El sistema de complicidades es una de las características que distingue a los gobiernos que se autodenominan socialistas. Cuba, Nicaragua, Venezuela, Brasil… en menor grado Chile, Bolivia y México.

Ellos actúan sincronizadamente, pero se reservan individualmente algunas acciones que los identifican plenamente.

Así Venezuela se encarga de la administración de los recursos. Es el almacén de recursos naturales de los movimientos antioccidentales y lugar de experimentación financiera de corrupción y compra de conciencias. El Tren de Aragua y su exportación a Estados Unidos, Chile, Ecuador, Perú y México es parte del plan.

Brasil se encarga de experimentar avances y retrocesos y sirve para evaluar cuándo y cómo avanzar.

Chile se encargaría de imitar conductas agresivas y recogerlas si el momento lo aconseja.

Bolivia actúa de acuerdo con los intereses regionales y sirve de válvula de cálculo para saber qué piezas del ajedrez mover.

Cuba es el comisario o sheriff de todos los demás. Son los encargados de profundizar los descubrimientos que en materia de socialismo han experimentado Rusia y los chinos aparte de prepararse para ser cabeza de playa contra Estados Unidos. México es el encargado de contener y mantener a Estados Unidos en su posible interés de ampliar su radio de influencia. México pega y abraza, abraza y pega…

No podemos entonces evaluarlos como un grupo homogéneo sino que permanecen agrupados bajo intereses comunes, pero tratando de que sean percibidos como diferentes cuando en verdad son más las cosas que los unen que las que los separan.


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