Estados Unidos, la más importante potencia del mundo democrático, está a las puertas de experimentar una desquiciante crisis económica. La enorme caída que ha sufrido Wall Street ha puesto de manifiesto que la tormenta puede tener trágicos efectos a nivel global. Si eso llega a ocurrir, como algunos vaticinan, Venezuela no escapará a sus dañosas consecuencias. El popular refrán tiene cabida acá: “Éramos muchos y parió la abuela”. No es por tanto aventurado imaginar que un buen número de los venezolanos que han emigrado y muchos de los que se han quedado aquí puedan pasarla muy mal.

Tenemos entonces que prepararnos para lo peor y no pensar, como quisiera el gobierno “revolucionario” de Nicolás Maduro, que entramos definitivamente en la autopista del crecimiento imparable de nuestra economía. La realidad es una: cualquier mejora que se concrete en ese campo terminará beneficiando al selecto grupo de la élite que gobierna. Ahora más que nunca, quienes no formamos parte de esa comparsa, tenemos que ser precavidos. No hay nada peor que una confianza cimentada en terreno débil, sin las bases adecuadas.

Hay que concienciar que, a finales de abril, el producto interno bruto de Estados Unidos se redujo de modo significativo; eso ha sido resultado de la alta inflación (8,5%) que se ha alcanzado en ese país. Como era de esperarse, el crecimiento económico se ha frenado. Tan singular situación es resultado de una caída importante de las inversiones en diferentes campos económicos, así como el incremento de las importaciones por parte del gigante del Norte.

A pesar de la terrible problemática que ahora tiene encima Estados Unidos, el gobierno que hoy encabeza Joe Biden no ha abandonado a Ucrania en lo más mínimo; por el contrario, para frenar a los rusos, Biden no ha dudado en suministrarle armas y municiones a Volodimir Zelenski. Eso es algo que todas las democracias tienen que agradecerle.

Sin embargo, no hay que perder de vista el temple de los rusos; eso último quedó evidenciado al final de la Segunda Guerra Mundial. Rusia perdió entonces 7.500.000 soldados en su tenaz combate contra el nazismo, pero su ejército fue el que causó mayor número de bajas al ejército alemán. Sin duda alguna, se trató de un desempeño que no será fácil repetir.

Mientras Maduro y los suyos se refocilan, los venezolanos continúan abandonando el país, aunque ello implique grandes riesgos. La triste realidad sigue estando frente a todos. Iniciándose apenas mayo, el gobierno mexicano informó que recuperó 19 cadáveres de migrantes que fallecieron en el río Bravo. En paralelo con esa tragedia, una venezolana pidió a los gobiernos de Estados Unidos y México que busquen a su esposo “extraviado” en el río en cuestión. Junto con ese acontecer, grupos de emigrantes venezolanos esperan pacientemente, muy cerca de la frontera, durmiendo en la calle, que se concrete la mágica ilusión que les permita ingresar a la tierra de Abraham Lincoln, Edgar Allan Poe y Ernest Hemingway.

Mientras tanto, el drama que se vive mayormente fuera de Caracas es prueba irrefutable de que la democracia languidece y que el crecimiento económico sólo beneficia a una pequeña élite del país. Nos guste o no, la era democrática que vivimos antes de los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro sigue siendo, con todas sus deficiencias, la mejor época que ha tenido Venezuela a lo largo de su historia política.

Sólo nos queda estar atentos a los malos vientos que soplan en el Norte.

@EddyReyesT

 


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