Avivando una costumbre familiar, promovida por el antojo dulce, en una hermosa tarde, tras una semana de excesos, me permito la inspiración que me ha llevado a reconocer en la distancia algunas cosas. Para explicarlas partiré de la imagen de un animal fornido capaz de cazar y devorar a la brevedad, temido y avistado de lejos por su indómita furia. Dicho animal yace en un terreno solitario muerto, tendido en el suelo, entre sus huesos y carnes pútridas decidieron habitar abejas, cuyo discreto panal en una zona aireada y entre fétidos aromas pasa casi inadvertido, pero dicho panal se encuentra rebosante de miel.

La imagen someramente descrita, con el propósito de activar los sentidos, resulta ser la fuente de inspiración que me acompaña hoy. ¿Cómo es posible que las abejas se sintieran cómodas para vivir en una atmósfera de descomposición tal, que los olores alejan a transeúntes y no conforme con ello, logren que el panal rebose de miel? Luego, pensé en aquel animal ¿cómo sería cuando estaba vivo?, seguramente rugiría con todo vigor y valentía frente a la ironía de su estado actual inanimado. Todo esto me hace pensar en lo pasajero aún de las fuerzas en la vida, lo útil del vigor y lo senescente del furor, y la famosa frase “todo pasa” es tatuada con tanta sutileza por los vientos.

Las reflexiones me hacen minimizar los conflictos y arribar a valles de quietud, donde se puedan ver a quienes bajan de los montes y quienes suben a ellos, a veces cruzándose, pero en muy pocas ocasiones reconociendo el camino del otro. Entonces, de donde unos vienen de regreso moribundos ya casi sin fuerzas, otros van alentados e irreprensibles, sordos por el brillo de sus ojos. Ese valle eriza mi piel, muestra mi propia humanidad y persuade mi mirada para hacer recorridos exhaustivos en jardines propios, asegurando los límites legales que me fueron asignados y renovando los riegos programados con mayor frecuencia, en el frenesí del florecimiento en la fecha señalada. Algunas veces preferiría no saber, pero siempre amo y atesoro poder ver.

Así, mientras unos bajan y otros suben de los montes, la razón empática se volatiliza como perfume barato, múltiples cuerpos sin vida y otros tantos famélicos, algunos con mieles por sus laboriosas abejas, y otros sin bienes, por no haber alcanzado reposo alguno para heredar el territorio. Entre tanto, el león no vuelve de su estado inanimado, pero su miel resulta de gran provecho para quien la puede ver y acercarse lo suficiente a la sabiduría de asirse de ella, como nutriente de vital importancia y renovar fuerzas para continuar el camino del valle, que siempre será en sentido perpendicular a las rutas de ascensos a los montes.

Lejos de entender la complejidad de la vida, que tantas veces en lugar de responder te genera las preguntas que te mantienen en la ruta correcta, pretendo soplar las escamas de los ojos de quienes se creen ciegos, pero un soplo lo suficientemente atemperado por la vidorria es capaz de dispersar tales escamas, y sostener el hálito de vida en quien se ha determinado a vivirla en plenitud.

@alelinssey20


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