En un momento de retroceso global de la democracia, como registran informes y centros de pensamiento y, sobre todo, la realidad que nos rodea y agobia, el juicio a Donald Trump en un modesto juzgado de Manhattan vuelve a poner de relieve como en la democracia estadounidense perdura el imperio de la ley.

«El hecho de que 12 estadounidenses pudieran juzgar al expresidente y posible futuro presidente es una muestra notable de los principios democráticos que los estadounidenses aprecian», sostiene un artículo de The New York Times suscrito por El Comité Editorial, un grupo de periodistas de opinión “cuyos puntos de vista se basan en su experiencia, investigación y debates y unos valores muy arraigados”, según indica una nota a pie de página. Ese comité editorial es, además, independiente de la sala de redacción.

También es saludable, en este otro ambiente, no alejado del deterioro democrático, en el que proliferan por las redes las mentiras y las medias verdades, que el valor de la experiencia periodística se resalte y cumpla con su objetivo de formar opinión a partir de un análisis imparcial y sosegado de lo que ocurrió durante el proceso contra Trump.

El exmandatario fue declarado culpable de 34 delitos graves de falsificación de registros comerciales y por cada uno oyó la palabra “culpable”. Se trató de una maniobra urdida para esconder un episodio sexual que hubiera podido tener un impacto negativo para su aspiración presidencial en 2016. Los gastos para pagar el silencio de la actriz porno Stormy Daniel fueron luego disfrazados como gastos legales.

El juez, Juan Merchán, de origen colombiano, anunciará la sentencia el 11 de julio, apenas unos días antes de que la Convención Republicana nombre a Trump su candidato presidencial. En la primera democracia del mundo, el convicto Donald Trump conserva intactos sus derechos políticos.

Trump puede ser condenado a cuatro años de cárcel, lo que parece improbable. El juez, que ya expresó que no le gustaría encarcelar a un expresidente, pudiera considerar la libertad condicional o el arresto domiciliario. El magnate inmobiliario adelantó que apelará la sentencia y la tramitación de ese otro proceso es posible que no concluya antes de las elecciones de noviembre.

El artículo citado del Comité Editorial indica que varias encuestas muestran que la condena afectará a una buena cantidad de votantes. Que Trump pueda ser electo presidente es una posibilidad pero la elección no está para nada decidida. Tanto en 2016 como en 2020 el candidato republicano, a pesar de ser un fenómeno electoral, perdió el voto popular con Hillary Clinton y con Joe Biden. Sin embargo, en la primera de sus aspiraciones presidenciales logró los votos necesarios en los colegios electorales estadales para ser declarado presidente. Una pequeña merma de votantes por este caso puede resultar significativa.

Aun cuando el jurado emitió su veredicto y se probó el funcionamiento de la justicia, en un proceso rápido y justo, en el que el juez Merchán se negó incluso a que el jurado escuchara material sensacionalista que podrían afectar los derechos del acusado, Trump va a plantear, como ya lo ha hecho, un reto a la justicia, al descalificar la decisión y usarla como un instrumento de la campaña electoral, que sus seguidores comparten y aplauden, y votarán.

El verdadero veredicto se conocerá el martes 5 de noviembre cuando los estadounidenses concurran a las urnas, como los padres fundadores de la nación decidieron hace más de dos siglos.


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