¿Se trata, en alguna porción, todo cuanto acontece en Venezuela sobre un asunto de valores humanos? ¿Es más que gusto una enfermiza adicción al poder, por el poder mismo? ¿Es eso lo que nos arrastra en las más putrefactas aguas hasta pestilentes albañales? ¿Es esto el inicio de la “crónica de una muerte anunciada” del alma buena de nuestra Venezuela? En mi anterior artículo:  ”El habernos empeñado en la unión y cohesión alrededor de la Asamblea Nacional, y luego del TSJ por ella nombrado, no podrá ser soslayado ni ahora ni en el futuro” (El Nacional, Opinión junio 13, 2020).

Se caen los techos de tanto andar y andar los caminos, buscando explicación y “la lumbre de fiel claridad” para entender qué nos pasó en Venezuela, y qué nos está pasando aún. Nuestra primera casa de estudios, la Universidad Central de Venezuela, pareciera más que un símbolo el presagio de lo ya insostenible: un país traicionado, linchado, donde han sido demolidas instituciones fundamentales del Estado: Parlamento, Poder Judicial y Poder Ejecutivo. Clara tiranía que no da tregua a oportunidad alguna a la civilidad democrática.

De las mismas entrañas ucevistas, pero de sus más oscuras sombras que no han sido vencidas, surgieron fuerzas malignas que fueron infectando todo lo que tocaron con su maldad característica. La sinrazón y la violencia de sus perturbadas mentes llegaron a ocupar los más altos cargos, como autoridades universitarias. Hoy lo hacen en el país. Por ejemplo, hoy uno de sus exrectores es designado por el espurio TSJ de la tiranía en el CNE es acusado de presunta pedofilia a su propia sangre.Terrible herencia. Así han ido manifestándose síntomas de un deterioro familiar de un antes y un después que, curiosamente, ya sentíamos se iniciaba entonces “por estas calles” y por esos pasillos que conducen de una Facultad a otra, o  de un barrio a otro de Caracas. Eran los años ochenta del siglo XX. Aquello lo convirtieron la en base cívico-militar de un pacto diabólico con universitarios como fue por ejemplo con el psiquiatra Chirinos. Hoy es con el psiquiatra Jorge Rodríguez. Un chavismo depravado como el de Maduro entrenado en Cuba para manipular y usufructuar lo que se intentó como siembra de mayor progreso desde las ciencias, la ingeniería y las humanidades en Venezuela. Se embarcaron en la nave llamada “Liga Socialista” estirándose para navegar hacia el terror del secuestro, hasta llegar a estos mares de la felicidad de su poder de tiranía y muerte.

Aquel tiempo de los ochenta fue dilemático. Como dirigencia estudiantil tuvimos que elegir para rector entre el autoritarismo clientelar del licenciado Piar Sosa y la manipulación del psiquiatra Chirinos, que entonces no se creía delictiva. Esto último resultó ser. La depravación de un manipulador criminal. Albacea del maltratador Chávez. El que le pegaba a las mujeres. Aún algunos tratan de reinterpretar por qué las fuerzas de esa supuesta parte más preclara de la sociedad universitaria y supuesta a vencer las sombras no optó en primera vuelta por un buen hombre venido de la ingeniería. Experto en aguas que pueden ser destructivas si no se canalizan, José Ignacio Sanabria seguramente no hubiera permitido que el cáncer comunistoide  y populista de Chirinos actuase sobre las estructuras universitarias. Hoy el símbolo elocuente es ese techo caído de la UCV. Es ese otro experto psiquiatra manipulador formado en el resentimiento y el terrorismo de Estado que sirve desde Miraflores a la represión, la tortura y la muerte. Quién sabe que otras sorpresas de él más nos deparan los tiempos venideros.

De los antídotos más efectivos para crear sociedades avanzadas, contra la regresión o el estancamiento, son las despiertas juventudes universitarias que no deben ser descuidadas en su formación en valores y  principios de humanidad. Ello es lo primero a rescatar. En no pocos lugares del planeta se han manipulado, y se están manipulando, jóvenes universitarios que cual santuarios intentan entronizar esas viejas izquierdas, con desvencijadas teorías políticas, corrompidas enseñanzas de violencia en obsoletas organizaciones pro terroristas y del mal. Desde sus cobardías y sus maniobras, a veces no tan sutiles, se infiltran en el tejido político democrático, como ha estado ocurriendo aún en los propios Estados Unidos, Canadá, España, Francia y pare de contar. Buscan el poder a cualquier costo. Utilizan las más primarias necesidades humanas y los temores en situaciones donde alcancen a pactar con las peores lacras de la sociedad para arribar al poder. Algo de lo que les escribo he podido experimentar al haber compartido como alumno egresado de nuestra primera casa de estudios la UCV, luego la Simón Bolívar y la Universidad Complutense de Madrid. También como profesor e investigador invitado. De otras específicas experiencias en universidades y centros de investigación compartiré en próximos artículos.

Termino diciéndoles a los que traicionan la verdadera búsqueda de la verdad que, las auténticas experiencias del propio avance de las ciencias, de las tecnologías y los desarrollos institucionales de la sociedad del conocimiento, junto con auténticos valores de amor al prójimo como a nosotros mismos nos seguirá dando en los hechos el triunfo de las oportunidades a la perfectibilidad de mejores instituciones para la libertad, la justicia y el progreso humano. ¿Pero por ahora qué podemos hacer?, se estarán preguntando. Créanme, debemos empezar por reconocer con claridad nuestra dura realidad que he intentado describir. Ello es un buen re comienzo. Reorganizarse y avanzar por otros inexistentes caminos “que habrá que hacer al andar”, como nos lo sugirió el extraordinario poeta andaluz Antonio Machado. En Venezuela habrán de ocurrir todavía unas cuantas cosas que veremos expresarse a través de otros seres de luz como nuestra Machado, mujer no menos extraordinaria que con su ejemplo valeroso nos inspire, no a pastorear nubes hasta que nos caiga el techo del Aula Magna en la cabeza, sino hasta que un aguacero de pueblo arrase con todo la podredumbre existente.

[email protected]/gonzalezdelcas


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