Es indudable que la crisis política en Venezuela tomó un nuevo curso y de mayor complejidad, debido a que la narcoguerrilla que opera en Venezuela bajo la protección del régimen de Maduro y su cúpula militar hizo trizas los acuerdos de paz con las FARC logrados en Noruega, al decidir retomar las armas e iniciar acciones terroristas contra el Estado colombiano y sus instituciones.

Como parte de la nueva estrategia de la dictadura tutelada por Cuba, a los pocos días de esa declaración de guerra, Maduro ordenó movilizar tropas hacia los estados Zulia, Táchira, Apure y Amazonas, en la frontera con Colombia para realizar maniobras militares conjuntas, incluyendo a sus organizaciones paramilitares de milicianos y “colectivos”. Para mayor gravedad, el general Padrino, su ministro de la Defensa, ordenó desplegar el sistema de misiles de defensa antiaérea: S-300, que los rusos han instalado en Venezuela, siendo el más avanzado de América Latina y el Caribe. A partir de ahora, los grupos armados de las FARC y el ELN podrán operar en Venezuela con total impunidad, creando una especie de “franja de Gaza” que se extiende a lo largo de la frontera occidental del país, desde la península de la Guajira hasta la frontera con Brasil, haciendo realidad el sueño de Chávez y Fidel: “Venezuela limita en el oeste y al sur con las FARC (Chávez dixit)”.

Para Venezuela y los países de la región se ciernen riesgos inéditos y una espiral de violencia imprevisible. El más peligroso e inminente es el de la precipitación acelerada del país hacia un Estado fallido, al existir el riesgo, si es que ya no ha sucedido, de que los armamentos livianos y portátiles que poseen las FANB terminen en las manos de las organizaciones narcoterroristas, de los paramilitares y escuadrones de exterminio aliados con bandas hamponiles que hacen vida en el territorio venezolano amparadas por el régimen y que en alianza con la narcoguerrilla se han distribuido el territorio nacional para proteger sus negocios criminales.

Ante este nuevo escenario, cualquier persona medianamente informada se pregunta: ¿Por qué Noruega aceptó que Cuba fuera la sede de las negociaciones de paz para Colombia, siendo este país el secular promotor de la subversión en Latinoamérica, el sostenedor de la narcoguerrilla y el que maneja los hilos de la dictadura en Venezuela? ¿Por qué Noruega hizo caso omiso a las denuncias que ubican en Cuba a los terroristas más buscados por Colombia y las agencias de seguridad internacionales? Durante las negociaciones entre el régimen de Maduro y la oposición democrática en las que Noruega es garante, ¿acaso la dictadura no ha arreciado su persecución y violencia contra los opositores, y descaradamente apoya militarmente a la narcoguerrilla, amenazando a Colombia? También nos preguntamos: ¿Es que acaso no fue en las negociaciones en Noruega que la OLP comandada por Arafat utilizó el mismo modelo para ganar tiempo, movilizar y rearmar a sus combatientes, irrespetando el acuerdo y continuar con sus ataques terroristas contra Israel?

Un indicio de dónde comenzar a hilvanar las respuestas lo leemos en el boletín del Gatestone Institute, que publica un trabajo titulado: “Cómo los déspotas interpretan los tratos con Occidente” (Bassam Tawil, “How Despots Interpret Deals with the West”, Gatestone Institute, Septiembre de 2019). Se trata de un breve análisis sobre las tensiones diplomáticas entre Irán, la Unión Europea y Estados Unidos sobre el acuerdo nuclear de 2015 con este país islámico, a raíz de sus amenazas de “borrar del mapa a Israel”. El tema de dicho informe debería sacudir la ingenuidad de los negociadores europeos y de todos aquellos que creen en el diálogo con terroristas, dictadores y déspotas, al evidenciar que los promotores del terrorismo cuando se sientan a negociar lo hacen para ganar tiempo mientras se rearman e incrementan su violencia y perversidad contra las democracias occidentales, interpretando cada gesto de acercamiento y diálogo civilizado como un signo de debilidad.

Una franja de Gaza en Venezuela

Debido a las coincidencias con los conflictos en Venezuela y Colombia, es interesante  revisitar los entretelones del acuerdo de Oslo firmado en 1993 entre Israel y la Organización para la Liberación de Palestina OLP, en la que participó el gobierno de Noruega como garante de los acuerdos.  El informe Gatestone retrata el objetivo de Yasser Arafat al participar en esas conversaciones, ya que la OLP nunca tuvo la intención de apartarse del terrorismo contra el Estado judío. Bassam Tawil comenta que un oficial de la OLP describió los diálogos de Oslo como un «caballo de Troya” y que, mientras avanzaban las conversaciones, Arafat tenía como objetivo “convertir el Acuerdo de Oslo en una maldición para Israel”, aprovechando ese tiempo para rearmarse y movilizar combatientes a zonas estratégicas. Sobre esto último cita el registro de la conversación con Arafat de otro oficial de la OLP, en la que el líder Palestino le expresó: “Por Allah, los volveré locos [a los judíos]. Por Alá, convertiré este acuerdo en una maldición para ellos. Por Allah, tal vez no en mi vida, pero tú vivirás para ver cómo los judíos huyen de Palestina. Ten un poco de paciencia”.

En 2000, Arafat pateó otra de las mesas de negociación y acuerdos en Camp David, lanzando una ola de terrorismo contra Israel, la famosa «Intifada», pese a que había recibido la oferta de Ehud Barak de “establecer un Estado palestino desmilitarizado en el 92% de Cisjordania y el 100% de la Franja de Gaza y el establecimiento de la futura Capital palestina en el este de Jerusalén, siendo rechazada por los palestinos sin siquiera una contraoferta. La OLP y Yasser Arafat, arremetieron con una campaña sin precedentes de atentados suicidas y actos terroristas cobrando la vida de miles de israelíes”. Israel nuevamente pagó un alto precio por una mesa de diálogo que se suponía debía promover la paz y la estabilidad en Medio Oriente, donde se trató la retirada israelí de la franja de Gaza, pero fue utilizado por la propaganda palestina como un signo de debilidad y retirada. Desde entonces, los palestinos no han cesado de disparar cohetes y perpetrar atentados contra Israel exclamando que los habían obligado a huir de Gaza.

Yo añadiría que ni a Hamas ni a la Autoridad Palestina les interesa la creación de un Estado Palestino, pues  eso significaría establecer y respetar las reglas de juego de la comunidad internacional y traicionar su juramento de jamás reconocer la existencia del Estado judío y de no cesar de luchar por su aniquilación.

Salvando las distancias, pienso que este complejo escenario geopolítico del Medio Oriente se refleja en Venezuela en variadas similitudes. Para resumir, en relación con Colombia, podemos decir que los acuerdos de Paz manejados por Noruega y Cuba solo han servido para que los criminales de la narcoguerrilla agrupados dentro del partido político FARC, ocuparan curules en el Congreso y ahora gocen de total impunidad, mientras su ala militar se reagrupaba y empoderaba en el santuario chavista. En cuanto a Venezuela, la comunidad internacional ha tratado de restaurar la democracia a través de las negociaciones promovidas igualmente por Noruega (…y Cuba), pero hasta la fecha, el chavismo no ha negociado, ya que con cada “diálogo” solo ha ganado tiempo, ha agudizado más la crisis en el país y ha incrementado la violencia y perversidad de su feroz dictadura, como si hubiera copiado a pie juntillas el modelo de negociación OLP-Arafat. Pero esto se complica debido a la reciente declaración de guerra de la narcoguerrila ubicada en Venezuela bajo la protección del régimen de Maduro y su cúpula militar, que han creado una inviolable franja de seguridad para los terroristas y la narcoguerrilla a lo largo de la frontera con Colombia y Brasil.

Pensando en voz alta, finalmente me pregunto: ¿es una coincidencia que Noruega sirva de facilitador y garante de acuerdos que no se cumplen, sino que por lo contrario son utilizados como “caballos de Troya” por los terroristas?

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