La finalización de las operaciones de Directv en Venezuela es la más reciente pieza del rosario de evidencias que demuestran, de modo incontrovertible, que en ausencia de un auténtico Estado de Derecho, esto es, uno de libertades plenas —no de cuasilibertades o de unas sí y otras para el siempre lejano «después» que se promete en toda revolución (!)—, no se pueden generar o mantener altos niveles de bienestar para el conjunto de la sociedad o, siquiera, para una parte de ella.

La reflexión a la que tal cese conduce o debería conducir no tiene que ver, por tanto, con un servicio o con un aspecto de la vida de las personas en particular. El quid sigue siendo la necesidad de ese Estado, solo posible dentro del ámbito de la imperfecta democracia, como medio para la materialización de aquel bienestar y único pilar conocido capaz de sostenerlo.

¿Acaso se puede esperar, verbigracia, que las iniciativas privadas para la producción, distribución o comercialización de bienes, o para la prestación de servicios, surjan y se multipliquen en un contexto de controles económicos, inseguridad jurídica y personal, y criminalización del empresariado —y hasta del propio usuario—? Y al ocurrir justamente lo opuesto, o en otras palabras, al mermar la actividad económica hasta el punto de la «inactividad» generalizada, ¿se puede esperar que cualquier tipo de bienestar individual se mantenga por tiempo indefinido por el simple hecho de colocarse uno mismo «al margen» de la diatriba política, «rebuscarse» y pedirle al universo el summum de lo bueno?

Todo lo que en Venezuela ha ocurrido en lo que va de siglo XXI, cada uno de los problemas colectivos y buena parte de los problemas de cada uno de sus habitantes, constituye la directa consecuencia del progresivo cercenamiento de todas y cada una de sus libertades fundamentales —razón por la que, valga esta breve digresión, no se puede hablar de capacidades construidas en el país como a cada instante lo hace Guaidó por no haberse tomado el tiempo de leer a Amartya Sen, porque si en efecto desarrollo es la «suma» de capacidades y como tales se entienden las libertades, entonces hoy no hay ninguna capacidad sustantiva en Venezuela y el objetivo de la lucha es, precisamente, poder construirlas a partir de la restitución del Estado de derecho… pero igual nuestro apoyo al líder reconocido por la comunidad democrática internacional como cabeza del Ejecutivo y del Legislativo de la nación debe seguir siendo incondicional pese a su supina ignorancia en muchos asuntos, ya que, por los momentos, no tenemos otra opción y sería una torpeza devorar al único venezolano que en esta coyuntura conecta a los demás, en cuanto válido interlocutor, con los centros de poder político y de toma de las más importantes decisiones de ese mundo libre sin el que no podremos volver a tener capacidad alguna como sociedad—.

Esa relación entre la ausencia de libertades en el país y el deterioro de la calidad de vida de quienes permanecemos en él no solo es directa sino comprobable de mil maneras, y aunque su reiterada mención amenace con convertir el tema en una suerte de monserga —o sea esto lo que parezca—, lo cierto es que aún ahora, después de 21 años de brutales palizas, no son pocos los que continúan considerando su situación individual y la del resto de la sociedad venezolana de un modo acotado y desvinculado del notorio hecho de que el marco de esa realidad es una infame dictadura que no va a dejar de afectarlos por no pensar en ella; un diario ejercicio de abstracción que, en todo caso, se irá tornando cada vez más difícil de realizar por la sostenida pérdida de los elementos que componen el tejido de una «llevadera» cotidianidad.

Se trata del devenir, sobre el que tantas veces se advirtió, en el que el prisma de la esperanza en rectificaciones, o el del consuelo por el «¡No todo es malo!», se va oscureciendo sin remedio hasta que ya no puede mirarse nada a través de él; un devenir en el que incluso la procura de lo «material» va dejando de depender del poder adquisitivo personal por ser cada vez menos los bienes y servicios que se pueden adquirir, como hoy lo están comprobando los millones de venezolanos afectados por la decisión —sí, comprensible— de cese de las operaciones de Directv en Venezuela.

Por otra parte…

La pandemia de COVID-19 también continúa… así como las manipulaciones y omisiones de información sobre lo que ella está ocasionando en Venezuela por un cúmulo de malas decisiones.

 

@MiguelCardozoM


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