Biden promete 100 millones de dosis de vacuna en sus primeros 100 días
Foto EFE

Venezuela y Estados Unidos van en llave el 5 y 6 de enero. El 5 se define en Estados Unidos si Biden tendrá mayoría en el Senado. Ese mismo día toma posesión una nueva Asamblea Nacional en Venezuela. Pero empecemos por el 6.

El lunes de esta semana, los miembros de los colegios electorales de cada estado de la unión norteamericana ratificaron la voluntad general de la población, que el 3 de noviembre le dio el triunfo a Joe Biden como futuro presidente de Estados Unidos. Lo que ha pasado desde hace más de un mes es bastante conocido. El actual presidente, Donald J. Trump, todavía no reconoce haber perdido, a pesar de los numerosos reveses judiciales, legales y políticos que han confirmado la victoria del exvicepresidente de Barack Obama.

Trump ha recurrido a toda clase de estratagemas para contestar el voto popular, incluso desde antes de los comicios. Las supuestas irregularidades que dice que ocurrieron en el proceso de votación se basan fundamentalmente en el conteo de votos emitidos por correo, a los cuales se opuso desde antes de la elección y que, al no poder impedirlos legalmente, propició que en los estados donde la mayoría legislativa estaba dominada por el Partido Republicano, se impusiera que dichos votos fueran contados separadamente y después de la cuenta del sufragio presencial. Sus alegatos judiciales incluían que los estados donde perdió habrían cambiado las reglas del juego a última hora y que los votos por correo eran “ilegales”. En los tribunales regionales, federales y en la Corte Suprema de Justicia, jueces y magistrados expresaron por distintas razones que no había méritos para dilucidar las acusaciones de Trump.

El actual mandatario intentó otras argucias. El largo proceso que va desde la elección presidencial popular en noviembre hasta la proclamación del candidato por parte del Congreso en enero, combinado con la fórmula de los colegios electorales para seleccionar al presidente en cada estado, brindó a Trump la oportunidad de presionar por el reconteo de votos en los estados donde perdió (en Georgia se hizo tres veces), tratar de que los republicanos con mayoría legislativa en esos estados desconocieran la voluntad popular, revisaran los comicios y nombraran otros miembros del colegio electoral que estuvieran a su favor, y también que gobernadores republicanos, como el de Georgia y el de Arizona, anularan los resultados, lo cual no tenían capacidad de hacer. Nada de eso funcionó.

La decisión del viernes pasado de la Corte Suprema de Justicia de desoír el caso planteado por el fiscal general republicano de Texas, quien pretendía invalidar los resultados electorales de Georgia, Michigan, Pensilvania y Wisconsin, parecía haber puesto el último clavo en la urna de la derrota de Trump. Desafortunadamente, no es así. El clavo está en la urna, pero el martillazo final viene el 6 de enero.

Lo que hubo este lunes fue que los miembros de los colegios electorales de cada estado emitieron formalmente sus votos por el candidato que ganó en sus jurisdicciones, un acto ceremonial, porque el 8 de diciembre ya habían confirmado, por ley, quién había sido el ganador. Los estados tienen ahora hasta el 23 de diciembre para enviar sus boletas de los colegios electorales al presidente del Senado, quien procederá a contarlos en sesión conjunta del Congreso el 6 de enero.

Pero la cosa no termina allí, según Trump y sus aliados. La Constitución y la Ley del Conteo Electoral de 1887 establecen la posibilidad de que cuando se cuenten los votos de los colegios electorales en el Congreso, senadores y representantes (diputados) tienen el derecho a objetar los resultados de cualquiera de los estados. Para que ello sea considerado por el Congreso, basta que un miembro de cada cámara haga la objeción, por escrito, para obligar que senadores y representantes ahora sesionen separadamente y tomen su decisión, después de dos horas de discusión. El representante republicano Mo Brooks, de Alabama, ya anunció que tiene en la mira a Arizona, Pensilvania, Nevada, Georgia y Wisconsin, para objetarlos por supuestos fraudes y formas de votación ilegales. No es descartable que a Brooks se le añada algún senador, como Ron Johnson, de Wisconsin, y Rand Paul, de Kentucky, quienes se han manifestado abiertos a esa idea.

¿Cambiaría esto el resultado final para Biden y Trump? Es casi seguro que no. La Cámara de Representantes está controlada por los demócratas. Y en el Senado, por ahora con mayoría republicana (53 de 100), al menos cuatro de los miembros de esa bancada han rechazado la intención de cambiar los resultados conocidos. A quien le resultará incómoda la situación es al vicepresidente Mike Pence, quien por esa condición es presidente del Senado, y va a tener finalmente que sentar posición sobre la validez de los alegatos de fraude de Trump.

Lo del 5, en Estados Unidos, tiene que ver con la elección de los dos senadores de Georgia. En los comicios de noviembre, ningún candidato a senador sacó más de 50% de ventaja y la ley obliga a que se repita el proceso, que es lo que va a pasar el 5 de enero. Los demócratas necesitaban en noviembre tres votos más en el Senado para controlarlo, de los cuales lograron uno. Si ganan los dos senadores en Georgia, habría un empate con los republicanos, 50 y 50, pero la nueva vicepresidenta les daría la mayoría. De no ser así, Biden la tendrá difícil con la bancada contraria en la Cámara Alta.

Donde sabemos que sí va a cambiar el Parlamento el mismo día 5 es en Venezuela. A partir de allí, queda por verse cuánto durará el apoyo internacional hacia el cuerpo presidido por Guaidó, valioso para la oposición no solo en términos políticos, sino porque le provee la posibilidad del manejo de activos y recursos económicos importantes en el exterior (Estados Unidos, Colombia), pero que a lo interno del país no será sino una “entelequia” y el interinato presidencial una “ficción jurídica”, como lo señala en estas páginas el académico Ricardo Combellas.

A partir del 5, más que a la Asamblea, toca legitimar al liderazgo político democrático nacional, que se declara a sí mismo cada día más dependiente de la ayuda externa. Guaidó es un líder genuino y creativo, valiente y carismático, que ahora la tendrá más difícil, tanto por las acciones del régimen como por las carencias de los partidos que lo acompañan.

De nuevo en términos hípicos, la falla no parece ser del caballo y ni siquiera del preparador; parece ser de los propietarios, que son muchos y no se ponen de acuerdo para fajarse en esta carrera larga de fangoso terreno.


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