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No me refiero a la naturaleza y disposición del régimen que sojuzga a Venezuela. Tratar de entenderlo no es difícil: una hegemonía despótica, depredadora, corrupta y estrechamente imbricada con la delincuencia organizada, cuyos patronos principales, o los depositarios de la llamada “soberanía”, están en La Habana.

La referida hegemonía siempre se ha disfrazado de una supuesta “democracia revolucionaria”, y aunque de ese disfraz solo quedan hilachas, hay no poca gente dentro y fuera del país, que se beneficia de ese montaje, y lo siguen defendiendo, algunos de manera abierta, y otros de manera insidiosa. Los más peligrosos por cierto.

Tampoco creo que sea muy difícil de entender el proceder de la hegemonía roja. Su único objetivo es el continuismo, de ser posible con una especie de blanqueo comicial, para seguir dando cuerda a la retórica de la justificación. Para ello están dispuestos a lo que sea.

Reprimir a mansalva. Hipotecar el petróleo. Hambrear y desmovilizar al pueblo. Mentir descaradamente con el covid y con cualquier cosa. En fin, lo que sea. No hay límites para lo que son capaces de hacer y deshacer los mandoneros del poder. Lo han demostrado hasta la saciedad, por eso no es tan difícil de entender sus ejecutorias.

Para quienes, sin embargo, no acaban de entender, acaso más porque no quieran que porque no puedan, se les recomienda la lectura de un documento que no tiene desperdicio: “Táctica y estrategia en Venezuela”, inusualmente publicado en Granma, órgano oficial del Comité Central del Partido Comunista de Cuba.

Allí están claramente expresadas las directrices tácticas y estratégicas aplicadas en nuestro país en los últimos años. En la actualidad el meollo de las mismas es que concurran a las “elecciones parlamentarias” la mayor cantidad de “antichavistas”, a fin de que se pueda “relegitimar institucionalmente” al régimen que impera en Venezuela.

Pero lo que sí es difícil de entender, o incluso tratar de entender, es la actuación de factores reconocidos de la vocería política de la oposición venezolana. A veces los vaivenes son demasiado abruptos. Fulanos que planteaban una cosa anteayer, hoy plantean otra distinta. No sé si serán las presiones externas, o la falta de consistencia interna, o quién sabe qué más, pero parece no importar el cambiar de chaqueta declarativa con relativa frecuencia.

Eso solo ayuda a confundir a la mayoría que rechaza a la hegemonía, y por lo tanto a darle más tiempo, es decir, oxígeno para la continuidad en el poder. Se invoca que la política es el arte de lo posible, a fin de excusar el garabato de muchos sectores opositores… La verdad es que en ello no encuentro arte ni posibilidades. Ojalá que eso cambie en una dirección sustancial y beligerante. Ojalá.


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