Este país merece un mejor futuro. La malograda oportunidad nos trajo al abismo, creyendo en la fábula redentora, caímos en las redes de un populismo atroz. Es la suerte venezolana tan esquiva a tener prosperidad. Las vías de oportunidades las cerró la peor de las dictaduras, una banda de malhechores, que hacen del ejercicio público un abuso permanente; para después meterle mano al ansiado botín. Tienen las manos manchadas del sulfuroso dinero mal habido.

Cuántas vidas malogradas en el planeta, al pertenecer al mundo del narcótico, como impulsor de sus alas en sus fantasmagóricas alzadas. Un negocio tan lucrativo que lo aúpan con verdadera devoción, por ello sus políticas antidrogas son un simple saludo a la bandera manchada por sus atrocidades.

El hundimiento nacional tiene su germen en esta maloliente experiencia revolucionaria de veintidós años, depredadora forma de administrar los recursos de todos, en beneficio de una élite privilegiada. Son ellos los nuevos amos del valle. Su apetito fraudulento es voraz.

Impulsan cualquier trampa en combinación con sectores que han permanecido en la era de hielo. Son los ideólogos de la errática, alfileres para globos en manos de majaderos que creen en el socialismo. Una doctrina castrada de buena intención, podrida desde las entrañas, hasta la matriz. Un verdadero cáncer erosivo que hizo metástasis hace mucho tiempo en la Venezuela contemporánea.

Para tener un mejor futuro es indispensable salir de esto. La Venezuela posible debe romper con este modelo de oprobio, es la única manera de abrazarse con el desarrollo sustentable. Para llegar hasta el cenit de las naciones desarrolladas; debemos cambiar la dictadura por un gobierno que impulse la libertad como instrumento de cambio. De lo contrario seguiríamos la angustiosa marcha hasta un verdadero desastre, con mayor proporcionalidad de lo padecido todo este tiempo.

Es necesario desprendernos de mezquindad. La nación que merecemos no debe ser construida sobre bases de intereses superfluos. Es un verdadero compromiso con este pueblo pulverizado. Requerimos de grandeza para que esta impulse nuestras acciones. Todavía podemos lograrlo.

 


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