A esta hora siguen encarcelados, torturados y vejados cientos de oficiales venezolanos. Como a muchos civiles, a los jóvenes militares los han sometido a tratos especialmente crueles y humillantes. El contundente informe de la Comisión de la ONU no deja lugar a disquisiciones. Se han violado y se siguen violando flagrantemente los derechos humanos en Venezuela. ¿Qué haremos entonces ante esa realidad?

Después de haberle violado sus derechos humanos a estos auténticos oficiales de conciencia venezolanista y de jóvenes patriotas, muchos oriundos de remotos lugares del territorio adonde la prensa menos llega, se les ha aislado de sus familias y se les sigue maltratando día a día. Muchas veces por solo haberse expresado delante de sus compañeros, por haber dicho algo en una reunión contra la opresión y destrucción de la República. A los jóvenes oficiales, a los mismos que juraron proteger a su nación, a su patria, su bandera, se les pretende prostituir en masa y adoctrinarlos para que sigan sustentando la criminal usurpación de Miraflores. Ellos resisten heroicamente, ante la incertidumbre del tiempo y del espacio, como esperando que un Big Bang del tipo Stephen Hawking ocurra, y tengamos justicia para que sean liberados.

Hasta la próxima acción genocida que someterá al pueblo cuando proteste, se nos pretende imponer un simulacro de elección para que aceptemos la rendición en calma. y aquellos que nos traicionan se expresan deseosos de participar en esas votaciones pactadas a trastienda y plagadas de absoluta falsedad, con la sola intención de reparto entre tiranos y traidores. Quieren cebarse en un país desfigurado por sus lujuriosas ambiciones. Imponen su violencia mediante abusos judiciales, desde su TSJ delincuente al servicio de la usurpación. De allí que el primer pensamiento que acude a nuestra mente, y hacia ellos, con el desbordado anhelo de libertad que nos inunda el alma, es hacer justicia. ¿Cómo detener esta infernal realidad? ¿Qué habrá de pasar para que esto se supere? ¿Quién será ese alguien, o ese algo, que nos salve del suplicio a que estamos sometidos como nación? ¡Nosotros mismos tenemos la respuesta!

Es inocultable  el abismal contraste con el trato que tuvieron los oficiales sobreseídos por sendas causas de fallidos y criminales intentos de golpes de Estado, en febrero y noviembre de 1992. Ello no solo demuestra, aún mas fehacientemente, lo que es la esencia de los cobardes a los que nos enfrentamos y que actuaron en tal aventura desquiciada, sino el hoy carácter desalmado de sus protagonistas. Esos que ayer fueron tratados con apego a cierto código militar, y de los derechos humanos, hoy no pueden siquiera insinuar haber sido sometidos a torturas, tratos crueles o inhumanos como los repetitivos aplicados al pueblo que les adversa. Ni siquiera pueden alegar tratos indecorosos en relación con su condición de oficiales insurrectos. Siendo evidentes transgresores de leyes marciales y nacionales de la República de Venezuela que causaron muertes y heridas graves entre sus propios compañeros de armas, tuvieron oportunidades de redimirse ante el país.

Nuestra indignación por todo cuanto ocurre hoy en nuestra Venezuela nos mantiene, de una forma u otra, a todos en resistencia ciudadana frente a la actuación criminal de estos sujetos. Piratas que abordaron el Estado y nos entregaron como colonia a la Cuba castrista. Rebajados a suelo prostituido donde se está transando la explotación de negocios criminales por los “regentes” del castrismo, ahora diversificado desde el negocio narco con las FARC y el ELN hacia otros, como el oro para Turquía, ventas de armas con comisiones para Rusia, plataforma de posicionamiento árabe-proterrorista con pasaportes y zonas de alivio, y preparación de posible y presunta base social de grupos islamistas.

La existencia de decenas de malandros del narcocastrismo, esparcidos por el mundo como dueños y señores de los esbirros que financian y acosan a diario a la familia venezolana, como tales malandros internacionales deberían ser ubicados y neutralizados de una vez por todas por las organizaciones policiales, como Interpol y otras. Caso ejemplarizante en curso lo lidera Estados Unidos con Alex Saab, capturado en Cabo Verde y en proceso de un juicio previsto.

Aunque las voces que llegan desde estos organismos internacionales se pueda pensar que no les causan mayor daño, pues no tienen moral de respeto alguno a los derechos humanos, ni realmente por estos organismos, estos escenarios de lucha también importan. Por ejemplo, el tema de las restricciones a sus desplazamientos, movidas de capitales, y otras acciones judiciales a que pueden conllevar presentes y futuras actuaciones judiciales, no prescriben. Se debe hacer presión para que la representación que aún tienen allí los usurpadores en nombre del gobierno de Venezuela sea removida de inmediato.

El mundo debe mostrar con firmeza a través del caso Venezuela que, ante la arremetida de sistemas políticos tiránicos, lavadores y legitimadores de capitales, y pro terroristas, está dispuesto a actuar casi con instinto de protección de nuestra condición universal de defensa de los derechos humanos, y en legítima defensa contra depredadores criminales, torturadores, y la amenaza cierta en contra de nuestras familias, y de nuestras sociedades libres, sanas y democráticas.

catedrainternacional[email protected]

@gonzalezdelcas


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