias, Venezuela se enfrenta a una situación muy difícil. Este año se registrará el ingreso petrolero más bajo en los últimos 80-90 años (términos reales) y las consecuencias las padeceremos en más inflación-devaluación-contracción económica.

El 2020, que se suponía sería mejor en el tema económico, ahora parece que nos hará recordar con nostalgia al horrible 2019. No hay herramientas fiscales, no hay reservas internacionales, no hay fondos de emergencia ni de estabilización, no hay ingresos en divisas.. hay bastantes sanciones económicas y un conflicto político que los extremos no quieren que se resuelva (ni siquiera una pausa mientras dure la pandemia), en fin, el caldo de cultivo perfecto para que tengamos un horizonte bastante oscuro, con mucha inestabilidad pero una certeza: la calidad de vida de la gran mayoría de los venezolanos seguirá deteriorándose.


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