Es alentador palpar un país que se moviliza. Pese a todo, pese a un estado de cosas para el que ya no caben calificativos, pese incluso al ánimo entre resignado y pesimista de quienes no ven salida o sienten que su llegada demora demasiado.

Un ejemplo del país que se moviliza fue dado en días pasados con la presentación en la en la Universidad Metropolitana del capítulo del Plan País en materia agroalimentaria, programa de acción que se inserta en el Proyecto “Líneas de Acción para la Reactivación del Aparato Productivo Venezolano”, una definición que busca contribuir a la formulación de políticas públicas y a la toma de decisiones para la corrección de los desequilibrios macroeconómicos y la reactivación de aparato productivo venezolano.

Contrario a lo que había sucedido en otras ocasiones, la propuesta no es el resultado de una visión desde fuera o desde la perspectiva exclusiva de un círculo reducido de expertos. Tampoco desde una perspectiva concentrada en intereses particulares o grupales, en juego con las relaciones de poder y orientadas a la obtención de beneficios. Al contrario, esta vez, se trata de una visión abierta, con participación de los actores de cada sector, con el aporte y el compromiso de un equipo técnico multidisciplinario de más de 150 especialistas de alto nivel, en el que se incluyen expertos, académicos, profesionales, empresarios, gente con experiencia en cada área. El documento final, presentado en el acto de UM por un dirigente agrario, recoge la voz de los productores y de todos los actores de la cadena que comienza en el campo y termina en la mesa.

Se trata esta vez de planes que nacen del consenso y de una equilibrio entre la necesidad de atender de inmediato las urgencias y de sentar las bases para el mediano plazo, entre ajustarse a los cambios y a las nuevas realidades y utilizar las experiencias y las lecciones del pasado. Si algo distingue al nuevo liderazgo quizá es, precisamente, su disposición a escuchar. Aprecian la consulta y la buscan, convocan a la experiencia y la respetan, no creen en su infalibilidad ni se atribuyen el don de rehacer el mundo desde cero.

Como se explica en el documento presentado, “el estudio se sostiene en un acuerdo social amplio con consenso tecnopolítico del más alto nivel que facilita su implementación”. La búsqueda de consenso, asumida como premisa, tiene la virtud de vencer resistencias y de advertirlas antes de que se produzcan con daño del plan, cuando es posible considerarlas, explicarlas y rectificarlas.

Construida desde una metodología que parte del acuerdo sobre unas premisas y la identificación de los problemas y concluye en una definición de objetivos y líneas de acción, la propuesta final servirá para los propósitos de dotar de insumos para una agenda legislativa de reconstrucción nacional, establecer las prioridades atendiendo criterios tan diversos como urgencia, recursos, impacto, niveles de complejidad, y, finalmente, desarrollar proyectos factibles y realistas.

Su aplicación hará posible el logro objetivos tan reclamados por el país como el aumento de la producción agrícola y agroindustrial, la disponibilidad de alimentos para la población, la expansión del aparato productivo para satisfacer las necesidades internas y abrir nuevos espacios de exportación en cadenas con ventajas comparativas y competitivas. Será, desde luego necesario, como se consigna en las líneas de acción, adecuar el marco regulatorio para propiciar la recuperación del sistema agroalimentario del país y, como queda explícito en las premisas, recuperar el respeto por los derechos de propiedad y las libertades económicas, fundamentos para una actividad productiva y para la recuperación.

Las bases para el cambio están en la renovación de las ideas, en la capacidad de dibujar el nuevo modelo a partir de nuestras propias capacidades y desde una visión actualizada de un mundo en acelerada transformación en todos los órdenes. La Venezuela que se moviliza ha comenzado a cumplir esa tarea.

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