No obstante que el Premio Nobel Mario Vargas Llosa escribió las palabras que siguen más adelante hace algo más de un año, las voy a transcribir hoy y ahora en estos precisos momentos de dudas, de subestimación general sobre la tenacidad y valentía de los venezolanos. Dijo entonces: “Estoy admirado con la oposición venezolana. Es de un coraje extraordinario. Sus líderes están presos, les fraguan procesos, los expulsan de donde ganaron una diputación, los meten a la cárcel, los matan si es necesario. Y allí están, peleando con gran valentía. No hay que darles consejos, hay que rendirles un homenaje, porque ellos saben muy bien lo que están haciendo: defender ese pequeño espacio de libertad que queda”. Esas palabras del insigne escritor peruano siguen vigentes; siempre que puedo hago alusión a nuestros honoríficos ADN.

Por otra parte, varias cosas quedaron claras este sábado 16 de noviembre con la salida a la calle acatando la convocatoria del líder de la oposición, Juan Guaidó. Muchas dudas surgieron. Dudas bien fundamentadas y bien intencionadas algunas de ellas sobre la probable ausencia de compatriotas que, supuestamente, harían caso omiso a esa solicitud de tomar las calles de las principales ciudades del país: 1) Se pronosticó de manera perseverante, por diferentes personajes de distintas inclinaciones políticas, incluso vinculados con la oposición y miembros de la sociedad civil, del  seguro rechazo de los ciudadanos de hacerse presente ese día en nuestros pavimentos. 2) Otros más versados en los líos de la política presagiaban que se corría el riesgo de que la figura de Guaidó se chamuscara para siempre, ocasionando un letal vacío para los sectores que vienen lidiando para echar del gobierno a la dictadura de Nicolás Maduro y sus adláteres. 3) Otros, por supuesto menos pesimistas, quizá más bien desmedidamente optimistas, ratificaban que la salida intempestiva de Evo Morales de la Presidencia de Bolivia estimularía en grado superlativo para que nuestros compatriotas, como nunca antes, llenaran las calles con gritos y consignas de protestas. 4) Luego, todos los acontecimientos ocurridos los días antes del 16N por parte de los organismos represivos del régimen, incluso la irrupción del Sebin en una de las oficinas de Voluntad Popular, desde antes, inclusive, se intuía que la violencia iba a ser la nota sobresaliente del desarrollo de los sucesos: muertes, heridos, detenidos, persecuciones, pero finalmente nada de esto ocurrió, no más allá de lo que es consuetudinario en este gobierno, bien, unos que otros inconvenientes de poca monta. Lo que quiero destacar es que ninguna de esas tenebrosas sospechas ocurrió, afortunadamente. Aunque pudiera seguir enumerando unas detrás de otras suposiciones ubicadas en las zonas de los desatinos, de los extravíos, vamos a dejarlo hasta aquí; creo que es suficiente. En cambio, es importante utilizar algunas líneas para señalar unos que otros puntos que quizá no han tenido la profusión que merecen porque simplemente les parezcan insignificantes: es de destacar, por ejemplo, que para esos actos no se utilizó un solo autobús. Los equipos de sonidos en algunos lugares fueron deficientes: Como la anécdota del curita del pueblo, no sonaron las campanas porque en el templo no hay ese adminículo…

Para finalizar, en la oposición democrática no se dispone de recursos económicos, son extremadamente restringidos. Todo se logra con la voluntad y el tesón de cada uno de esos venezolanos de los que mucho admira Mario Vargas Llosa, mientras irracionalmente coterráneos de manera injusta deprecian cualquier iniciativa que provenga de las filas democráticas o salga de la voz de Juan Guaidó. No olviden que Cuba queda a tan solo dos horas de nosotros…

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