¿Venezuela, un país de ensueño? Si. Fue uno de los países con mayor proyección económica a finales del siglo pasado, de grandes riquezas naturales y con una sociedad, deseosa de crecer, trabajar y ser mejor, que poco a poco se instruyó para superar la pobreza, aunque todavía hay personas que niegan ese pasado y resaltan solo lo negativo, dejando de lado todo lo bueno que se construyó. Éramos sin duda la tacita de plata de Latinoamérica, el espejo para el resto de los países.

Esta realidad la vemos en cada uno de los estados, que con sus particularidades geográficas y sociales, se distinguían unos más que otros, buscando cada vez más la descentralización que daba una cierta autoría en el manejo de los recursos que beneficiaban a la colectividad local. Ejemplo de ello es el estado del Zulia por ser uno de los estados más emblemáticos con una distribución de la riqueza natural inigualable. El Zulia fue siempre el Zulia y tanto que hubo quienes conjeturaron sobre su independencia que se planteó seriamente aunque los zulianos siempre se sintieron venezolanos. Nadie duda de sus aportes al país, incluso, más allá del petróleo. En ese estado hay una cultura, un orgullo y una identidad que ha hecho grande al resto de país.

Sin embargo, hoy, al igual que en el resto de Venezuela, el Zulia no es ni la sombra de lo que fue. El chavismo se emponzoñó en su contra, y, quizá por un resentimiento inexplicable, sistemáticamente fue desmembrándolo y destruyéndolo, buscando degradarlo hasta más no poder. Por un objetivo político, más allá de su ideología Castro comunista, aniquiló hasta su propia dirigencia, malandrizándola. Además, internamente, pretende la propia desintegración de la entidad, forzando también al exilio a familias enteras.

Cada vez son menos los venezolanos de las distintas regiones que destacan en los escenarios nacionales de la política, las artes, el deporte, la ciencia, la Iglesia, por mencionar algunas áreas. Una minoría de ellos están en los circuitos del oportunismo caraqueño, pero a los demás los invisibilizó el régimen. ¿Dónde están los grandes dirigentes empresariales y sindicales de antes?. Inimaginable el papel marginal que ahora juegan. Como inimaginable es un estado que se escurre entre Guerrillero y mafias por la frontera con Colombia, incomunicado entre los municipios, sin vacunas, sin los bienes y servicios que se requieren, asediado no sólo por el covid-19, sino por el mismísimo régimen que impide que su gente coma y se medique.

Muchos gobernadores de estado y sus alcaldes rojos-rojitos, ni siquiera son vistos con buenos ojos por los grandes capitostes del poder central. La violencia es el único lenguaje que los caracteriza. Donde ven a algún ganadero o industrial, le caen como una plaga de langostas para extorsionarlos, coaccionarlos, con la ayuda de los grupos irregulares. “Se pasaron de la mano», refiere la jefatura de Caracas.

Esta es la triste y cruda realidad de nuestro país, realidad que debemos cambiar, utilizando todas las posibilidades que se nos presenten, como si jugaramos ajedrez en varios tableros, pero de la mano de todos los sectores que aún hacemos vida en Venezuela, porque solo nadie puede, ni esperando que venga una luz divina y nos saque del atolladero en el cual caímos hace más de 20 años, para volver a ser esa Venezuela pujante, descentralizada y democrática que el siglo XX vio nacer . Necesitamos insistir y resistir para persistir y hacer realidad lo que ya fue una realidad hermosa al inicio del siglo pasado. El Zulia sigue esperando por una Venezuela libre y en democracia.

@freddyamarcano


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