Si algún pueblo ha demostrado garras de ser luchador es el venezolano. Hoy amanecimos Antonio y yo inventariando todos los esfuerzos que se han concretado, dentro y fuera del país, en el transcurso de estos últimos 20 años, para impedir que se instaure definitivamente esta tiranía que pretende seguir su maratón de agravios.

Estimamos que se hace necesario y pertinente tocar las puertas de la memoria de algunos que se atreven a argumentar que “Maduro no ha caído porque los ciudadanos se han resignado a normalizar la crisis”. Eso es absolutamente falso, y además una afrenta a la dignidad de las mujeres y hombres de todos los sectores del país, que se han fajado como los buenos a la hora de marchar, así fuere necesario arriesgando sus vidas, como ha sido el caso de las decenas de compatriotas que se inmolaron en las calles, enfrentando a los escuadrones de la muerte que le sirven a esa narcotiranía que encabeza hoy Nicolás Maduro.

Más de 20 años marchando, en cuanta protesta se organiza para encarar los despropósitos, primero de Chávez, desde aquella macabra idea de “colonizar la mente de nuestros niños en las escuelas con aquellas preparadas “canaimitas”, cientos de concentraciones en los pueblos del país gritándole a Chávez “con mis hijos no te metas”. Tampoco podemos dejar en el olvido los sacrificios de lucha de los productores agropecuarios para tratar de impedir que Chávez impusiera esa fatal Ley de Tierras, que representó “el comienzo del fin”, para que hoy acusemos esa escasez de alimentos como resultado de las expropiaciones, asaltos, invasiones y otros desmanes que arruinaron a miles de empresarios agrícolas y pecuarios del país.

No se puede sufrir de memoria corta. Por lo tanto, es un agravio a la valentía y persistencia de una ciudadanía que ha tomado las calles, confrontándose con pelotones de esbirros armados, traspasando esas nubes de gas lacrimógeno y terminar, o en un centro de salud o en un cementerio, como fue el desenlace fatal de decenas de estudiantes que fueron asesinados en esas protestas que no se podrán borrar de la historia de la dignidad de los venezolanos.

Dicho todo eso, es justo admitir que los venezolanos lo han dado todo, absolutamente todo, como ha narrado Antonio recientemente, al evocar los centenares de marchas, actos de votación, jornadas de recolección de firmas, realización de vigilias, etc., acatando el llamado de la dirigencia política que en diferentes coyunturas ha fungido como conductora de la agenda de lucha de los venezolanos. Por lo tanto, debe más bien admitirse, con pundonor, que la falla ha estribado más bien en los cambios abruptos de la estrategia, eso es lo que hay que corregir para no desaprovechar las inmensas y valiosas contribuciones que abnegadamente ha puesto al servicio de la causa por la libertad de Venezuela la ciudadanía de nuestro país.


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