La verdadera paz no es simplemente la ausencia de guerra, es la presencia de la justicia.

Jane Addams, activista por los derechos de la mujer y la paz mundial

El pasado 12 de junio, el Tribunal Supremo de Justicia ilegítimo juramentó a rectores principales y suplentes de un Consejo Nacional Electoral. Luego de determinar que había omisión legislativa por parte de la Asamblea Nacional, único poder público con la facultad de designar a los miembros del CNE, el TSJ procedió a estructurar un nuevo ente comicial que tratará de seguir validando la ilegalidad del régimen liderado por Nicolás Maduro.

El objetivo del régimen sigue siendo muy claro, celebrar elecciones legislativas e instalar una nueva Asamblea Nacional. Seguro muy similar a aquella asamblea nacional constituyente, pero esta vez con plenos poderes. Sin embargo, el resultado será írrito. Las razones son muy claras y están escritas en la Constitución Nacional.

Sigue quedando muy claro que el régimen no tiene ninguna disposición a medirse con ninguna otra fuerza política. Incluso, en el pensamiento de sus ideólogos, la premisa debe ser: no hay motivos que obliguen a ceder ante nadie. El régimen es consciente del poder que ostenta y sigue actuando en ese sentido.

Lo peor estaría por suceder. El régimen cooptaría las instituciones del Estado y desconocería definitivamente la voluntad popular. A menos que surgiese un acuerdo nacional que lograse dos opciones: una elección nacional legislativa (aunque sea relativamente transparente) y un gobierno de transición. Esta idea estaría muy lejos de la realidad. El régimen de Maduro solo aceptaría negociar con la garantía de una total impunidad de sus crímenes. De otra manera, no habría posibilidad de lograr siquiera una conversación honesta con ningún representante del régimen.

Además, la inaudita decisión de intentar eliminar las directivas de Acción Democrática y de Voluntad Popular e imponer líderes agrega un elemento más interesante al deteriorado escenario político. Sería necesario esperar cómo se comportan los actores políticos. Pese a esta infame acción antidemocrática, es posible que las fuerzas contra el régimen se presenten de manera sólida. Si bien esto no sería definitivo para derrotar, significaría un avance sustancial.

Donde también hay mucho trabajo es ante la comunidad internacional. Es ahora cuando es prioritario comenzar una campaña rigurosa para asegurarse de que los gobiernos del mundo, las instituciones internacionales y la sociedad civil organizada conozcan lo que sucede en Venezuela. La ciudadanía venezolana en el exilio debe convertirse en promotora de la información. El régimen tratará de presentarse ante el mundo con una Asamblea Nacional (i)legítima e intentará confundir para dividir la causa democrática.

El regreso de la democracia a nuestro país parecería aún lejano. Sin embargo, es tiempo de oportunidades que no se pueden dejar pasar. El régimen intentará reinventarse y tal como había escrito antes en esta columna, es posible capturarlo en sus esfuerzos de perpetuarse. Para ello, hace falta unidad y participación social sin mezquindad. Después habrá tiempo para corregir los posibles errores, por ahora lo importante es lograr la salida del régimen sin que sus crímenes queden impunes. No se trata de retaliación, se trata de justicia para (re)construir un país capaz de ofrecer dignidad a su ciudadanía. Si logramos hacer justicia por los crímenes cometidos, el país alcanzará la paz.

 


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