Prensa Corte Penal Internacional

El pasado jueves 5 se produjo un hecho cuya importancia –siendo grande– ha pasado un poco inadvertida ante los problemas cotidianos y angustiantes que aquejan a nuestros compatriotas, sumadas además las expectativas generadas por el resultado de la elección presidencial en Estados Unidos. El hecho se produjo en La Haya, sede de la Corte Penal Internacional.

En efecto, como conejos salidos de la galera de un mago, allá se presentaron el inefable “fiscal general” Tarek William Saab y el ilegítimo “defensor del pueblo” Alfredo Ruiz, de cuyo nombre y existencia pocos se han enterado pese a ser el actual titular de la Defensoría del Pueblo.

¿Cómo llegaron esos señores a La Haya siendo que los vuelos internacionales aún no se han habilitado desde Venezuela?  Suponemos que viajaron directo en un avión privado o hacia algún otro lugar, desde donde pudieron abordar un itinerario comercial regular.

¿Cómo fueron admitidos esos señores en el Reino de los Países Bajos cuando están incluidos en la lista de indeseables con entrada prohibida en la Unión Europea? Suponemos que lo hicieron valiéndose de la excepción que les concede el Tratado de Sede de la Corte que garantiza el acceso a sus instalaciones  para quienes tienen algo que hacer en ella, en este caso por ser funcionarios de un Estado Parte (reconocido por Naciones Unidas), como igualito fue con el “connotado jurista” Maikel Moreno, quien dice ser presidente del Tribunal Supremo de Justicia y hace varios meses se presentó en la misma sede  siendo obsequiado con una muy socorrida fotografía al lado de la fiscal general, la señora Fatou Bensouda. Igual trofeo ostenta desde el jueves don Tarek.

Pero, según parece, hasta allí llegó la alegría de los viajeros, cuya presencia en aquella sede sin duda tendría que ver con el  reciente informe de la Misión de Comprobación de Hechos del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, cuyo demoledor texto ya obra en  ese tribunal internacional. También tendrá que ver con la multiplicada e insistente presión internacional ejercida por otras gestiones encaminadas a impulsar la investigación preliminar abierta por delitos de lesa humanidad empujada por actores venezolanos, como nuestra exalumna la doctora Tamara Sujú, el exdiputado Walter Márquez y más recientemente el recurso de recusación o apartamiento del caso presentado hace apenas semanas por el Comité Internacional de Víctimas de Venezuela) en nombre de muchas de ellas y suscrito también por el diputado Márquez con el patrocinio de abogados de distintos países –entre ellos el suscrito–.

Resulta que la señora fiscal parece ser una auténtica fresca que ha aprovechado su cargo y el monopolio de la acción penal que le confiere el Estatuto de la Corte (Tratado de Roma) para arrastrar los pies y hacerse la desentendida pese a la multitud de pruebas y gestiones en las que los excesos “bolivarianos” le han sido demostrados hasta la saciedad. Pero… por su historial, posición política, antecedentes de “superenchufada”, fiscal general en la  sanguinaria tiranía que asoló a su país  (Gambia) entre 1994 y 2017, más su corazoncito chavista  esmeradamente cultivado por Haifa el Aissami, embajadora de la usurpación madurista en Holanda y “casualmente” hermana de Tareck, la elegante dama ha conseguido hacerse la pendeja por más de dos años largos desde que se presentaron denuncias por delitos de lesa humanidad que –por si fuera poco- fueron ratificadas y sustentadas por un completo informe del secretario general de la OEA y la denuncia de seis jefes de Estado de nuestro continente.

Pues todo eso no le pareció hasta ahora suficiente a la señora Bensouda, quien hasta tuvo el brío de aceptar una reciente denuncia de Maduro & Cía por el tema de las sanciones impuestas por el gobierno de Estados Unidos, las cuales también pudieran revestir (en opinión de Tarek) delitos de lesa humanidad.

Pero… la justicia –y más aun la internacional– suele tardar y hasta no llegar a tiempo resultando que el período de la señora Bensouda vencerá a mitad de 2021, sus inmunidades cesarán, las marramucias de ella y su esposo requerirán aclaración y los recursos seguirán su trámite.

Es a estas alturas que se produce el hecho trascendental que ocurrió el jueves cuando Tarek el Malo (Saab, porque El Aissami es el Peor) le fue a contar el cuento de que en Venezuela se están fortaleciendo las garantías de los derechos humanos y demás gramínea cuando doña Fatou le ha soltado la perlita de que con motivo de las averiguaciones preliminares que ha venido haciendo en Venezuela ha encontrado de que existen indicios de la perpetración de delitos que “pudieran caer bajo jurisdicción de la Corte” (lesa humanidad). Allí sería cuando los encopetados viajeros enviados por Nicolás pudieran haber experimentado algún aflojamiento de esfínteres, lo cual este columnista comprende como muy natural y humano ante la inesperada sorpresa. Agregó la olvidadiza fiscal Bensouda que en diciembre dará los detalles y que antes de dejar su cargo tomará todas decisiones pendientes.

Hay quienes creen que eso terminará en aquello de “yo te aviso chirulí” y otros un poco más institucionales como el suscrito –que al menos por profesión de una vida– abrigamos alguna esperanza de que la justicia alguna vez llegue y aunque tarde pueda servir para que aquellos que se creen intocables bajen a la cruda realidad de que en el mañana puede haber quienes  “los esperen en la bajadita”. En La Haya algunos –no muchos– terminaron tras las rejas y algún “angelito” (Milosevic) optó por suicidarse.


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