Foto AP

La mentira y el engaño ya son parte de una política de Estado en Venezuela. Así tenemos que las vacunas se han convertido en un «secreto bien guardado» de los poderosos que dejan al pueblo a merced de la pandemia.

Aprovecho este espacio semanal para denunciar una vez más el grado de indefensión en que se encuentran los venezolanos ante un virus que ha demostrado ser letal.

Desde hace varios meses el Estado prometió desembolsar el dinero para adquirir un gran lote de vacunas y aún no lo ha hecho, lo que nos ha dejado desprotegidos ante el avance significativo del SARS-CoV-2. Aquí seguimos contando por miles los contagios y muchos fallecidos diariamente.

Estamos en presencia de una violación de derechos humanos establecidos en nuestra Constitución, como son el derecho a la salud y a la vida.

Al negar las vacunas al pueblo, el Estado se ha convertido en el mejor aliado de la muerte en esta pandemia que sigue creciendo en forma exponencial.

Los justos reclamos de los sectores de la salud y de la sociedad en general para que aparezcan las vacunas de nada han servido, el Estado no se conmueve ni rectifica en su política mezquina.

Aunado con esta situación, tenemos el silencio cómplice e indolente del defensor del pueblo ante esta calamidad pública. Es inaceptable. Su conducta es contraria a las atribuciones establecidas para su cargo en la Constitución. Mientras los venezolanos están siendo víctimas de la falta de humanidad del Estado, él ha debido exigir las vacunas para su urgente aplicación a los más vulnerables. Sin duda alguna que el derecho a la vida no está entre sus prioridades. Sigue encerrado en su laberinto de confort sin importarle las víctimas del covid-19, solo el disfrute de su beca.

La actuación de los poderes públicos –con funcionarios ya vacunados– ha sido nula, solo quieren tener más poder, como es el caso de la AN y el CNE. En vez de dedicar unos minutos al derecho a la salud y  a la vida que nos corresponde a todos sin distingo, solo piensan en unas elecciones que harán gastar más dinero y que resultan contraproducentes en un momento en el que la pandemia sigue fuera de control en el país.

 


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