A mi amigo Simón García

El  7 de agosto fue el lanzamiento de la plataforma TU que se supone deberíamos ser nosotros todos, participando en la política nacional a través de chats, pero especialmente diseñada para congregar a dirigentes políticos sin partido y  también algunos  partidos pequeños y marginados.

Pareciera una continuidad de quienes desde las elecciones presidenciales de 2018 sostuvieron una posición crítica hacia la conducción política de la dirigencia opositora, concentrada en  el G4 (PJ, VP, AD y UNT) que tomaron la decisión de la abstención electoral, contrapuesta a la de participar, independientemente de las abyectas condiciones ofrecidas por la dictadura. Denunciadas tardíamente, pero denuncias al fin, por el abanderado de la participación Henri Falcón cuando sufrió en carne propia la capacidad ilimitada de un gobierno de la naturaleza del de Maduro de violar, con el mayor desparpajo e impunidad, todos los mecanismos electorales y no electorales con tal de mantenerse en el poder.

Ante el surgimiento a comienzos de este año del indiscutible liderazgo de Guaidó se consolidó la concentración de las decisiones en el G4 y especialmente en  Voluntad Popular, partido al cual pertenece, vinculado también a centros de decisión exterior, lo que hizo que  surgieran nuevos temas de divergencia entre tendencias opositoras.

TU elige ubicación en el centro, moderado  y equilibrado, diferenciándose  de la tendencia  que definen como extremista  ( María Corina, Ledezma y seguidores en vivo y en redes, catalogados como partidarios de intervención armada) y también de la tendencia que  califican de radical, representada por Guaidó y los partidos políticos que lo acompañan, que  clasifican como defensores de las sanciones exteriores porque consideran que el régimen no abandonará el poder ni aceptará una negociación sin una sólida y creciente amenaza internacional.

Ellos, o sea TU, no dudan en afirmar la urgencia de salir de Maduro, trabajar para que múltiples voluntades y corrientes políticas y sociales diversas se articulen y generen un movimiento creciente de opinión nacional, recuperar la democracia, reconstruir la economía y avanzar hacia la modernización del país. Apoyan una salida negociada con acuerdo electoral, avanzar en la reconstrucción del país, de su economía y de sus instituciones, garantizando al mismo tiempo la gobernabilidad y el entendimiento y reducir las sanciones a las altas figuras oficialistas, a sus testaferros y familiares que disfruten de riquezas robadas al país y  que no agraven las inhumanas condiciones de existencia que ya cobran vidas en la población más vulnerable.

Hasta aquí  pareciera un problema de matices, pero, cuando leo la entrevista hecha en Contrapunto por Vanessa Davies a Simón García, uno de sus máximos exponentes, a la pregunta de si las elecciones parlamentarias propuestas por Maduro resuelven nuestro problema, responde que si se toma como un medidor de la voluntad de cambio del venezolano, su realización podría operar como un referéndum. Si el gobierno las pierde aplastantemente es la expresión de un mandato. Si uno está abierto a la idea de jugar en todos los tableros, y a que todas las soluciones democráticas están sobre la mesa, uno tiene que contemplar estas posibilidades. (La respuesta es más larga y se puede consultar en el portal).

Sin duda, más allá de los deseos de participar en las decisiones políticas opositoras, aquí  está el quid de las diferencias que parecieran insalvables con los moderados centristas de TU. Si no se desconoce la legitimidad de Maduro y se coloca en la realización de elecciones presidenciales, el punto de partida de la solución de la grave crisis que nos aqueja, se están hablando idiomas distintos. Y si además se consideran esas elecciones parlamentarias como una opción, no deja de ser una concesión inaceptable que le da aire al deseo reprimido del régimen para acabar con el único poder legítimo y reconocido internacionalmente.

Por lo pronto, el propósito de TU de convertirse en una plataforma para unir a los desunidos naufragó el mismo día de su lanzamiento cuando Chuo Torrealba abandonó el presidium visiblemente molesto ante un Kico encadenado al micrófono. Una escena de desunión de los unificadores propia de una película de los hermanos Marx.